Del televisor nuevo a las tiendas de barrio: la fiesta más importante del balompié activa un millonario deseo de consumo en los colombianos

 - La fiebre mundialista también se vive en las calles del comercio colombiano, que espera recibir ,8 billones
Texto escrito por: Leonardo Pereira

Hace unas semanas un primo me llamó casi pidiendo permiso. “Voy a comprar un televisor nuevo.” Le pregunté si el viejo se le había dañado y me dijo que no, que funcionaba bien, “pero es que el Mundial se ve distinto en pantalla grande”. Multipliqué esa conversación por unos cuantos cientos de miles de hogares colombianos y empecé a dimensionar un dato del DANE que pasó casi desapercibido: entre enero y marzo el comercio vendió 34% más en televisores, equipos de sonido y tecnología que en el mismo trimestre de 2025.

Eso no es rebote estadístico. Es el Mundial proyectando su sombra sobre el bolsillo antes incluso de empezar. Y después de ocho años sin Selección en una cita mundialista —los suficientes para que una generación nueva no recordara del todo qué se siente— Colombia no solo recuperó la épica futbolera. Recuperó, también, un motor de demanda agregada cuyo tamaño, bien medido, sorprende.

Los números detrás de la fiesta

¿Cuánto, exactamente? Las estimaciones técnicas, construidas con la matriz insumo-producto del DANE y multiplicadores keynesianos calibrados, ubican el impacto entre 4,8 y 15,8 billones de pesos según hasta dónde llegue la Tricolor. En el escenario más probable —llegada a cuartos de final— hablamos de unos 7,2 billones, equivalentes al 0,37% del PIB nominal de 2026 y a un aporte cercano a 0,10 puntos porcentuales del crecimiento real anual.

Para que la cifra aterrice: es más de lo que recauda Colombia por impuesto al patrimonio en un año. Y casi el doble de lo que mueve un Día sin IVA. Con una diferencia importante: este estímulo no requiere decreto presidencial, no tiene costo fiscal y nadie tuvo que pasarlo por el Congreso. Lo activa una camiseta tricolor.

Del estadio a la caja registradora

El canal más sólido es el consumo de los hogares. Asobares proyecta 657.000 millones de pesos adicionales para bares y restaurantes durante la ventana del torneo, un crecimiento del 23,5% sobre la línea base. Fenalco anticipa que las ventas de televisores podrían superar los 4 billones en todo el ciclo. Y Mercado Libre registra un aumento del 500% en búsquedas de camisetas de la Selección. Quinientos por ciento. Léalo despacio.

Hay también una sociología del partido que conviene mirar. Cada encuentro de Colombia dispara los pedidos a domicilio por encima de los 250.000 y el uso de aplicaciones de movilidad sube 45%. Una victoria expande el consumo de alimentos y bebidas en 35% el mismo día, según NielsenIQ. Una derrota lo contrae con la misma brusquedad. El consumo, en este mes y medio, dejará de ser un dato económico para convertirse en una emoción colectiva con efecto sobre el PIB.

Impacto económico según la fase alcanzada y su geografía

El estudio que respalda esta columna pone cifras sobre la mesa con tres escenarios. Si la Selección cae en dieciseisavos, el Mundial le inyecta a la economía 4,8 billones (0,25% del PIB). Si llega a cuartos, la apuesta más probable, el efecto sube a 7,2 billones (0,37%). Y si pisa una semifinal o una final, escala hasta los 11,5 billones (0,60%). En paralelo, el gasto extra de los hogares se mueve entre 3,2 y 7,8 billones; el empleo temporal, entre 32.000 y 78.000 puestos; el recaudo adicional para el Estado, entre 410.000 millones y un billón. No es poca cosa.

Sigue a Las2orillas.co en Google News

Cada partido que se gana mueve más plata, y los peldaños no son iguales: dieciseisavos 4,8 billones, octavos 5,9, cuartos 7,2, semifinal 9,0, final 12,0; y, si llegamos a la copa, 15,8. Pasar de cuartos a campeón duplica con creces el efecto. La razón es sencilla. El orgullo nacional se contagia, la cobertura mediática internacional se multiplica y las marcas reaccionan a la velocidad de la celebración.

 - La fiebre mundialista también se vive en las calles del comercio colombiano, que espera recibir ,8 billones
Gráfica 1. Impacto económico estimado (COP billones) según la fase alcanzada por la Selección Colombia.

Los ganadores cambian según hasta dónde lleguemos. En el escenario más austero la fiesta se siente sobre todo en almacenes de tecnología, compañías de telecomunicaciones y supermercados. En la base aparecen con fuerza los bares, los restaurantes, la publicidad, el transporte urbano y las apuestas en línea. En el optimista entran también el turismo de los hinchas que viajan a Norteamérica, los medios de pago, las cervecerías y el retail premium. El podio del escenario base lo encabeza el comercio de tecnología con 1,25 billones, seguido por alimentos y bebidas (720.000 millones), bares y restaurantes (657.000), publicidad (550.000), transporte (310.000) y artículos deportivos (290.000).

