Opinión

Grandeza y Gratitud

La mayoría de los actores del proceso de paz han hecho un esfuerzo genuino y les cabe el reconocimiento de todos por el camino recorrido, pero hace falta el paso final

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noviembre 20, 2016
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Empecemos por la gratitud.  Gracias al triunfo del No y gracias a que algunos de quienes lideraron esa posición presentaron propuestas respetuosas, concretas y coherentes hoy tenemos un mejor acuerdo.  Ya veo a algunos “brincando”, “no era pues el anterior el mejor acuerdo posible?” Efectivamente, era el mejor acuerdo posible bajo las circunstancias de negociación en el momento.  Se negocia en un contexto, bajo unos supuestos y con la presencia de actores (principales, de apoyo y de reparto).  El triunfo del No, más allá de todo lo que se pueda reprochar y señalar frente a la manera como se consiguió, cambió las circunstancias de la negociación, puso en primer plano a nuevos actores y temas y cuestionó algunos aspectos del acuerdo anterior.  Es perfectamente coherente, y no deslegitima el proceso, reconocer ahora que se mejoró lo acordado.   Por ende es valido y necesario agradecer el esfuerzo de los sectores del No que legítimamente quieren terminar el conflicto y se han esforzado por generar condiciones para ello.

Hay que reconocer y agradecer también al equipo de negociadores del Gobierno quienes hicieron suyas, -nuestras-, las observaciones y propuestas del No y las llevaron a la mesa de negociación para ser discutidas.  Lo hicieron a sabiendas de que reabrían puntos previamente acordados con mucho esfuerzo y obviamente con un riesgo alto de “descuadrar” el edificio.  Todo el que ha negociado sabe que volver sobre un punto ya cerrado es posiblemente reabrirlos todos y que cualquier revisión se presta para que las partes busquen recuperar espacios, generar nuevos frentes o cuestionar acuerdos metodológicos existentes. El equipo negociador sigue demostrando capacidad, seriedad y compromiso.

Por más que moleste a quienes insisten en la vía de la derrota militar y son  incapaces de ver al interlocutor al otro lado de la mesa hay que reconocer también a las Farc.  No se nos puede olvidar nunca que lo que se ha llevado acabo en La Habana es una negociación, un encuentro de voluntades, y no una imposición o una rendición.  Lo anterior quiere decir, simple y llanamente, que nada de lo que ha pasado o vaya a pasar puede obviar a las Farc.  Salvo algunos bocones conocidos, la posición de las Farc durante estos días de incertidumbre ha sido moderada, cauta y responsable. Lo anterior tanto para el discurso como para el manejo de sus fuerzas en el terreno.  Recordemos que, mientras se discute y especula sobre la negociación, la refrendación y el futuro, en cerca de 30 puntos de nuestro territorio, hay más de 6500 hombres y mujeres armados que no saben si al día siguiente se despertarán a seguir la guerra o entregarán para siempre sus armas.  Mantenerse en la mesa, reabrir el proceso y ceder en aspectos previamente acordados demuestra que las Farc le creen a la negociación, a la palabra y, finalmente y no menos importante, a las instituciones del Estado de Derecho con el que negocian y al que van a ingresar.  Eso no los hace ni ángeles ni grandes demócratas, pero sin esa actitud y sin ese esfuerzo estaríamos otra vez matándonos.  Así de claro.

 

 

El acuerdo no es la revolución,
pero si confirma que queremos ser una sociedad plural
que busca activamente la igualdad y la equidad

 

 

El nuevo acuerdo concreta y aclara supuestos y preguntas que eran válidas luego de aprobado el acuerdo original.  Los limites temporales para la Jurisdicción Especial para la Paz reafirman su carácter transicional e imponen unos retos y prioridades de implementación que, conociendo al sector público y el accionar de la justicia en el país, son necesarios para su éxito.  Las precisiones frente a la “limitación efectiva de la libertad”, en cuanto a su alcance territorial y a la competencia de los magistrados para autorizar la movilidad de los procesados o condenados, despeja dudas y le otorga seriedad al componente justicia.  Personalmente creo que la inclusión de magistrados extranjeros podría darle al tribunal una mirada comparada importante y a la vez traer lecciones aprendidas de tribunales internacionales que han llevado casos de derecho internacional humanitario y derecho penal internacional, pero reconozco que en el país hay juristas intachables con grandes capacidades que van a llevar la jurisdicción a feliz término.  Obligar a las Farc a entregar listado de bienes y recursos obtenidos ilegalmente, so pena de perder posibilidad de estar en justicia transicional, es buena noticia tanto para las víctimas como para la verdad.  Las concisiones respecto de las competencias de alcaldes y gobernadores en temas de implementación; las puntualizaciones acerca del respeto reiterativo por la propiedad privada y la claridad frente al alcance de la equidad de genero enfoca los acuerdos y dará tranquilidad a un amplio espectro de sectores de que se defenderán y desarrollarán derechos reconocidos por normas y sentencias con instituciones existentes bajo la Constitución de 1991. El acuerdo no es la revolución, pero si confirma que queremos ser una sociedad plural que busca activamente la igualdad y la equidad.

Es el momento de terminar este conflicto de una vez por todas para pasar al debate de las ideas.  El cese al fuego es cada vez más frágil y vulnerable.  La mayoría de los actores de este proceso han hecho un esfuerzo genuino y les cabe el reconocimiento de todos por el camino recorrido, pero hace falta el paso final.  Ese paso final requiere, ya lo he dicho antes, grandeza, empatía y buena política.  El No ha permitido revisar y mejorar el acuerdo, el gobierno ha sido vocero de todos y ha vuelto a la mesa con decisión y con seriedad y las Farc han demostrado que su compromiso con el fin del conflicto armado y con las instituciones es real.  Es hora de dar el paso, ya.

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