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Opinión

Las elites: ¿el nuevo enemigo?

Los nuevos enemigos de la paz son esos sectores privilegiados que no vivieron esta guerra de pobres, y que son los grandes dueños de la tierra y el capital

Por:
Diciembre 27, 2016
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Es innegable que Colombia está a punto de empezar a pasar una de las páginas más negras de su historia, porque se acerca claramente el momento de la firma del acuerdo de La Habana entre el Gobierno Colombiano y las Farc. Al presidente Santos se le pude criticar por muchas cosas, pero nadie le puede negar que se jugó su capital político por lograr este primer paso hacia una nueva etapa de la historia. El contraste de su popularidad en el piso y un creciente apoyo de la población al acuerdo de La Habana o al plebiscito para refrendarlo, demuestra claramente que los colombianos, en su mayoría, están haciendo esa clara distinción. Y sorpresivamente, las clases medias, normalmente tan apáticas en Colombia, están reaccionando positivamente frente a esta oportunidad de empezar a cambiar la dura realidad que han vivido amplios sectores de esta sociedad.

Pero precisamente es en este momento cuando columnistas como Carlos Caballero y María Jimena Duzán, ponen sobre el tapete la actitud de las elites en general y de las colombianas en particular. Ahora que empezó la llamada “firmatón” liderada por el expresidente Uribe para recoger supuestamente 2 millones de firmas contra la paz y sus negociaciones —así lo nieguen— ha quedado en evidencia esa inmensa brecha de clases que divide esta sociedad. Como lo analiza, sobre todo María Jimena Duzán, resulta increíble que el sector más informado de la sociedad, las elites que han tenido todo el poder, expresen argumentos tan absurdos, tan poco creíbles, como que el presidente Santos es de las Farc. El cuento que sus seguidores afirman sin sonrojarse es que Colombia, gracias a estas negociaciones con la guerrilla, va a terminar en un modelo como el de Venezuela sometidos al castrochavismo. Y lo afirman con tal convicción que quienes rechazamos esas posturas vemos como se consolida en las elites este tipo de argumentos.

 

 La llamada “firmatón” del expresidente Uribe para recoger supuestamente
2 millones de firmas contra la paz y sus negociaciones
ha dejado en evidencia la inmensa brecha de clases que divide esta sociedad

 Quienes apoyamos las negociaciones y creemos que es hora de empezar a hacer las profundas reformas que han impedido precisamente quienes han dominado el poder, hemos pecado de ingenuos, subestimando la capacidad del uribismo de poner a repetir estas letanías absurdas y convencer a quienes no quieren perder ninguno de sus privilegios. Es hora de que llamemos las cosas por su nombre. Cómo seremos de afortunados los colombianos que ahora que nos sentamos a conversar con nuestros enemigos —porque de eso se tratan las conversaciones de paz– nos tenemos que enfrentar a uno nuevo: las poderosas elites nacionales que Uribe ha logrado capturar, precisamente porque les ha dado la posibilidad de no perder ese poder que tanto las ha unido a través de la historia colombiana.

Sí. El nuevo enemigo de la paz en Colombia es la élite, esos sectores privilegiados que no vivieron esta guerra de pobres, y que son los grandes dueños de la tierra y del capital. La esperanza que tenemos es que se mantengan en su posición, sectores progresistas como aquel grupo liderado por personajes como Nicanor Restrepo, que nunca le comió cuento al uribismo y defendió hasta su muerte esos valores que este país necesita para reconstruirse. Los optimistas creemos que si el uribismo sigue con esa actitud tan destructiva, la elite se divide y le abre el espacio a una clase media que debe dejar el arribismo y asumir el riesgo de jugarse por el poder político y, por qué no, el económico de Colombia.

Lo único que nos falta es que como está sucediendo en Lima, los barrios más exclusivos construyan un muro que los separe de miles de personas que viven en la miseria. Pero lo peor, como lo ha denunciado CNN ahora en plenas elecciones en ese país, es que mientras las ‘elites tienen acueducto, los pobres de otro lado del muro tienen que comprar agua mucho más costosa a carrotanques porque carecen de ese servicio público esencial. Antes de que lleguemos a esos extremos inaceptables en esta sociedad tan injusta que tenemos en Colombia, es bueno tener claro que los nuevos enemigos de la paz no son solamente el ELN y otros, sino esos poderosos colombianos que han vivido en el mundo irreal de los privilegios y que están dispuesto a todo, con tal de no perderlos.

E-mail [email protected]
www.ccilialopezcree.com
www.cecilialopez.com

Publicada originalmente el 7 de junio de 2016

 

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