Julio Roberto Gómez se fue de este mundo con el overol puesto

Entrevista de antología con el incansable líder de la clase de la obrera, quien estuvo al frente de la CGT por 30 años y recientemente fue víctima del COVID-19

Por: Ricardo Rondón Chamorro
enero 26, 2021
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Julio Roberto Gómez se fue de este mundo con el overol puesto
Foto vía Youtube

En la adolescencia lo desvelaron las sotanas y pasó, aunque por tiempo breve, por los pasillos y reclinatorios de un seminario. Fue operario de tipografía y por sus propios medios hizo estudios de Derecho, Trabajo Social y Economía. Por tres décadas presidente de la Confederación General del Trabajo (CGT) y miembro principal del Consejo de Administración de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), con sede en Ginebra (Suiza), rectora de los trabajadores del mundo.

A Julio Roberto Gómez Esguerra, bogotano, camellador inagotable, hincha de Santa Fe, buena papa, incomparable anfitrión, intérprete aficionado de boleros y caballero de fina estampa, se lo llevó el COVID-19 a los 69 años. La clase trabajadora colombiana guarda solemne y respetuoso luto. Gómez se fue de este mundo con el overol puesto.

Con esa pinta de José Alfredo Jiménez en su época dorada, ¿no te llamó la atención convertirte en un ídolo de la canción popular?

“Yo cantaba de niño, pero mi aspiración era ser cura”.

¿Y qué pasó?, ¿por qué no lo fuiste?

“Estuve dos años en un seminario, en Suba, en el Colegio Vocacional Pablo VI, y tuve que abandonar los estudios por falta de recursos”.

¿Te arrepentiste?

“No, fue la mejor decisión de mi vida, ya que esto me condujo a trabajar desde muy joven en el terreno social”.

¿Qué estudiaste?

“Hice la primaria, la secundaria y me especialicé en artes gráficas”.

¿Trabajaste para pagarte los estudios?

“Y también para ayudar al sostenimiento de una familia de diez hermanos”.

¿Estudiaste en la nocturna?

“Sí, y trabajaba de día como mensajero en una tipografía del histórico barrio Santa Fe”.

¿En ese entonces el barrio Santa Fe ya era zona de tolerancia?

“Sí, pero elegante y a puerta cerrada. Incluso lo frecuentaban algunas personalidades de la vida nacional, y uno que otro expresidente”.

No me digas que en ese ambiente te hiciste hombre...

“No, porque todavía estaba protegido por la cátedra respetuosa del seminario, y también por principios de familia y arraigada fe católica, que era como un antídoto para los desafueros de la carne”.

¿En qué momento te da por empuñar las banderas de la lucha obrera? ¿Quién te lavó el cerebro?

“No hubo lavado cerebral, pero sí una influencia determinante del Padre René García, quien con un grupo de sacerdotes manejaban las tesis de la teología de la liberación, cuyo elemento central es la justicia social”.

¿Y cómo te iniciaste en ese cometido?

“Primero, con trabajos sociales en sectores populares de la ciudad, visitando enfermos, logrando ayudas para familias de escasos recursos, y promoviendo entre los jóvenes programas de resocialización a través del deporte, la educación y el entretenimiento”.

¿A qué edad te convertiste en un pichón de sindicalista?

“A los diecisiete años, cuando trabajaba como operario de artes gráficas de la tipografía Bristol (nada que ver con el famoso almanaque)”.

¿Por qué no seguiste la carrera de Derecho?

“No me llamó la atención. Por razones de mis actividades sindicales aprendí lo básico del Derecho Laboral, el manejo de los códigos laborales, y alterno a esto fui adquiriendo conocimientos en Economía y Trabajo Social, pero todo por mi cuenta; es decir por las vías del empirismo”.

¿Cómo un humilde operario llega a la presidencia de la Confederación General del Trabajo (CGT)?

“Eso un proceso largo de lucha, de constancia y militancia, y sobre todo de vocación y compromiso para con la clase trabajadora. En esas ya llevamos cincuenta años. Y todo lo que falta”.

