La sangrienta etapa del Tour en donde Nairo podría perderlo todo

El pavé ha sido el gran enemigo de los ciclistas colombianos. Las caídas caracterizan este recorrido. Su futuro en el Tour 2018 se define hoy

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julio 15, 2018
La sangrienta etapa del Tour en donde Nairo podría perderlo todo
Foto: RTVE / @Nairoquincoficial

Martín Ramírez, después de perder 22 minutos en la etapa de Pavé del Tour de 1985, ha llegado exhausto a la meta. Los ayudantes del equipo Café de Colombia lo han arrastrado hasta los comedores y allí se ha quedado mirando un inmenso tazón de espaguetis con carne. Con las manos temblorosas aún por la vibración que sintió en los adoquines, toma la cuchara, intenta llevarse el alimento a la boca, pero justo cuando va a masticar el cubierto se le cae de las manos, y, desalentado y pálido, se ha desmayado.

Era la primera vez que una delegación colombiana se enfrentaba a lo que llaman en Europa el Infierno del Norte. La contextura delgada y frágil que tanto beneficiaba a los escarabajos en las duras ascensiones del Tour, los perjudicaba a la hora de pasar el Pavé. El mejor de los nuestros ese día fue Patrocinio Jiménez que perdió ocho minutos.

Los viejos caminos, estrechos, polvorientos y barrosos según el tiempo que haga, en donde en siglos pasados transitaron carruajes o ejércitos que llevaban la muerte, fueron suprimidos por motivos de seguridad de los ciclistas a mediados de la década del ochenta, reapareciendo de nuevo en el 2004. Seis años después, en una etapa apocalíptica, el pavé volvía a tomar víctimas y no precisamente colombianos. Frank Schelck era uno de los favoritos para imponerse en el Tour del 2010 hasta que en la quinta etapa, la que tenía la trampa del pavé, se rompió una vértebra después de perder el equilibrio en los adoquines.

En el 2014 se vislumbraba un Tour abierto con Contador, Froome, Nibali y Valverde como los grandes favoritos. En la etapa cinco, la del Pavé, el Tour terminó. La lluvia convirtió los 19 kilómetros de Pavé en una resbalosa pista de lodo. Froome fue la primera víctima. Dos caídas lo mandaron de vuelta a Inglaterra. Contador y Valverde también resbalaron y Nibali atacó, sacándole a los españoles cuatro minutos, diferencia que nunca pudieron descontar.

En este tipo de estapas no se gana el Tour pero si se puede perder. Eso lo sabía perfectamente Nairo Quintana y Eugenio Unzúe, su director deportivo. Por ello el monstruo de Cómbita corrió, a finales de marzo del 2015 la Dwars door Vlaanderen, una exigente clásica con más de sesenta kilómetros de adoquines. Ese día perdió ocho minutos. Un mes más tarde correría el Tour de Flandes y, cuando las primeras lluvias comenzaron a caer sobre el pavé, Nairo decidió abandonar.

Pequeño, delgado, leve, el cuerpo de Quintana dista mucho de la imponente contextura física de Cancellara, Tom Boonen o Nibali, rodadores expertos en ese terreno. Pero en el 2015 lo aguantó bien y no perdió el tiempo. Por el bien de los intereses del colombiano en este Tour esperamos que brille el sol y la carnicería que siempre impone el pavé no cobre tantas víctimas. El que se espera sea el mejor Tour de la historia por sus nueve llegadas en alto y la presencia de los cuatro mejores ciclistas del mundo, podría ser devorado, una vez más, por el temido infierno de los adoquines.

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