'La Furia', el temido cardenal del Vaticano, resultó colombiano

Nuevas revelaciones de los horrores del Alfonso López Trujillo y sus abusos de poder aparecen en el libro 'Sodoma', mostrándolo como un feroz antigay y un odiado personaje

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abril 18, 2019
'La Furia', el temido cardenal del Vaticano, resultó colombiano

Cuando murió el Papa Juan Pablo II en abril del 2005 el nombre de monseñor Alfonso López Trujillo aparecía en la baraja de candidatos. Desde que en 1990 el propio Wojtyla le dio la presidencia del  Pontificio Consejo para la Familia este cura tolimense, conocido de puertas para adentro del Vaticano como La fiera se convirtió, afín a su apodo, en uno de los jerarcas más temidos de la Iglesia Católica.

Nacido en 1935 en la localidad de Villahermosa Tolima, su carrera fue meteórica. Se ordenó sacerdote a los 25 años y aunque arrancó como Obispo Auxiliar de Bogotá en 1971 su camino hacia el poder se lo abrió Pablo VI, a quien honró con una gran recibimiento en su visita a Bogotá, pero fue desde la secretaria general del CELAM desde donde inició la persecución a los los curas seguidores de la Teología de la Liberación.

Con las puertas abiertas en Roma fue nombrado en 1983 Arzobispo de Medellín. En ese momento esa ciudad era la capital mundial del crimen. Ninguna hoja se movía sin que Pablo Escobar lo supiera. López Trujillo se desplazaba en automóviles de lujo. A cada lugar que llegaba pedía ser recibido con una alfombra roja, el redoble de campanas y un coro de niños perfectamente peinados e inmaculadamente blancos. Todos besaban su anillo.

Cuando murió de una misteriosa enfermedad en abril del 2008 a López Trujillo no pudieron enterrarlo en Colombia. Su cabeza en el país tenía precio debido a lo que, según innumerables testimonios en Medellín, hizo durante la década del ochenta, cuando terminó incluso, según  Gustavo Salazar en su libro El confidente de la mafia, asociado con grupos paramilitares. Pablo Escobar, por sus favores, le habría mandado más de una vez maletines repletos de billetes.

Una década después de su muerte Álvaro León, su maestro de ceremonias, recuerda que Trujillo habría estado vinculado con la desaparición y asesinato de sacerdotes de izquierda que hacían su labor social en barrios marginales como Santo Domingo Savio. En ese lugar, a finales de los años ochenta, seis misioneros fueron asesinados.

Pocos cardenales han tenido tanta riqueza como López Trujillo. Según Frédéric Martel, en su reciente libro Sodoma, esta le sirvió para su ascenso dentro del Vaticano. El dinero no sólo lo obtuvo de sus colaboraciones con narcos y con grupos paramilitares sino que tenía tanto poder en Medellín que se llevaba desde cuadros, joyas, hasta copones de plata de las iglesias que visitaba. En esa ciudad tenía un piso secreto en un edificio del barrio Villa Nueva a donde llevaba a sus víctimas predilectas: novicios confundidos, indefensos, prostitutos mal pagos a los que después del acto golpeaba con brutal sadismo, cuenta Martel.  Todo esto rodeado por un odio absurdo hacia los homosexuales.

Su despacho en el ministerio de la familia en el Vaticano era considerado un salón de guerra. Soportado por cardenales como el norteamericano Raymond Burke, condenó cualquier tipo de unión entre parejas del mismo sexo y consideraba el Sida una de las plagas que bien se habían ganado los gays por sus “prácticas aberrantes”.

También era un enemigo encarnizado del uso del condón. Protegido por el propio Papa Juan Pablo II en el Vaticano, encontró en él un eco. Durante su Papado que duró entre 1978-2005, los años en los que apareció el Sida y mató a 35 millones de personas en ese lapso, López Trujillo desde su posición no hizo absolutamente nada para contener la epidemia, al contrario, su aversión al preservativo hizo de la África católica un caldo de cultivo para que el virus se desarrollara. A mediados de los años 2000, pocos antes de su muerte, le dijo en una entrevista a la BBC que el condón no servía de nada porque el latex tenía microporos por donde podía entrar la enfermedad.

El vaticanista Robert Carl Mickens dice que era un hombre colérico, violento, duro, un tipo cuyo legado no ha preservado dentro del Vaticano, menos ahora cuando Francisco ha dejado entrar los aires del progresismo. En el cónclave del 2005, cuando su nombre quedó descartado, López Trujillo movió sus influencias para coronar a Joseph Ratzinger. Su estrategia funcionó

Los restos del Cardenal regresaron a Colombia en el 2017 por orden del Papa. La tumba está en la gran capilla del ala oeste de la Catedral de Medellín, siempre cerrada por una verja temiendo que en cualquier momento haga su aparición el vandalismo por parte de alguna de las víctimas del arzobispo o de un prostituto que se haya sentido ultrajado por él. Lo que sí se puede asegurar es que cada vez son menos los devotos católicos que visitan la tumba del colombiano que más cerca ha estado de un  Papa en el Vaticano.

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