Bajo la dirección de Hernán Penagos, la Registraduría prepara un proceso con auditoría técnica y control total del software para asegurar la transparencia

 - La jugada de la Registraduría para blindar las elecciones: abrir su sistema y someterlo a auditoría internacional

A puertas de unas nuevas elecciones presidenciales y con millones de colombianos listos para acudir a las urnas, la Registraduría Nacional del Estado Civil busca jugarse una de sus cartas más importantes: la confianza. En medio de cuestionamientos históricos y un ambiente político cada vez más polarizado, la entidad decidió “abrir el capó” de su sistema electoral, una metáfora que apunta a mostrar, sin reservas, cómo funciona la maquinaria que procesará los votos.

La apuesta no es menor. Se trata de una estrategia que busca anticiparse a las dudas y blindar el proceso antes de que empiece. El mensaje es claro: permitir que actores políticos y técnicos revisen cada componente del sistema para evitar sospechas de último minuto.

Esta jornada, además, tendrá un componente inédito. Por primera vez en este nivel, el país contará con una auditoría internacional técnica y especializada que no solo observará, sino que evaluará en detalle cada fase del proceso digital. El registrador Hernán Penagos ha insistido en que no se trata únicamente de vigilancia, sino de una revisión profunda, casi quirúrgica, de cada engranaje que interviene en la transmisión y consolidación de resultados.

Los pilares con los que la Registraduría garantizará la transparencia de las elecciones presidenciales

Uno de los ejes centrales de esta estrategia será la auditoría liderada por el Centro de Asesoría y Promoción Electoral (IIDH/CAPEL), un organismo con trayectoria en América Latina en materia de acompañamiento electoral. Este programa, adscrito al Instituto Interamericano de Derechos Humanos, ha trabajado desde 1983 en la promoción de elecciones libres, brindando asesoría técnica, observación y formación en democracia.

Para el caso colombiano, su intervención se concentrará en tres frentes: una auditoría externa especializada, la revisión detallada de los sistemas tecnológicos y la asistencia técnica bajo estándares internacionales. En otras palabras, no será una presencia simbólica, sino una evaluación con capacidad de incidencia.

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A esto se suma una de las decisiones más sensibles del proceso: la apertura del código fuente. Entre el 27 de abril y el 24 de mayo, los partidos políticos tendrán acceso total al software de preconteo, escrutinio y divulgación de resultados. Un paso que busca despejar dudas sobre posibles manipulaciones.

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Eso sí, este acceso no será indefinido. Los auditores de cada colectividad contarán con un cronograma de 14 días calendario para revisar el sistema y verificar que el software haga exactamente lo que promete, sin atajos ni “zonas grises”. Un ejercicio técnico que, bien llevado, puede convertirse en uno de los principales garantes de transparencia.

El proceso no se quedará en la teoría. La Registraduría pondrá a prueba sus sistemas con una serie de simulacros que funcionarán como ensayos generales antes de la jornada electoral. Allí no solo se evaluará el funcionamiento del software, sino también la capacidad de respuesta ante escenarios de alta demanda.

Las fechas clave ya están definidas:

  • 16 de mayo: gran simulacro de preconteo a nivel nacional e internacional
  • 19 y 20 de mayo: pruebas de escrutinios
  • 21 de mayo: simulacro de digitalización del Formulario E-14

Estos ejercicios permitirán medir tiempos, detectar fallas y ajustar detalles antes del día definitivo.

Pero en un contexto donde los ataques digitales son cada vez más frecuentes, no basta con que el sistema funcione: también debe resistir. Por eso, el plan incluye pruebas de estrés para las plataformas de información al votante, los sistemas de jurados y el procesamiento de formularios como el E-11 y el E-14, sometiéndolos a una demanda masiva de datos para evaluar su estabilidad.

Todo este proceso se extenderá hasta el 28 de mayo, fecha en la que se realizará el llamado “congelamiento” del software. A partir de ese momento, los sistemas quedarán sellados: no se podrá modificar ni una sola línea de código hasta que finalice la jornada electoral. Una medida clave para evitar cambios de última hora que puedan generar sospechas.

 - La jugada de la Registraduría para blindar las elecciones: abrir su sistema y someterlo a auditoría internacional

En la práctica, esto significa que los resultados que se entreguen el 31 de mayo deberán corresponder exactamente a lo que fue auditado, probado y verificado previamente, bajo un esquema de seguridad informática reforzado.

Detrás de este despliegue técnico hay un objetivo que resume todo el esfuerzo: que el sistema sea irreprochable. La Registraduría se juega más que una elección; se juega la credibilidad de una institución que históricamente ha estado bajo la lupa.

El reto, ahora, será que toda esta arquitectura —auditorías, simulacros y controles— no solo funcione en lo técnico, sino que también logre algo más difícil: convencer a los ciudadanos de que su voto, esta vez, está completamente blindado.

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Por Daniel Murcia

Periodista de Las2Orillas, apasionado por contar historias que conectan con la realidad cotidiana y dar voz a quienes pocas veces son escuchados.