La historia de Yolanda Perea: abusada, desplazada y hoy, un símbolo de paz

Ella es una mujer que reivindica los derechos de otras mujeres víctimas del conflicto en Colombia

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junio 17, 2022
La historia de Yolanda Perea: abusada, desplazada y hoy, un símbolo de paz
Foto: Seguimiento.co

Yolanda Perea es luchadora, resiliente, mediadora de conflictos, pero sobre todo, una mujer que en medio de lo que ha sufrido, ha resurgido de las cenizas para ayudar a otros. Puede que no lo dimensione de esa manera y, que poco le interese, pero para muchas personas ella es una especie de 'personaje célebre invisible'. Alguien que representa lo bueno, pero también lo cruda que ha llegado a ser la historia de los colombianos.

Nació en Riosucio, Chocó, en el 84. Es madre de cuatro y durante esta conversación, como mucho, una entrevista informal; compartió su tiempo, a la vez que daba pecho a su bebé de meses, Zaray.

Un día, la que era una niña de 11 años, la pequeña Yolanda,  se volvió, por la fuerza y contra su voluntad, prisionera de los deseos y la violencia  de unos hombres de las Farc.

Otro día, ella debió despedirse definitivamente de la compañía y la vida de su madre, quien murió en manos del mismo grupo armado que la violó.

Y a partir de allí, Yolanda no tuvo más remedio que abandonar Riosucio, su tierra, volviéndose, además, una desplazada.

La luz se encendió un día a la vez, con la ayuda de otras mujeres que le ayudaron a reconectar consigo misma y disipar las pesadillas recurrentes. Retomó estudios, se enamoró, se desenamoró, se hizo madre.

En la actualidad, esa luz continúa como una llama que Yolanda mantiene encendida dedicándose a ayudar a otras mujeres que como ella, una vez se sintieron solitarias, a la deriva.

La ayuda la ha construido desde distintas iniciativas, proyectos afro, conferencias sobre paz y reconciliación, y más recientemente, su campaña Arrópame con tu Esperanza. “Estamos trabajando fuertemente en esta campaña, donde pintamos, tejemos, escribimos en telas como un camino de sanación”, comenta Perea.

Desde su vivienda en la ciudad de Medellín, Yolanda habló con Seguimiento.co vía telefónica sobre sus proyectos y la manera en que concibe a Colombia:

¿Qué pasa allí, con cada encuentro alrededor de retazos y costuras?

Es un momento donde nos encontramos, nos respetamos entre nosotras. En medio de esa escucha, identificamos nuestras soledades, miedos, angustias… temores  como el de volver a pasar por lo mismo de antes.

Y cuando esas pinceladas terminan y las telas hablan de otra cosa, algo bello, ¿Cómo se siente ver ese resultado?

Sientes que en esas telas hay un pedacito del corazón de uno. Se siente uno contento porque además eso invita a otros a que hagan parte de ese tejido y poder sentirse mejor.

¿Quedan cosas por soltar?

Umm si, si, si. –Yolanda Suspira–

Las participantes de estas rejuntanzas son todas víctimas de violencia sexual. Luego de realizados los encuentros alrededor de estas colchas de retazos “ marchamos y hacemos plantones para exigir nuestro derechos. En este momento, trabajamos fuertemente para conseguir recursos para un plantón nacional que queremos hacer, metiendo toda la energía porque esto es muy importante para todas las víctimas de violencia sexual que somos 34.678”.

Si el acuerdo de paz fuese una lista de mercado, ¿Qué se ha conseguido comprar?

Si fuese una lista del mercado, apenas estaríamos escribiendo qué es lo que se necesita para hacer mercado. O bueno, ya está la lista, pero de ahí a llevarse a cabo la compra, nos ha tocado paso a paso. Primero, la sociedad ya dijo que sí al Acuerdo, pero vemos que al Gobierno de turno le ha sido difícil implementar lo acordado.

“Lo más triste y lo que muchas veces le quita a uno el sueño es ver que le han hecho un daño a uno”.

