La muerte de los diputados del Valle del Cauca

Análisis del exconcejal de Bogotá, Luis Fernando Rosas

Por: Luis Fernando Rosas
junio 21, 2016
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La muerte de los diputados del Valle del Cauca

En la burocracia oficial muchos hacen la paz desde los escritorios. Otros realizan  tareas en el territorio sin aspavientos pero sí con resultados y experiencias que marcan nuestras vidas. Uno de los tantos viajes de paz que realicé en estos últimos años, fue acompañar a un “Apóstol” de la reconciliación --Álvaro Leyva-- en el rescate de los cadáveres de los diputados del Valle del Cauca en la ciudad de Cali. Allí hacía permanente monitoreo de los hechos y preparamos --con funcionarios de la OEA-- el protocolo en la entrega de los cuerpos sin vida de los diputados que cayeron asesinados  el 18 de junio de 2007 en las montañas colombianas.

El gobierno del Presidente Álvaro Uribe Vélez autorizó a Alvaro Leyva para llevar a cabo con la institucionalidad de ese entonces todos los pasos para lograr el Intercambio Humanitario. Se pedía el despeje de Florida y Pradera para negociar y se tenía todo listo para dicho intercambio. Pero la muerte de los 11 diputados acabó con esa posibilidad: intereses extraños se oponían al canje, fuerzas de derecha y algunos miembros del Gobierno hacían hasta lo imposible para frustrar avances.

Al suscrito le correspondió trabajar con la OEA eb protocolos de entrega de los cadáveres con una destacada funcionaria y mujer inteligente: Katherine McAleer de la Department For Democratic. La estrategia con la prudencia del caso fue suministrar por el lado del doctor Leyva, con rigor de información, mensajes de amor y fraternidad a las familias de los diputados. También  estar atento al desenlace de la vida de quien realizaba dicha labor humanitaria con las autoridades, ya que estuvo perdido en las selvas de Nariño donde operaba el grupo paramilitar “Nueva Generación”. Allí  permaneció días buscando el sitio donde se encontraban los cadáveres de los diputados, cinco días sin noticias de él, exponiendo su propia vida. Lo anterior demuestra la diferencia entre los que hacen la paz desde los escritorios y quienes la hacen con la historia y en el campo de acción, o desde los micrófonos bogotanos.

El intercambio humanitario que se trabajó fue de “fina partitura” y contenía una propuesta para que Florida y Pradera tuviesen mucho más progreso. Francia, España y Suiza no solo intermediaban, también estaban dispuestas a colaborar financieramente, pero todo se dañó y las voces de guerra  que se atravesaron fueron muchas aún al interior del propio gobierno Uribe.

En estos días me encontré con el único diputado sobreviviente, Sigifredo López, y me decía: “el país le debe reconocimientos al doctor Leyva. ¡Él no ha buscado la paz desde los escritorios, es un histórico incomprendido como Mandela!”. Para muchos personajes internacionales, como el expresidente de Costa Rica, Óscar Arias, a quien visitamos me dijo: “Leyva quedará enmarcado como los grandes de la Paz, real no la burocrática”.

La verdad hoy, al acompañarlo desde hace muchos  años, siendo leal y visionario con sus hazañas y conociendo sus sacrificios y sus relaciones internacionales, me hacen reafirmar que hechos como el que esta semana conmemoramos con dolor y tristeza --la muerte de los 11 diputados del Valle del Cauca-- se pudieron haber evitado si la envidia, los intereses de unos sectores que niegan la reconciliación,  el oportunismo y la traición no se hubiesen opuesto.

Un error inmenso de quienes a veces le hablan al oído a los mandatarios, fue haber reemplazado en la continuidad de los diálogos a Leyva por el expresidente Chávez. Eso sí que fue dañino, especialmente por la polarización que causó, pues el apoyo era más logístico que Geopolítico. Me imagino quien le hizo cometer semejante error al expresidente Uribe.

En este Proceso de Paz y siguiendo otros errores como el haber ignorado al “Hilo Histórico” del conflicto  Leyva, quien introdujo al hoy presidente en los temas de Paz y que debió ser impuesto por otras líneas. Esos son los envidiosos y dañinos de la Paz que creen en su propio destino y no de sus propios hijos y el país.

Mi conclusión e invitación es para que los familiares de los diputados viajen a La Habana. A las familias Charry, Narváez, Quintero, Orozco, Arismendi, Barragán, Hoyos, Pérez, Varela, Echeverri y Giraldo, para que en acto de grandeza perdonen y para que las Farc expliquen en detalle qué fue lo que realmente sucedió. ¡La Paz es un camino que debemos andar los mortales para recordar a los inmortales!

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