Opinión

Huelga climática global llama a cruzar líneas rojas

Los jóvenes convocan a huelga mundial el 20 de septiembre, a decidirnos a cruzar las líneas rojas de los intereses económicos y los cómodos hábitos personales para evitar la extinción

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septiembre 12, 2019
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Huelga climática global llama a cruzar líneas rojas
En Colombia, grupos de jóvenes invitan el 20 de septiembre 4 p. m. a la Plaza de Bolívar y otros sitios del país a un @PactoXelClima

Cada tanto, las noticias reportan la superación de récords climáticos en el mundo. Hace sólo unos meses, los niveles de dióxido de carbono alcanzaron una concentración que el planeta no vivía desde hace tres millones de años. La humanidad ha cambiado en un par de siglos las condiciones que la naturaleza ha formado en tiempos geológicos a través de casi infinitos procesos de ensayo y error, adaptaciones, nuevas formas de simbiosis y diversificación de la vida (y de su belleza).

Las consecuencias del aumento de la temperatura media del planeta ya están a la orden del día: la paulatina elevación del nivel del mar, el cambio en los regímenes de lluvia y sequía, y eventos repentinos como los huracanes. Algunos seres en el mundo no resisten los cambios y se extinguen inexorablemente, como los arrecifes de coral que se blanquean y dejan de ser el hábitat y sostén de la vida marina. Otros se desplazan. En latitudes antes frías se encuentran ahora aves de tierras bajas o insectos que pueden ser vectores y generar riesgos de salud pública en zonas no adaptadas.

Los seres humanos también han comenzado a migrar. Se calcula que en 2017 hubo 4,5 millones de refugiados climáticos en América Latina. La pérdida de agua, de suelos y de alimentos conducirá a nuevos conflictos. No es ciencia ficción prever guerras y que tambaleen principios democráticos y de soberanía. La climática no es una crisis pasajera. No volverá la calma después de la tormenta. No hay luz al final del túnel ni siquiera en los escenarios más optimistas...

…A menos que decidamos cruzar las líneas rojas trazadas por intereses económicos, por la fuerza de la costumbre o por ambas; y que se han impuesto como límites intocables de nuestras negociaciones y decisiones. Muchos jóvenes que enfrentarán la agudización de esta crisis son conscientes del sentido de urgencia y buscan que toda la comunidad global sienta su pánico y actúe en forma efectiva: no es una simple metáfora que la casa se nos está quemando. Por eso convocan a la huelga climática global desde el 20 al 27 de septiembre para la que existen ya acciones programadas en al menos 150 países.

 

 

La climática no es una crisis pasajera.
No volverá la calma después de la tormenta.
No hay luz al final del túnel ni siquiera en los escenarios más optimistas...

 

 

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Una de las exigencias de la huelga climática es dejar de explotar hidrocarburos y tomar solo los estrictamente necesarios para lograr de forma justa una transición energética. No podemos postergar la decisión de independizarnos de las reservas de gas, petróleo y carbón a los límites de su disponibilidad, cuando las condiciones ecosistémicas hayan perdido su resiliencia, es decir, su propia capacidad de recuperarse. Una implicación pública en Colombia es prohibir el fracking. Decisiones privadas son cambiar el carro por el transporte público o la bicicleta; reducir al mínimo el uso de plástico en sus múltiples presentaciones, desde los desechables como los pitillos hasta la ropa sintética.

Otra demanda es la transformación de los sistemas agrícolas y alimentarios. Es necesario desincentivar la producción de alimentos que requieren altas cantidades de combustibles fósiles o que implican deforestación y degradación de los ecosistemas. Entre ellos, los que se transportan (con hidrocarburos) de ultramar, los que requieren altas cantidades de fertilizantes y pesticidas, los que provienen de monocultivos y especialmente los que se producen en ecosistemas sensibles como la Amazonia. Por otro lado, apoyar de forma contundente formas de producción agroecológica que mejoran la calidad de vida de los agricultores, la regeneración de los territorios y que a su vez son alternativas viables para la construcción de paz. La decisión individual de escoger conscientemente los alimentos solo tiene ventajas, especialmente para la salud.

Otro énfasis importante es priorizar los esfuerzos de las poblaciones que cuidan la resiliencia ecológica y social sobre aquellos que la ponen en riesgo. Esto implica invertir el otorgamiento del estatus de “utilidad pública e interés social” de las actividades extractivistas a las que son sustentables ambiental, cultural y socialmente. Para que las comunidades puedan cumplir esta función, requieren la garantía a sus derechos al acceso y propiedad de la tierra, a la autonomía y la participación.

En las tres exigencias es necesario comprometer la línea roja del modelo de desarrollo. Esa misma línea que el gobierno dijo que no tocaría en las negociaciones de La Habana. Además, se ponen en cuestión las líneas rojas que pertenecen a los cómodos hábitos individuales muy arraigados en la cultura, como comer carne. En Colombia, grupos de jóvenes invitan el 20 de septiembre 4 p. m. a la Plaza de Bolívar y otros sitios del país a un @PactoXelClima. Invitan a candidatos y candidatas de todas las filiaciones a comprometerse con el clima y a la ciudadanía a elegir con este criterio. La huelga climática y sus exigencias pueden revertir el camino a la extinción. Esta es la revolución más importante de la historia de la humanidad como especie.

Natalia Orduz, El Cause Climático

 

 

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