Horacio Zapata Muñoz: un testimonio de vida de un negociante de El Bagre

Horacio Zapata Muñoz: un testimonio de vida de un negociante de El Bagre

Su fuerza y su carácter lograron sacarlo de su estado monótono de villorrio, hasta ubicarlo en un puesto de liderazgo en lo que hoy es el Bajo Cauca antioqueño

Por: Carmelo Antonio Rodríguez Payares
octubre 11, 2022
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Horacio Zapata Muñoz: un testimonio de vida de un negociante de El Bagre

Hay personas que en la vida tienen la fortuna de atender varias tareas a la vez y las ejercen con acierto y sin necesidad de hacer alardes ni escándalos ni bullas; mientras por el mundo van otras que no cambian un bombillo si no tienen al frente un testigo que les acredite esa noble función.-

Lo cuento porque tuve la suerte de sostener una charla con un personaje al que a mi parecer El Bagre le debe una nota de agradecimiento, no tanto por la edad que muy pronto se apresta a cumplir: 90 años; sino porque es de los pocos que, sin haber nacido en aquellas tierras, tuvo la fuerza y el carácter suficientes para alentar los grandes cambios que lograron sacarlo de su estado monótono de villorrio, hasta ubicarlo en un puesto de liderazgo en lo que hoy es el Bajo Cauca antioqueño.-

Nació en el norteño municipio de Campamento, Antioquia, el domingo 9 de octubre de 1932, - el día coincide con este 2022 - y en su partida de bautismo se lee que su nombre completo es Rafael Horacio Zapata Muñoz.- Llegó a El Bagre con la idea de ganarse la vida como un habitante más, sin saber que ese pueblo le daría la oportunidad de ser uno de los comerciantes más destacados e influyentes de su época.- Integró la Selección de Fútbol en la posición de arquero, la misma que con el sacrificio y la entrega de sus deportistas alzó cinco veces consecutivas la copa Intermunicipal de esa disciplina con finales en la ciudad de Medellín.- Fue Concejal, Diputado y Representante a la Cámara, cuya credencial guarda como un tesoro en su billetera.-

Como si lo anterior fuera poco, se le recuerda como a uno de los ideólogos de la campaña que en el mes de octubre de 1979 hizo posible la aprobación de la Ordenanza mediante la cual la Asamblea de Antioquia elevó a la categoría de Municipio a El Bagre, al escindirse de Zaragoza al que había pertenecido en calidad de corregimiento desde el mes de junio de 1941.-

A pesar de que el Almacén El Niño era asociado de manera directa con su propietario, es decir, Horacio Zapata; él mismo revela que los buenos resultados y el crecimiento que logró aquel negocio fue gracias a la entrega y a las ganas de hacer las cosas bien de parte de la señora Orfa Ester Puerta Escobar, la mujer que conoció en una de sus estadías en Medellín y con quien se casó en el municipio de Bello, y es la madre de sus hijos Carlos Albeiro, Mábel, Adriana, Carolina y Sergio; este último con todas las horas de vuelo encima en su calidad de coronel de la Fuerza Aérea Colombiana, hoy en uso de buen retiro.- Los demás ya recogen la cosecha de lo sembrado y de los ejemplos que recibieron de sus padres, nacidos y criados en las calles polvorientas y calurosas de El Bagre.-

Pero antes de haber anotado en su extensa hoja de vida esos logros, tuvo que pasar por una serie de hechos y de historias, varias de las cuales parecen sacadas del sombrero de un mago.- En su relato narra que la primera vez que llegó a El Bagre lo hizo sin tener muy claro que allí pudiera florecer algo para su vida, al punto de que la empresa minera que lo contrató lo hizo para que ejerciera tareas de albañilería y cuando salió a sus primeras vacaciones, por esas cosas de la juventud, tomó la decisión de no regresar a su puesto de trabajo y ni siquiera sacó el tiempo para reclamar las prestaciones sociales.-

“Es que uno de soltero mira la vida de otra manera”, señala.- Recuerda que en tal condición hizo parte de la cuadrilla de Francisco Zapata que se encargó de la construcción de la pista del aeropuerto en los tiempos en los que Mr. Henry era el jefe de esa área.- Trabajó al lado de Aparicio Ruiz con un salario de $2, 50 centavos diarios, más un bono que hacía efectivo en el casino “El Quijada” que servía lo mejor de la región y a tutiplén; y vivía en uno de los campamentos que la empresa tenía dispuesto en el sector de Pueblo Nuevo.- Con esas tareas anotadas en su hoja de vida, decidió quedarse en Medellín para enrolarse en una empresa dedicada a la manufactura de las telas y las confecciones, pero que además apoyaba uno de los deportes que siempre ha practicado: el fútbol.- De manera que hizo parte de la compañía Fabricato, la misma que por años fue insignia de la ciudad de Bello, pero allí su permanencia no pasó a mayores porque muy pronto lo convenció un ingeniero de una empresa gringa llamada Reimon, encargada de construir el tramo de la carretera que de La Pintada conducía a Supía, en el vecino departamento de Caldas, y consiguió trabajo y allá fue a dar.-

