Francia siempre ha tenido ese “no sé qué” para venderle al mundo la idea del lujo absoluto, pero fue en 1964 cuando decidió que el glamour no podía quedarse solo en París. Así nació Sofitel, la joya del grupo Accor, con una misión clara: exportar la elegancia francesa a cada rincón del planeta. Sin embargo, su historia en Colombia no arrancó en un escritorio ni en un render de arquitectura, sino entre los muros gruesos y silenciosos de un antiguo convento en Cartagena. Un punto de partida que ya dejaba claro que aquí el lujo no iba a ser solo una cuestión de estética, sino también de memoria.
Hoy, hablar de Sofitel en el país es hablar de una marca que se mueve entre la ciudad, la historia y el Caribe. Una especie de triángulo donde el lujo se adapta al territorio. No es casualidad que sus hoteles aparezcan con frecuencia en los World Travel Awards. Más allá de las cifras, han logrado algo más complejo: posicionar a Colombia como un destino de alto nivel para el turismo internacional, sin perder su identidad.
De los campos de Francia a los conventos de Cartagena, así inició Sofitel en Colombia
La historia global de Sofitel es la de una expansión calculada. Pero en Colombia, el verdadero punto de quiebre fue la recuperación del antiguo Convento de Santa Clara. Construido en 1621, este edificio atravesó varias vidas: fue hogar de monjas, hospital en tiempos de crisis y, durante años, una estructura abandonada que parecía condenada al olvido.

Todo cambió en 1995, cuando fue transformado en el Sofitel Legend Santa Clara Cartagena. No se trató simplemente de abrir un hotel, sino de reinterpretar un símbolo. La cadena decidió conservar su esencia colonial —patios, arcos, muros de piedra— y combinarla con el “art de vivre” francés.
Ese equilibrio lo llevó a entrar en la categoría “Legend”, reservada para propiedades con valor histórico excepcional dentro del portafolio de Sofitel. Es, en pocas palabras, uno de los hoteles más emblemáticos de la marca en el mundo.
El reconocimiento no tardó en llegar. En 2025, el Santa Clara fue elegido como el mejor hotel de Sudamérica en los World Travel Awards. Un logro que no responde solo al servicio o a la infraestructura, sino a esa capacidad de ofrecer una experiencia donde el huésped siente que está habitando un pedazo de historia.
El Sofitel Victoria Regia: El oasis francés en la capital
Mientras Cartagena representaba el pasado, Bogotá exigía otra lectura. En la capital, Sofitel entendió que el lujo debía dialogar con la dinámica urbana. Así nació el Sofitel Bogotá Victoria Regia, un hotel que se convirtió en refugio para ejecutivos, diplomáticos y figuras del mundo cultural.
Diseñado por el arquitecto Miguel Soto, el Victoria Regia apostó por una estética sobria, elegante y funcional. No busca deslumbrar con excesos, sino con precisión. Su ubicación, en uno de los sectores más exclusivos de la ciudad, lo consolidó rápidamente como un punto estratégico para el turismo corporativo.

La reciente renovación del hotel no cambió su esencia, pero sí reforzó su propuesta: integrar el estilo francés con elementos locales. En su gastronomía, en su diseño interior y en el servicio, se percibe ese esfuerzo por no imponer, sino por mezclar.
En Bogotá, el lujo se vive distinto. No hay murallas coloniales ni brisa marina, pero sí una necesidad de pausa en medio del ritmo acelerado. Y ahí es donde el Victoria Regia encontró su lugar: como un oasis en medio del concreto.
Barú y el salto a la sostenibilidad de lujo
Si Cartagena fue historia y Bogotá modernidad, la llegada a Barú representó el futuro. Con el Sofitel Barú Calablanca Beach Resort, la cadena dio un paso hacia una de las tendencias más fuertes del turismo global: la sostenibilidad.
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La apuesta no era menor. Barú venía creciendo como destino, pero aún no contaba con una presencia fuerte de grandes cadenas de lujo. Sofitel decidió ser el primero en ese segmento, con un proyecto que combina arquitectura, naturaleza y responsabilidad ambiental.
El diseño del resort busca integrarse con el entorno, utilizando materiales locales y reduciendo el impacto ambiental. Pero más allá del discurso, lo interesante es cómo lograron mantener el estándar de lujo sin sacrificar esa conexión con la naturaleza.
Con esta apertura, Colombia elevó su perfil en el turismo de playa. Ya no se trataba solo de Cartagena como destino histórico, sino de competir con lugares como Cancún o Punta Cana en términos de experiencia integral.
Barú dejó de ser un secreto para convertirse en vitrina.
El poder de una marca que no deja de ganar con sus hoteles
El éxito de Sofitel en Colombia no es producto del azar. La cadena ha sabido construir una estrategia donde cada hotel cumple un rol específico, pero todos aportan a una narrativa común: la del lujo con identidad.
Su presencia constante en los World Travel Awards responde a esa coherencia. No se trata únicamente de instalaciones o servicios, sino de cómo logran interpretar el lugar donde están.

Además, han entendido algo clave en el negocio del turismo: la marca país también se construye desde lo privado. Sus hoteles no compiten entre sí; se complementan. Cartagena atrae por su historia, Bogotá por su dinamismo y Barú por su naturaleza.
Esa articulación ha permitido que Colombia se posicione como un destino diverso, capaz de ofrecer experiencias distintas bajo un mismo estándar de calidad.
El cierre: el legado de Sofitel que se sigue escribiendo
Sofitel no solo administra hoteles; construye relatos. En Colombia, ese relato se escribe entre piedras coloniales, avenidas urbanas y playas caribeñas. Es una narrativa donde Francia no llega a imponer, sino a dialogar con lo local.
Desde los pasillos del Santa Clara hasta las habitaciones frente al mar en Barú, la marca ha demostrado que el lujo puede tener múltiples formas, siempre que mantenga coherencia y autenticidad.
Hoy, mientras sigue compitiendo por mantenerse en la cima del turismo de lujo en la región, su mayor logro parece ser otro: haber entendido que el verdadero valor no está en replicar un modelo, sino en adaptarlo.
En ese equilibrio entre elegancia europea y esencia colombiana, Sofitel encontró su fórmula. Y en el país, esa fórmula no solo funcionó: se convirtió en referente.
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