¿Es Barranquilla el modelo a seguir por Colombia?

No hay una Barranquilla, sino varias. Quienes la visitan lo más probable es que conozcan lo mejor de ella, al fin y al cabo esa es la pretensión de todo turista

Por: ROBERTO NÚÑEZ PÉREZ
enero 19, 2022
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¿Es Barranquilla el modelo a seguir por Colombia?
Foto: Pixabay

Si decimos que Barranquilla tiene problemas de inseguridad, violencia, pobreza, desigualdad, etc., algunos nos responderán que no hay porqué extrañarse, al fin y al cabo no existe ciudad en Latinoamérica que no arrastre estas dificultades.

Nosotros respondemos: en Barranquilla tales lastres adquieren mayor peso debido a que muchos intentan mostrarla como ciudad modelo ante el país.

Para convertirse en una ciudad modelo debería ser esencialmente diferente del resto de las ciudades y esta diferencia se tiene que reflejar, antes que en el discurso y la propaganda, en el nivel de satisfacción de sus habitantes.

Esa satisfacción se relaciona con la respuesta a las necesidades básicas de los ciudadanos, lo cual tiene que evaluarse de manera objetiva (no basta una nueva estrella del Junior).

Para el análisis que vamos a hacer recurriremos a datos oficiales o de instituciones privadas cercanas al establecimiento. No vamos a afirmar aquí de Barranquilla, una ciudad muy querida para nosotros, que es mejor o peor que las demás, sólo que no es el modelo de ciudad a replicar en el país.

Indudablemente, alguien que visite hoy a Barranquilla después de diez o más años de ausencia verá una ciudad diferente, pujante, con grandes obras, la más simbólica de ellas, El Malecón.

Siempre hemos afirmado que no hay una Barranquilla, sino varias. Quienes la visitan lo más probable es que conozcan lo mejor de ella, al fin y al cabo esa es la pretensión de todo turista, sin embargo, sus habitantes sabemos que hay grandes diferencia entre una calle del barrio La Esmeralda o La Chinita, por ejemplo, y otra del Norte de la Ciudad, zona que no tiene mucho que envidiar a las grandes ciudades del continente.

Y el gran problema de La arenosa es ese: la desigualdad. Insistimos: algunos dirán que no es un problema exclusivo de la ciudad, lo que es cierto, pero si Barranquilla refleja de manera igual o peor los grandes males de Colombia, entonces no tiene por qué ser “el modelo”.

Según la encuesta Barranquilla, cómo vamos en el año 2019 el 87 % de los barranquilleros opinaban que la ciudad iba por buen camino, hoy ese porcentaje se ve reducido a un 40 %.

En la medida que el estrato es más alto, el optimismo sube: de un 35 % en el más bajo a un 50 % en el más alto; por otro lado, los más pesimistas son los jóvenes (un 46.2 %).

Otra vez se confirma que nuestra dirigencia no responde a la expectativas y sueños de la juventud. El 47 % de los barranquilleros siente que su situación económica ha desmejorado…. Son datos, y podríamos seguir. Recojamos sólo unos cuantos:

• El 50% afirma que los ingresos del hogar no alcanza para cubrir los gastos mínimos.

• El 36% de los entrevistados se declaran insatisfechos de su situación laboral.

• El 52% expresa que durante el último mes algún miembro de la familia no alcanzó a comer tres veces al día. Esta cifra es mayor en la encuesta del Dane, que llega al 67 % de los hogares sin poder alimentarse tres veces al día, por lo que el alcalde Jaime Pumarejo puso el grito en el cielo y llevó a que la entidad, cosa curiosa, anunciara el cambio del método.

• El 60% de los ciudadanos se siente inseguro.

Resulta llamativo, y es algo que los medios ocultan, que la calificación positiva de la gestión del alcalde apenas llegas a un 30%, mientras que la negativa alcanza el 51%. Lo anterior contrasta con las encuestas de los diferentes medios de manera evidente.

Por ejemplo, la última encuesta de Invamer Poll le da a Pumarejo un 59% de aprobación.

Barranquilla, según el Dane, por lo general aparece con un desempleo bajo. Sin embargo, la otra cara de la moneda nos muestra una altísima informalidad, la que por lo general supera el promedio nacional y es mayor que otras capitales como Manizales, Tunja y Medellín. La informalidad por lo general supera el 50 % y en momentos críticas ha superado el 60 %.

En cuanto a la pobreza, durante el 2020 la ciudad tuvo la mayor incidencia: más del 41 % de la población se encontraba en pobreza monetaria, es decir, más de 300.000 personas según las cifras del Dane. “Pero estábamos en pandemia”, argumentarán los defensores del “modelo”. Cierto. Los demás también lo estaban, el mundo entero lo estaba.

Hay otros fenómenos que reflejan la crisis social que se vive. Todo barranquillero sabe que una vez comiencen a caer las primeras gotas de lluvia, lo mejores es guardarse, y no sólo por los arroyos, sino porque no falta en medio del aguacero el enfrentamiento entre pandillas, con muertos incluidos de vez en cuando.

La Arenosa cuenta con más de 255 pandillas conformadas en gran medida por jóvenes empobrecidos que no vieron futuro en educarse y hacerse profesional en medio de una sociedad imbuida en la cultura de la mafia.

De igual forma, cada vez resulta más difícil emprender cualquier negocio frente al riego de la extorsiones que se toman uno a uno los barrios afectando sobre todo a los más populares.

El modelo de ciudad de Barranquilla no soluciona, ni siquiera alivia, ninguno de los grandes problema sociales que la afecta. La ciudad envía a la periferia a los más pobres mientras en el centro o en avenidas como Murillo abundan los edificios abandonados en los que se podrían construir viviendas de interés social.

La cultura se reduce al carnaval, mientras se abandonan los espacios para su desarrollo. Los medios de comunicación se tornan acríticos y no hacen más que lamer las zuelas de quienes tienen el poder.

Muere la democracia en una ciudad en la que la felicidad se reduce a ver al equipo de la misma ganar un partido, equipo en propiedad de una élite que sólo lo ve como una forma de distraer incautos. Hay cemento; escasea el pan.

No faltará quienes digan que somos unos desagradecidos por no amar la ciudad que nos acoge. Por el contrario, amamos tanto a Barranquilla que sabemos que la tierra de Meira Delmar, la de Gabo, Alejandro Obregón, Álvaro Cepeda Samudio, Esther Forero, El Joe Arroyo y tantos otros nacidos o adoptados, merece un destino mejor.

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