Yo anhelo y espero en este proceso (de paz) es que algún día las Farc se pare ante todos los medios y digan que mataron a mi mamá, y no fue porque ella fuera de un grupo ni de otro, y que digan que me violaron y no fue porque yo me lo busqué. Y que tuve un aborto y no fue porque yo lo desee. Eso... quitaría la carga que tengo en el hombro y me permitiría a mí, seguir, andar más derecha. Pero bueno, seguiré trabajando. Y espero lograrlo hasta donde Dios me permita la vida.

La bebé Zaray, por fin se quedó dormida, en los brazos protectores de su madre. A continuación, nos compartió cómo desde el amor prepara a sus hijos para la vida, para Colombia:

“¿Sabes cuál es mi motivación más grande?”

Creo que al dar mi mamá la vida por mí, tengo que ser un ejemplo, poder dar la mano, tender puentes, porque creo que ella haría eso si siguiera viva. Y ahora como madre yo les digo a mis hijos que necesitan primero, amarse a sí mismos, llenarse de paciencia para entender al otro ¡Mucha! Pero sobre todo, creo que es necesario ponerse en el zapato del otro, no dar todo por hecho. Siempre hay que mirar las dos caras de la moneda.

Yolanda también dice a sus cuatro hijos que hacen parte del cambio y que este país también les pertenece.

¿Qué opinas de los hermanos y hermanas negras que dan su voto a RH?

Estamos en una democracia y respeto su posición, así como quiero que ellos respeten la mía.
Creo que algunos de los que están de ese lado no tienen claro la realidad de este país y no han leído la historia. Es el turno de los nadie y las nadie, los oprimidos, los marginados, quienes hemos sido lo que construimos en el hombro este país y que no se nos reconoce.

Hoy Francia es la historia de lo que puede ser posible, ella le habla a nuestras niñas a nuestras jóvenes, que sí somos capaces de lograr muchas cosas. Se reescribe la historia si ella queda elegida. Y llegaría la oportunidad de construir desde todos los sectores en medio de las diferencias. Pero también llega a la historia que una mujer negra, racializada, víctima lo logró y no solo lo logra ella, lo logramos todas.

En un mundo ideal ¿a qué te dedicarías?

Lo que más me gustaría hacer algún día es dejar de ser empleada del servicio doméstico. Ya me duele la espalda. Volvería a mis tierras, si acabara un día la violencia. Eso sería maravilloso.

Sembraría  plátano, yuca, maíz. Formaría una finca turística, pero allí viviría toda mi familia. ¡Todos! Y me la pasaría pescando y comiendo mucho bocachico y doncella, y la mayupa o veringo, ese es bastante espinoso pero ¡es bien rico!

Pero bueno…También  dicto charlas y conferencias aunque eso no funciona en medio de estas políticas. Así que seguiré trabajando hasta que Dios me lo permita.

Finalmente le pedimos a Yolanda que se dirigiera a las niñas que han sido víctimas de abuso y otros crímenes sexuales acá en Santa Marta, al interior de sus colegios.

La mujer de las trenzas tricolor, que representan “no solo su belleza tropical” sino también su orgullo por “ser mujer, ser negra y ser Colombiana”; dio esto:

“A las víctimas llegan a tratarnos como algo que no sirve y hay que echarlo a la basura. Mírate, es ahí cuando levantamos más fuerte la voz, y decimos a nosotras no somos culpables. Quien debe sentirse culpable es aquel ejerció tanto daño en nuestro cuerpos y en nuestras vida. Y culpable en parte también es la sociedad, que muchas veces se queda callada y se vuelven cómplices del incidente.

Nosotros siempre estamos presto a seguir adelante en medio de nuestro dolor. Pero más que eso, es necesario entender que no nos deben llamar pobrecitos; pobrecito no somos. Somos sujeto de derecho  y enmarcado en esto, se nos debe proteger y se debe proteger a la niñez, a la mujer, a todo aquel que este expuesto a sufrir estos daños.

Toca seguir trabajando y quitar ese estigma de por qué salió , por qué lo provocó, por qué y más por qués. Y tomar a esa víctima y decirle, ven, te arropamos. Esto no debió sucederte.

Yolanda al otro lado de la comunicación, hace señas que es necesario terminar ella de comer e irse a descansar, así que con la misma voz tierna con que ha arrullado a sus hijos, nos dice hasta luego.

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