La ilusión democrática

"Lo que convierte a las formas buenas de gobierno en formas corruptas son las personas escogidas bajo los criterios de la democracia"

Por: Esteban Duque Restrepo
octubre 04, 2017
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La ilusión democrática

La democracia es definida, a grandes rasgos y de manera muy somera, como un sistema político en donde la soberanía recae sobre el pueblo. Por tal motivo, en nuestras clases de primaria, e incluso entre quienes decidimos escoger la Ciencia política como campo profesional, siempre se nos brindó aquella definición derivada de la raíz griega que resultaba en la máxima de que la democracia es el poder del Pueblo. En adición a lo anterior se puede afirmar que este sistema político es muy humano, no solo porque organiza y depende de algo tan antrópico como la sociedad, sino porque, al igual que nosotros, no está exento de corromperse.

Un viejo refrán dice “la voz del pueblo es la voz de Dios”, por ende, la democracia y sus resultados deberían ser lo mejor para todos, sin embargo, esta es imperfecta y capaz de ser desviada, manipulada, corrupta y limitada por aquellos que fueron escogidos por la voz de Dios (el pueblo).

Este “sistema político” debe desarrollarse en contextos en donde la acumulación de capital y poder son en muchas ocasiones prioridad, y así como existen personas capaces de hacer frente a “las tentaciones” que les ofrece el mundo y ser “mejores personas”, hay regímenes democráticos que son capaces de poner freno a estos contextos de acumulación y tener mejores democracias (o lo más cercano a ellas).

Esta idea de la “corrupción” de las formas de poder no es nueva. En la teoría política, esbozada hace un par de siglos por Tomás de Aquino, se habla de tres formas “buenas” y tres formas “corruptas” del poder. La monarquía, la aristocracia y la democracia tienen, respectivamente, su contra parte en la tiranía, la oligarquía y la demagogia.

En este caso concreto me desligaré un poco de Tomás de Aquino debido a que, si bien ejemplos como el referendo convocado por personajes como Viviane Morales que afectaba a “familias no tradicionales” (una minoría desprotegida) son ejemplo de demagogia (multitud imponiendo sus ideas en términos de Aquino), para este caso en especial me concentraré en lo que, para mí, es una forma corrupta de la democracia producida por el deseo de acumular capital y poder.

Esta reflexión indudablemente me trae a la mente a uno de los intelectuales más conocidos entre los estudiantes y profesionales de la Ciencia política, Robert Dahl, quien en 1971 acuñó un término para nombrar a “esas democracias incompletas”; la poliarquía. Mientras Tomás de Aquino hablaba en términos del deber ser de la política (de ahí que se hable de unas formas “buenas” y “corruptas” de ejercer el poder); Dahl estableció unos criterios (Participación efectiva, igualdad de voto, comprensión informada, control de agenda e inclusividad) para tratar de analizar el ser de lo que llamamos democracia.

Toda esta carreta filosófica y teórica resulta en un análisis pegado con babas (dado que se necesitaría una reflexión más profunda para establecer los puentes adecuados entre Aquino y Dahl) para llegar a la conclusión de que, la idea de democracia en Colombia está siendo desangrada por formas corruptas de ejercer el poder.

Para sostener esto tomaré los criterios de participación efectiva, igualdad de voto, comprensión informada e inclusividad, propuesto por Dahl, y los evidenciaré en tres ejemplos de la vida política nacional.

A grandes rasgos la participación efectiva es la igualdad de oportunidades de los ciudadanos en cuestionar y expresarse respecto a la agenda pública; la igualdad de voto es la seguridad de que se tendrá en cuenta la decisión y opinión del ciudadano; comprensión informada es el derecho del ciudadano a saber y conocer la decisión más adecuada para sus intereses; y finalmente la inclusividad se refiere a la equidad que deben tener todos los ciudadanos. (Ver referencia)

Como ejemplo de los dos primeros criterios tenemos la revocatoria al alcalde Enrique Peñalosa. ¿Qué participación efectiva e igualdad de votos hay cuando se ha ignorado y frenado la revocatoria ya avalada por firmas? Los ciudadanos están cuestionando y tomando una decisión frente a una alcaldía que les disgusta, pese a eso, los intereses del alcalde, y de quienes lo respaldan políticamente, han primado sobre el derecho a la participación y al voto.

Esta participación efectiva e igualdad de voto se ven igualmente trastocados cuando se esbozan argumentos de carácter fiscal (los costos económicos) y político (la estabilidad de la ciudad), que buscan dejar a los mecanismos de participación ciudadana como un despropósito innecesario. No es necesario recordar que eso constituye una violación a derechos fundamentales protegidos por la constitución.

Seguramente viendo más casos (en tutelas, el mismo plebiscito o en referendos) es posible ver como las elites han pretendido frenarlos con argumentos en donde, la estabilidad política (la posición cómoda de estas élites) y fiscal (los costos de permitirlos) priman sobre los mecanismos que la constitución ha puesto a nuestra disposición como ciudadanos.

En lo referente a la comprensión informada tenemos el debate respecto a la llamada pos verdad ¿Existe un derecho real a conocer y saber cuál es la decisión más adecuada cuando se manipula con mentiras? El 2 de octubre del 2016 tuvimos el mayor ejemplo de manipulación el cual buscaba que la gente “saliera a votar verraca”; esto sin importar si esa decisión era o no la más adecuada. Lo “adecuado” en esta decisión dependía precisamente de que el votante comprendiera, pero, cuando dicha comprensión es distorsionada y manipulada muy difícilmente la elección tomada será adecuada.

Un año después, y con las presidenciales acercándose, los discursos que buscan manipular las decisiones de las personas (que pueden o no ser las mejores para las personas que votan) siguen estando presentes en redes sociales, medios de comunicación y actos públicos.

Por el lado de la inclusividad tenemos que el mayor ejemplo de la poca existencia de esta se encuentra en los escándalos de corrupción que están estallando en absolutamente todas las ramas del poder. Las instituciones están llenas de personas que se deben y se hacen favores entre ellas, algunos a cambio de altas sumas de dinero ¿Qué equidad existe ahí cuando el acceso a cargos públicos o a la justicia depende de la chequera o de los amigos?

A pesar de “estos pecados” que tiene la democracia, propios de los motivos mencionados en el primer párrafo y analizados con los criterios expuestos en las líneas siguientes, debo decir que afortunadamente hay elementos de esta poliarquía que funcionan.  De algún modo podemos vivir en un régimen que permite escribir líneas como estas; votar y formar opiniones, aunque traten de sabotearlas; resistir y manifestar, aunque traten de reprimir; y acceder a distintas opiniones e ideas en los medios de comunicación. Son precisamente las cosas que funcionan en nuestra forma de gobierno las que podemos utilizar para exigir transparencia al Estado en su gestión, para escoger mejores personas que, sin ejercer el poder de manera corrupta, lleven las riendas de este país (que afortunadamente ya hay varios en cargos públicos); y sobre todo, exigir el cumplimiento y protección de nuestros derechos que conviertan a esa poliarquía en algo más cercano a esa utopía llamada democracia.

Concluyo retomando la idea de que lo que convierte a las formas buenas de gobierno en formas corruptas son las personas escogidas bajo los criterios de la democracia, ya que son estas mismas las encargadas de negarnos el acceso a esos criterios y usarlos en beneficio propio. Esto tiene a nuestra democracia alejándose de ese ideal y convirtiéndola en una poliarquía de pésima calidad ¿Qué vamos hacer al respecto?

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