Le entregaron la responsabilidad de manejar un buldócer y quizá hubiera sido otro su cuento de no haber sido porque hasta allá llegó su cuñado, Tulio Montoya, casado con Elvia, para convencerlo de que regresara a El Bagre y se hiciera cargo de algunas tareas en el almacén El Sol que por esos días estaba en la etapa de ampliación y que por esa misma causa se ofrecía como una alternativa para ingresar por la puerta grande a la actividad del comercio.- A eso se le sumó que el pueblo de El Bagre, que no pasaba de las 350 casas construidas con hojas de bijao y pisos de tierra, estaba en constante crecimiento y tampoco lo dudo mucho y regresó para hacerse cargo de las responsabilidades en el almacén que estaba ubicado en donde hoy funciona Cablenet, en el puro centro de la población, rodeado de no menos de 25 cantinas que conformaron la llamada zona de tolerancia, a la que alguna vez un concejal propuso, en una célebre y ya olvidada sesión, trasladarla a Palizada como castigo a su continua perdición y pecado.- Por fortuna los demás ediles le hicieron caer en la cuenta de que el nuevo sitio era jurisdicción de Zaragoza y, además se prestaba para malos entendidos de quienes fueran “al otro lado” a cumplir otras actividades ajenas al catre.-

Una vez le cogió la comba al palo no dudó en decirse a sí mismo: “Esto es lo mío.- Puedo vivir de esto”.- Así fue que en los siguientes 8 años aprendió lo que tenía que aprender del negocio, de sus entresijos, de los secretos, de saber tratar a los proveedores, de conocer a los clientes; a saber de sus gustos y, sobre todo, atenderlos como ellos se lo merecían.- “No competimos en precios, pero si en calidad”.- Pero faltaba algo para dar el paso definitivo y decirle a su cuñado que gracias, que ya tenía las herramientas para empezar desde cero su propio negocio y era el de materializar un amor que de tiempo atrás había comenzado cuando trabajó en Medellín.-

Su nombre: Orfa Ester y una vez tuvo su aceptación buscó la forma de enviarle una suma de dinero - $ 500, oo – cuando no habían oficinas de Gana, ni Nequi ni giros como ahora – y ella los ahorró y con esos dineros fueron a la iglesia de Bello a casarse en una unión que alcanzó a sumar los 40 años y cinco hijos, como quedó dicho.-

Alfonso Jaramillo, dueño de una farmacia en El Bagre, tenía un pequeño local en arriendo que usaba para guardar su mercancía y le propuso que se hiciera cargo del canon mensual - $ 150 pesos – y con el pago que le hizo su cuñado por los años del servicio en el almacén El Sol – algo así como $ 4.ooo pesos - , adquirió su primer pedido de cacharros que no eran otras cosas que vestidos infantiles y todo lo relacionado con los gustos de los pequeños y al frente de este se puso Orfa Ester mientras que él se ocupaba de jugar billar y darle vuelta al negocio porque sabía que en mejores manos no podía estar el naciente negocio que empezaba a crecer en clientela pero todavía carecía de nombre.-

Incluso, cuando tuvieron a su primer hijo, Carlos Albeiro, utilizaron los baúles en donde venían los pedidos, cuyos materiales eran maderas y latas, para reciclarlas y convertirlas en cuna mientras duraba la jornada laboral, porque allí era también el sitio de vivienda de la nueva familia, justo a la orilla del río, vecino del negocio de los Noreña.- Como todo iba viento en popa, el verdadero dueño del local, Fernando Alcántara Ramírez, se lo reclamó para abrir su propio negocio que con el tiempo se convirtió en “El salivón”, un pequeño bar sin mayores ínfulas, le contó la historia a José González para ver que solucionaba.-

Éste era dueño de un sitio al lado de la tienda de abarrotes de Germán Arango Cardona, y le dijo que si tenía $28.000,oo pesos era suyo, y que en todo caso se los pagara cuando pudiera y firmaron el contrato de compraventa bajo la gravedad de la palabra, cuando esta tenía el verdadero valor.- Apenas se trasteó a su propiedad se hizo amigo del albañil del pueblo, el señor Jorge Tarcitano, y como ya había pasado por ese oficio, se trazó una meta de hacer ladrillos en el horario de 8 de la noche a 3 de la mañana hasta alcanzar la cifra de 2 mil, los mismos que eran usados para cambiar las paredes de tapia y madera y fue así como de la noche a la mañana su distinguida clientela y los parroquianos que transitaban por la Calle Principal de Bijao, vieron emerger el Almacén el Niño, cuyo nombre no podría ser otro dada la mercancía que allí se ofertaba.-

Ya no solo vendía ropa infantil, sino que las “fuerzas invisibles” del mercado lo obligaron a diversificarse y lo que antes era un sencillo negocio se convirtió en una próspera y visitada esquina que le dio empleo y solidez a su familia y a las demás empleadas que por más de 35 años sirvieron a la comunidad bagreña.- Los espacios que antes ocupaba en otras cosas, ahora los dedicaba a fortalecer los lazos de amistad con sus colegas de actividad como Paco Zuleta, los hermanos Germán y José Arango y los  también hermanos Lácides y Cristo Rafael Navarro.-

De esas y otras amistades surgieron las más insólitas y arriesgadas ideas y proyectos que tenían por objeto ver crecer y desarrollar el pueblo que a todos los recibió con los brazos abiertos, y una de sus más recordadas campañas, aparte de la creación del Liceo de El Bagre, fue su municipalidad como lo veremos en la próxima entrega.- De manera que ¡Felices 90 años de vida, don Horacio Zapata!

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