Como no faltan los enemigos, ¿de cuáles te has tenido que proteger más?

“Uno de los principales enemigos ha sido el propio establecimiento, que por diferentes medios deja entrever su animadversión al sindicalismo, impidiendo a toda costa su desarrollo”.

¿Y cómo libras esas batallas?

“Abordando los problemas con mucha serenidad, y a la vez llevando siempre el mensaje de la forma más idónea para resolver cualquier problema: el diálogo y la concertación, dentro y fuera del sindicalismo”.

¿Fue Angelino Garzón un padre putativo para ti?

“Ante todo, él ha sido un compañero de lucha. Nos hemos observado desde orillas distintas, pero siempre ha prevalecido la amistad y el respeto”.

¿Y tú también comulgas con los placeres pulposos del colesterol?

“También, como buen obrero. Lo que pasa es que los obreros consumimos la fritanga de doña Pepita. Pero hay un estrato mucho más alto que también le apetece y por razones obvias la manda a comprar con la empleada a ese mismo lugar”.

Con el rango y la investidura que te cobija, ¿te sigues presentando como un obrero?

“Sí, naturalmente, ese es mi mayor orgullo: sigo siendo un obrero, y moriré con el overol puesto”.

¿Qué dices cuando una buena parte del sector laboral no vio con buenos ojos tus pactos con el ex presidente Santos?

“Tiene el legítimo derecho de no estar de acuerdo, así como yo también estoy en mi derecho de hacer estos pactos para la defensa de la clase trabajadora, como ha quedado demostrado, empezando por la refundación del Ministerio de Trabajo”.

A propósito, ¿por qué rechazaste el ofrecimiento que te hizo el Gobierno para presidir ese ministerio?

“Cada día trae su afán, dicen por ahí, y en ese orden de ideas hubo una conversación con el expresidente Santos, y llegamos a la conclusión de que ese no era el momento para esa responsabilidad”.

¿Por qué no era el momento?

“Porque mi proyecto de vida es la CGT y hacer de ella la más representativa organización de trabajadores en todo el país. Y a fe que lo estamos logrando”.

Bueno, pero es que un ministerio no se lo ofrecen a uno sino una vez en la vida...

“Dios sabe cómo hace sus cosas, y démosle tiempo al tiempo”.

¿Hoy trabajas más que antes?

“Mucho más ahora: un promedio de dieciocho horas, solo que antes trabajaba para una empresa, y hoy trabajo para una causa”.

¿Juegas golf?

“En Colombia un sindicalista jugando golf puede ser lo más parecido a un marrano comiendo sushi”.

Pero no te podrás quejar. Ginebra te brinda inmensos privilegios...

“El privilegio de andar sin escoltas y de caminar por la orilla del lago Lemán, que es el ejercicio más relajante y gratificante que he conocido”.

¿Tienes amigos en la burguesía?

“Muy buenos amigos, sobre todo porque prevalece el respeto y la coherencia”.

¿Pero sí te casaste con dama burguesa?

“No. Mi mujer era una obrera igual que yo”.

¿En dónde compras tu ropa?

“En las promociones de diferentes almacenes de cadena”.

¿De qué lujos te jactas?

“Del gusto de visitar buenos restaurantes”.

¿Tu lucha por la clase obrera te ha dado dinero?

“Me ha permitido vivir con dignidad”.

¿Qué libros hay ahora mismo en tu mesita de noche?

“‘Mil soles espléndidos’, un libro que habla del tema de la discriminación de las mujeres en los países árabes”.

¿Eres más de la línea de Mijail Bakunin que de la Bertrand Russell?

“Soy más de la línea de los anarquistas italianos: Sacco y Vanzetti, defensores de los derechos de los trabajadores”.

¿Qué bolero recomiendas para seducir una bella mujer?

Convergencia, en la voz de Miguelito Cuní”.

¿Qué te hace destapar una botella de whisky 18 años?

“Un triunfo del Deportivo Independiente Santa Fe, mi amado rojo”.

¿O sea que cada treinta años te das ese gustazo?

“No, porque también celebro cuando pierde Millonarios”.

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