Su muerte sigue siendo un misterio que tiene ante la justicia a sus médicos y herederos, mientras que la albiceleste busca la séptima final, ahora ante Inglaterra

Diego Armando Maradona con Argentina - El triste final de Maradona, el ‘dios’ al que los argentinos le rezan para ganar su cuarto Mundial

La habitación de aquella casa alquilada en el barrio San Andrés, en Tigre, no tenía el eco ensordecedor del Estadio Azteca ni el verde inmaculado del césped de Nápoles. Era, por el contrario, un cuarto lúgubre, adaptado a las prisas, donde el 25 de noviembre de 2020, Diego Armando Maradona, el hombre que hizo tocar el cielo con las manos a 40 millones de argentinos, exhaló su último aliento.

El dictamen médico fue un frío tecnicismo que contrastaba con la pasión de su vida: un paro cardiorrespiratorio secundario a un edema agudo de pulmón. ‘El Diego’, el mito de Villa Fiorito, el "Pelusa", se apagaba a los 60 años en una soledad que el mundo futbolero sintió como propia.

Casi de inmediato, el pitazo final en la vida de Diego se convirtió en el inicial de un partido judicial largo, áspero y plagado de faltas. La Justicia argentina abrió una investigación para determinar si la muerte del ídolo se pudo evitar. El contraste era doloroso: el hombre que había burlado a media selección Inglaterra en 1986 con una gambeta indescifrable, no pudo esquivar el deterioro de su propio cuerpo ni la presunta negligencia de quienes debían cuidarlo.

Para 2021, la Justicia declaró como herederos universales a sus cinco hijos reconocidos (Diego Jr., Dalma, Gianinna, Jana y Diego Fernando), mientras una junta médica arrojaba una conclusión lapidaria: Diego había sido "abandonado a su suerte".

La ironía de su final resuena con la primera gran enseñanza de las arengas maradonianas, aquella del "barro y el origen". Maradona solía encender a sus compañeros gritando: "Ellos tienen millones, pero nosotros tenemos hambre". Exigía recordar las carencias de la infancia para salir a la cancha a "comerse" al rival.

En su lecho de muerte, rodeado de una fortuna incalculable que otros administraban, a Diego le faltó lo más básico: cuidado y dignidad. Aquella motivación visceral de transformar la presión en representación social parece haberse invertido en sus últimos días, donde el hambre de gloria fue remplazada por la desidia médica en un cuarto improvisado.

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Piernas cortadas y el banquillo de los acusados

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El expediente penal fue tomando la forma de un contraataque letal. Entre 2021 y 2022, la Fiscalía imputó a ocho profesionales de la salud. Encabezando la lista estaban el neurocirujano Leopoldo Luque y la psiquiatra Agustina Cosachov, seguidos por el psicólogo Carlos Díaz, la médica coordinadora Nancy Forlini, el coordinador de enfermeros Mariano Perroni, los enfermeros Ricardo Almirón y Dahiana Madrid y el médico clínico Pedro Di Spagna.

La acusación no era menor: homicidio simple con dolo eventual, un delito que en Argentina se paga con 8 a 25 años de prisión.

Para abril de 2023, la Justicia elevó oficialmente el caso a juicio oral. El equipo que debía velar por la salud del "Diez" ahora enfrentaba a los tribunales. La internación domiciliaria fue calificada como temeraria y deficiente. Diego, que durante toda su carrera protegió la pelota con su cuerpo frente a los defensores más rudos de Europa, en sus últimos días no tuvo defensa alguna. Su círculo íntimo de la salud fue señalado por mirar hacia otro lado mientras el capitán se hundía.

Es imposible no trazar un paralelismo entre este proceso penal y el Mundial de Estados Unidos 1994. Aquella vez, frente a las cámaras de todo el planeta, un Diego destrozado inmortalizó la frase: "Me cortaron las piernas, pero el alma no".

En el vestuario y en las arengas actuales, esa frase es combustible puro, un símbolo de resiliencia ante los fallos adversos o la injusticia. Hoy, en los fríos pasillos de los tribunales, los hijos de Diego sienten que a su padre le cortaron las piernas una vez más, no con un control antidopaje, sino con la negligencia y el abandono de quienes juraron sanarlo.