 - La fiebre mundialista también se vive en las calles del comercio colombiano, que espera recibir ,8 billones
Gráfica 2. Impacto económico por sector durante el Mundial 2026 (COP miles de millones, escenario base).

La geografía del impacto también está concentrada. Bogotá y Cundinamarca se quedan con cerca del 37,5% del total: solo la capital moverá 1,6 billones, según la Secretaría Distrital de Desarrollo Económico. Antioquia suma el 16,5%, impulsada por su músculo en domicilios y comercio digital. Valle del Cauca y Atlántico, con Cali y Barranquilla, aportan otro 19%. Y Barranquilla, vale decirlo, pesa más por el corazón. El cariño histórico de la costa por la Selección dispara el gasto por persona. Santander, Bolívar y el resto del país completan el mapa con cerca del 27% restante, prueba de que el Mundial se siente hasta en las ciudades intermedias donde haya clase media urbana.

 - La fiebre mundialista también se vive en las calles del comercio colombiano, que espera recibir ,8 billones
Gráfica 3. Distribución regional del impacto económico (% del total nacional, escenario base).

El que no llora, no mama: las mipymes

Hay una historia que rara vez se cuenta en este tipo de análisis. El Mundial es un momento desproporcionadamente favorable para las micro, pequeñas y medianas empresas. Bares de barrio, vendedores ambulantes de camisetas, restaurantes familiares, pequeños comercios electrónicos. Esos actores capturan una porción del impacto que no llega a los patrocinadores oficiales de la FIFA.

Las cuentas del informe técnico que sustenta esta columna sugieren que cerca del 40% del gasto adicional de los hogares termina, en últimas, en empresas de menos de 50 empleados. Es una redistribución espontánea, no diseñada por nadie. En una economía que apenas crece al 2,5%, eso es un alivio que no sale en los titulares pero que se nota en la caja de muchos pequeños.

La nueva cancha digital

A esa economía tradicional se le superpone, en 2026, una segunda cancha: la digital. Las plataformas de streaming, los creadores de contenido y la publicidad programática redefinen cómo se monetiza un Mundial. La Selección, hoy, es también una marca con decenas de millones de seguidores acumulados entre sus jugadores estrella. Cada gol de Luis Díaz o James Rodríguez se traduce en impresiones, ingresos publicitarios y patrocinios cruzados que en Brasil 2014 todavía no existían.

Es un canal de valor que apenas empezamos a entender. Los anunciantes colombianos (cervecerías, bancos, compañías de telecomunicaciones) están concentrando en estas seis semanas una porción inédita de su inversión publicitaria anual. Un trimestre normal, comprimido en cuarenta días.

Tres cosas que conviene no olvidar

Primero, el efecto es transitorio. La evidencia académica coincide en que el repunte se disipa entre seis y dieciocho meses después del torneo. Segundo, hay desplazamiento de consumo: parte del gasto en cervecerías reemplaza el del supermercado, y conviene descontarlo. Tercero, la balanza comercial paga un costo. Los televisores se importan casi todos, y los miles de colombianos que viajarán a Norteamérica representan una salida estimada de divisas superior a los 130 millones de dólares.

La pregunta de política pública, entonces, no es si el Mundial impulsa la economía. Eso es evidente. La pregunta es cómo convertir un choque pasajero en una ventana de oportunidad más larga. Y aquí la respuesta tiene dos ingredientes: capitalizar la marca país que se construye durante el torneo (turismo, inversión, exportaciones) y blindar la base tributaria contra la fuga digital, sobre todo en apuestas en línea y comercio electrónico transfronterizo. Esto último, dicho sea de paso, es donde Colombia más se está dejando descrestar.

Cerrando

Lo que el Mundial 2026 deja en el país es, al final, una lección que organismos como el FMI, el Banco Mundial y la OCDE llevan dos décadas documentando: el deporte de alto rendimiento, cuando coincide con políticas públicas inteligentes y un tejido empresarial preparado, deja de ser entretenimiento. Se vuelve, modestamente, un instrumento de desarrollo.

No reemplaza la inversión en infraestructura ni sustituye la reforma productiva que llevamos años aplazando. Tampoco arregla los desequilibrios fiscales. Pero ofrece algo que no se fabrica por decreto: confianza, orgullo colectivo y una pulsación renovada del consumo. Tres factores que, sumados, valen mucho más que los siete billones de pesos que aparecerán en las cuentas nacionales del tercer trimestre.

Cuando el árbitro pite el final del Mundial, los goles habrán quedado en la memoria. Los multiplicadores económicos, callados, ya habrán hecho su trabajo. Y la pregunta que quedará dando vueltas es si Colombia supo aprovechar el momento, o si, una vez más, se conformó con celebrarlo.

También le puede interesar:

Anuncios.

Por Nota Ciudadana

sección de periodismo ciudadano y colaborativo donde cualquier persona puede publicar sus propias historias, denuncias, noticias o relatos de primera mano. Es un espacio abierto para dar voz a miradas regionales y alternativas a los medios tradicionales en este portal independiente colombiano.