La sociedad del control estadístico

"La sociedad se convirtió en un tema de probabilidades. Gracias a la estadística vivimos lo que el sociólogo Ulrich Beck llama la sociedad del riesgo"

Por: Jaime Villamil
mayo 30, 2017
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La sociedad del control estadístico
Foto: Pexels

La estadística ha tomado gran relevancia en la vida actual. Se convirtió en una disciplina que respalda la capacidad argumentativa de las ciencias económicas y sociales. La probabilidad es el principal concepto sobre el que se construye la estadística. Este tiene dos interpretaciones. Una que fue dominante hasta 1650 y que la entiende como una opinión que necesita de la calificación de un experto. Y otra como herramienta científica que sirve para la validación de una hipótesis y, por tanto, para la construcción de conocimiento. Esta última ha sido la interpretación dominante en la modernidad que resulta bastante cuestionable porque la lógica inductiva no está libre de error.

Los descubrimientos de la física subatómica posicionaron a la estadística como una herramienta imprescindible en el siglo XX. Las matemáticas determinísticas que servían para establecer la velocidad o posición de un objeto en movimiento ya no eran aplicables a partículas más pequeñas que el átomo debido a que su comportamiento es esencialmente aleatorio e impredecible. La estadística se trasladó a otros ámbitos y logró introducirse en la vida cotidiana. En la actualidad es común oír sobre tasas de homicidio o de desempleo, o sobre la inflación o el producto interno bruto.

La sociedad se convirtió en un tema de probabilidades. Gracias a la estadística vivimos lo que el sociólogo Ulrich Beck llama la sociedad del riesgo. Hoy los ciudadanos valoran altamente la seguridad y sienten que en todo momento es posible una amenaza. Frente al riesgo surgió la industria aseguradora. Con ayuda del cálculo de probabilidades los aseguradores estiman el valor de las primas que debe pagarse por la protección de innumerables siniestros. Esta es la sociedad del riesgo. Una sociedad en la que quien mejor dotado está de capital económico, político y social mejor protección recibe. Quien no, está a merced de la compasión de otros y del Estado.

La salud es un caso que ilustra lo anterior. Ha dejado de ser un bien público garantizado por el Estado y ha pasado a manos de las aseguradoras que toman las decisiones sobre la administración de medicamentos y procedimientos médicos. En este esquema el acceso efectivo a servicios de salud es muy deficiente, y ante esa debilidad del plan obligatorio se abre todo un mercado de planes complementarios, medicina prepagada y pólizas de salud. Estas modalidades de afiliación voluntaria se rigen por el derecho privado donde el asegurador tiene la potestad de negar la afiliación si evidencia, a partir de la estadística de los hábitos y antecedentes de un individuo, la propensión a desarrollar enfermedades de alto costo como las enfermedades coronarias, el SIDA, el cáncer, o las enfermedades psiquiátricas entre otras.

Otro uso desafortunado de la estadística lo hacen las empresas que la usan para controlar gustos y decisiones de consumo de las personas y así hacer más efectivas sus campañas de venta de sus bienes o servicios. Esta práctica se ha extendido de tal modo que está destruyendo el tejido social por cuenta de atomizar a las personas creándoles cualidades universales y desproveyéndolos de participación en decisiones políticas. Este fenómeno está transformando a la sociedad civil en un grupo de personas con baja capacidad de acción colectiva y fácilmente manipulables. La estadística pudo haber tenido incidencia positiva en la formación de ciudadanos con discernimiento, conscientes de las realidades de sus países, con facilidad para unirse en proyectos comunes de sociedad, y capaces de imponer respeto a sus derechos. No obstante su mal uso ha llevado a la situación contraria.

En teoría económica es no posible hacer experimentos por tal razón desde la primera mitad del siglo pasado creció la necesidad de contar con variables e indicadores. A partir de la crisis de 1930 se hizo manifiesto que para el controlar de la economía era necesario conocer los salarios, los precios, los niveles de empleo y de crecimiento económico. De este modo fue que empezó a construirse los primeros sistemas de cuentas nacionales, Kunetz lo hizo para Estados Unidos en 1930, Stone para el Reino Unido en 1940 y Gruson para Francia en 1950. Conforme los años pasaban la población crecía y pensar en un censo era cada vez más costoso y difícil, y así fue como aparecieron en 1940 los métodos de encuestas por muestreo aleatorio y se desarrolló la econometría.

La intención de contar con toda esta información era loable. Keynes por ejemplo anhelaba una mejor calidad de vida para todas las personas, sin embargo la situación ha empeorado porque el sector público la usa con el fin de impulsar candidatos o legitimar las acciones de un líder político. El año pasado el Departamento Nacional de Planeación realizó la Encuesta de Percepción Ciudadana que con base en 9.710 entrevistados determinó los niveles de felicidad de los colombianos. A partir de respuestas en una escala de 0 a 10 y preguntas como ¿Qué tan satisfecho está con su vida? ¿Se sintió preocupado, deprimido o feliz el día anterior?, estableció que los colombianos en general somos muy felices en comparación con muchos otros países. Este tipo de resultados más que un incremento en el bienestar de los colombianos refleja la pérdida de su capacidad crítica. Pese a que tenemos un sistema precario de salud la opinión ciudadana se manipula aplicando encuestas frívolas y de ningún impacto en el mejoramiento de la política pública.

La felicidad de las personas no está explicada por la encuesta del DNP ni por el crecimiento económico, sino por nuestra capacidad de ser libres, autónomos, críticos, de unirnos en colectividades y de hacer respetar la dignidad de las mayorías por encima de los intereses de pocos millonarios. Mientras cada vez más las sociedades desarrolladas o en vías de desarrollo se miden en términos de la riqueza, otros países como Bután nos enseñan que es muy importante la felicidad real donde intervienen temas como la preservación del medio ambiente, el crecimiento espiritual o la conservación de tradiciones y valores culturales. Ellos hablan de Felicidad Nacional Bruta y nos enseñan cómo usar la estadística para la emancipación y no para el sometimiento.

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