El peso de la camiseta de Maradona y un juicio anulado en el escritorio

Mientras la causa penal avanzaba a tropezones, en el terreno civil se desataba un clásico de alta tensión: la pelea por la herencia y la marca "Maradona". Los herederos universales apuntaron sus cañones contra Matías Morla, el exabogado y último apoderado de Diego.

Morla, a través de la empresa Sattvica S.A., controlaba los derechos de imagen del astro. Las hijas, especialmente Dalma y Gianinna, lo acusaron de fraude y de haberse apropiado del usufructo comercial aprovechándose del estado de vulnerabilidad cognitiva de su padre. Los contratos póstumos y las cuentas en el exterior se volvieron un campo de batalla de millones de dólares.

A la par, el juicio penal comenzó a fragmentarse en 2024, cuando la enfermera Dahiana Madrid solicitó ser juzgada por un jurado popular, dividiendo la causa. El verdadero terremoto llegó en 2025. En pleno desarrollo del juicio oral, un escándalo mediático hizo volar todo por los aires. La difusión de un documental expuso irregularidades severas que comprometían a la jueza del caso, Makintach. Esto derivó en su destitución y en la insólita anulación completa del proceso penal. Todo debía empezar desde cero.

En este caos de marcas registradas, juicios nulos y abogados, resuena otro eco del vestuario argentino: "La camiseta de la selección se lleva en la piel" y "A la selección no se le dice que no".

Maradona exigía compromiso total y renuncia al ego. Hoy, sus herederos pelean por rescatar la verdadera "piel" de su padre de las garras corporativas. Y ante el revés judicial de 2025, aplica perfectamente la narrativa de los recientes spots de la AFA, que utilizan la voz en off de Diego para recordar que "para el argentino, nada es fácil, y por eso se disfruta más".

 La justicia para el ídolo argentino parece estar signada por esa misma estética del sufrimiento; un partido que se debe sufrir hasta el alargue.

El mito protector de Maradona y el segundo tiempo infinito

15 de julio de 2026. En medio de la semifinal que enfrentará en un Mundial a Argentina contra Inglaterra 40 años después de la mítica ‘Mano de Dios’ de Diego, el aire en el Tribunal Oral N°7 de San Isidro se corta con un cuchillo.

Han transcurrido tres meses desde que el segundo juicio oral arrancó oficialmente, el pasado 14 de abril, tras una reprogramación en marzo. Siete imputados han vuelto al banquillo (tras la separación del caso de la enfermera Madrid) y un desfile de más de 120 testigos ha vuelto a narrar la agonía. Ninguna hoja del juicio anterior sirve. Todo el dolor se repite. En las últimas jornadas, Dalma Maradona, con la voz quebrada, relató ante los jueces el descontrol de la casa en Tigre.

A más de cinco años de su muerte física, la resolución de su herencia comercial sigue atascada en despachos de San Telmo y Puerto Madero, mientras que en San Isidro el veredicto sobre su muerte sigue siendo una incógnita. La vida de Diego, que fue vértigo puro desde la pobreza hasta la gloria absoluta, ha encontrado en su muerte un laberinto burocrático que contrasta con la velocidad de su zurda.

Más allá de los tribunales, la figura de Diego ha mutado. La segunda arenga, la del "Mito Protector", es hoy la más fuerte. Ya no es solo el jugador terrenal; es la fuerza mística que acompaña desde arriba. Como reza el himno "Muchachos", cántico de los argentinos en el pasado mundial: "Y al Diego, en el Cielo lo podemos ver, con Don Diego y con la Tota, alentándolo a Lionel".

Mientras la Justicia de los hombres sigue empantanada en expedientes, amparos y disputas de poder, el mito ya ha sido juzgado y absuelto por su pueblo. El hombre sufrió, se equivocó y murió, pero el "Pelusa", ese que desde el cielo empuja a su país en busca de una nueva final que le dé la cuarta Copa del Mundo a Argentina, ya es eterno.

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Por Christopher Ramirez

Periodista Apasionado por la literatura y la crónica urbana.