Izquierda, derecha, sindicalismo y anticomunismo

"El comunismo totalitario es enemigo de la humanidad y por ello no puede haber confusiones entre izquierda, derecha y sindicalismo"

Por: Ariel Peña González
enero 23, 2018
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Izquierda, derecha, sindicalismo y anticomunismo

Con la campaña electoral en Colombia se ha presentado una discusión en diferentes partidos políticos, que surgió en la Revolución francesa hace cerca de 230 años, sobre la izquierda y la derecha. Para unos esta tiene vigencia, mientras para otros es anacrónica. Incluso algunos consideramos que en las elecciones de este 2018 la coyuntura se presenta entre democracia o totalitarismo, porque el país puede caer en la garras del comunismo totalitario, directamente o con candidatos mimetizados que hacen parte de lo que llaman movimientos alternativos, pero que son miembros del Foro de São Paulo, principal soporte internacional de la camarilla comunista venezolana.

El filósofo español José Ortega y Gasset (1883-1955) decía: “ser de izquierda es, como ser de derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil, ambas en efecto, son formas de hemiplejia moral”. Con esto demuestra el pensador ibérico que ese reduccionismo no es adecuado ni procedente. Y los demócratas deberían mejor denunciar y enfrentar ideológica y políticamente para el caso colombiano, al marxismo-leninismo enemigo de la libertad y la democracia.

Hasta el sátrapa ruso de Lenin rechazaba de alguna forma el termino izquierda, en su texto titulado La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo, lo que demostraría que al totalitarismo comunista las denominaciones izquierda y derecha no les preocupan y solo las usan como táctica de acuerdo a las condiciones para la toma del poder. Por ello los demócratas no se pueden dejar imponer las dicotomías del marxismo leninismo como son: izquierda o derecha y también capitalismo o socialismo, porque fue Antonio Gramsci que al hacer la simbiosis entre el marxismo y el maquiavelismo buscaba dividir la sociedad frente a dos alternativos siguiendo la premisa de Nicolás de Maquiavelo quien planteaba que no había que permitir la neutralidad y buscar siempre que la sociedad no tenga sino un par de opciones.

El atraso conceptual e ideológico de algunos pueblos latinoamericanos lleva a echar en el mismo saco al sindicalismo, la izquierda y el marxismo. Claro que para el caso colombiano la situación es todavía más confusa, pues en los llamados grandes medios de comunicación hay “líderes de opinión” cuyo desconocimiento en la materia es craso, con lo cual la falta de discernimiento no permite que estos temas se aproximen a la realidad.

En primer lugar, al marxismo no le podemos dar una ubicación especifica en el espectro político, ya que es un híbrido que se viste de muchas maneras o se camufla en organizaciones democráticas y asume un papel progresista. En consecuencia, hay que reiterar que el marxismo-leninismo es una secta criminal y burocrática, cuyos miembros se creen predestinados para esclavizar a los demás seres humanos, porque sus dogmas del materialismo histórico y la inevitabilidad los llevan a un mesianismo enfermizo, como si al igual que los profetas del Antiguo Testamento en la Biblia tuvieran un señalamiento divino.

En cuanto al sindicalismo, no se puede olvidar que el comunismo totalitario ha sido enemigo de la lucha de los trabajadores, y Lenin consideraba a los sindicatos como un simple apéndice del partido o sea que eran un objeto para la toma del poder. Precisamente no hay que pasar por alto que lideres anticomunistas o antimarxistas como Ronald Reagan y Lech Walesa, presidente de EUA y Polonia respectivamente, que antes de asumir la más importante dignidad de sus naciones habían sido sindicalistas destacados y al ser enemigos acérrimos del comunismo totalitario se convirtieron junto al papa San Juan Pablo ll en los protagonistas de la caída del muro de Berlín que condujo a la debacle de la Unión Soviética.

La izquierda se consideraba en la Revolución francesa como una corriente que buscaba las transformaciones sociales y el cambio de gobierno. Luego, el marxismo o comunismo totalitario que siempre pretende montar camarillas eternas en la dirección del Estado, de acuerdo a las enseñanzas de la Revolución francesa, no se puede ubicar específicamente en la izquierda. De ahí hay que reiterar que el marxismo por su ceguera y superstición es antihistórico y no tiene ni vigencia ni defensa, y lo único que le ha aportado a la tierra son grandes desgracias y sufrimientos.

Hay asuntos morales que se ventilan en la mencionada izquierda como el aborto, la eutanasia, el matrimonio gay, la adopción de niños por parte de parejas homosexuales etc.; cuestiones que si las miramos desde el punto de vista del liberalismo clásico se deberían de tomar como comportamientos individuales en una actitud frente a la vida que la sociedad y el Estado deben de analizar, buscando no perjudicar a otros, ya que la libertad de la persona acaba en donde comienza la de los demás; haciendo énfasis en la responsabilidad propia del individuo y la sociedad en su conjunto; así que la conducta personal solo se restringe cuando afecta a otros, y el respeto y la tolerancia deben de ser premisas fundamentales para no agredir ni material ni moralmente al ciudadano.

Otra situación frente al comportamiento ético y moral del individuo es el marxismo cultural, diseñado por la escuela de Frankfort a principios de los años  veinte del siglo pasado del cual como su máximo exponente se puede considerar al comunista italiano Antonio Gramsci, quien enseñaba a desordenar y lumpenizar a las masas para volverlas más dúctiles a un Estado marxista, teniendo en la actualidad ejemplos patéticos como el caso del gobierno chavista en Venezuela en donde el aumento de la delincuencia y los homicidios propiciados por el régimen son monumentales, todo esto para que la población viva con miedo y en permanente zozobra, pretendiendo perpetuar el sistema, y así como en el vecino país todos los gobiernos comunistas han utilizado el marxismo cultural, para evitar que la ciudadanía pueda llevar una vida ordenada y decente, ya que ello atentaría en contra de la alienación marxista que busca defender la nomenclatura que enajena a los pueblos que han caído bajo su férula.

La incompatibilidad entre sindicalismo y marxismo es inocultable, sin dar lugar a encuentros, porque desde la aparición del engendro comunista totalitario, siempre este aspiro a tener el dominio de las organizaciones de los trabajadores, no para propiciar las reivindicaciones sociales y económicas de los obreros sino para utilizarlos de masa de maniobra, buscando la toma del poder político para implementar una dictadura en donde a los primeros que se atropella es a los trabajadores, por ello fue que se repudiaron las tesis de Marx en la primera y segunda internacional en el siglo XlX. Así que el destino del marxismo igual que el nazismo, el fascismo y el apartheid es el basurero de la historia, pues su carácter absolutista, cruel e inhumano no le da cabida dentro de la civilidad y la ética.

Entre una izquierda auténtica y el sindicalismo sí pueden haber afinidades, respetando el pluralismo. La independencia y la democracia sindical es el centro de gravedad del accionar de los trabajadores, pues no se puede permitir que sectas como el marxismo manipulen la lucha obrera. Por ello no deben existir vínculos entre las organizaciones de los trabajadores y el comunismo totalitario, eso lleva a una situación kafkiana o como se dice tradicionalmente es revolver el agua con el aceite. Subrayando que repudiar al marxismo o ser anticomunista no es una herejía y se encuentra en la lógica y la razón, ya que el comunismo totalitario es enemigo de la humanidad y por ello no puede haber confusiones entre izquierda, derecha y sindicalismo.

 

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