El nuevo gobierno deberá reconstruir lo destruido en 4 años y tendrá la oposición implacable de Petro. Abelardo deberá tener victorias tempranas y resultados rápidos

 - El Tigre no puede dejar que se lo coma la oposición

Gustavo Petro no acabó con Colombia. Pero sí la dejó al borde del colapso. Y la intervención que tendrá que practicar Abelardo de La Espriella para evitar ese colapso será radical y dolorosa.

Colombia padece varios cánceres. Y todos han hecho metástasis por cuenta de la ineptitud y de la irresponsabilidad del, por fortuna, saliente presidente. Y lo más grave es que para que el paciente no se muera, el Tigre tendrá que extirpar varios tumores al mismo tiempo

La primera tarea que deberá acometer será sacar de la quiebra las finanzas públicas. Porque sin plata no se pueden solucionar los otros males que aquejan al país

Colombia cerrará este año con un déficit fiscal de 6,4%, el segundo más alto de América Latina, sólo superado por el de Brasil. Hablando en cristiano, eso significa que el Estado colombiano gasta mucho más de lo que ingesa.

En 2022 ese déficit alcanzaba el 5,4% y se había disparado fundamentalmente en la pandemia cuando, debido a la recesión en la que cayó la economía mundial, los ingresos del Estado se evaporaron y los gastos se multiplicaron. De hecho, en 2020 cuando la pandemia tuvo su pico más alto, el déficit llegó al 7,8%, pero dos años después se había reducido dos puntos.

El de Petro fue un gobierno derrochón y perezoso. Entre 2022 y 2026 los gastos se dispararon y el recaudo disminuyó. El crecimiento de las erogaciones no se debió a que Petro hubiera dejado grandes obras sino simplemente al incremento desbordado de la burocracia y de otros gastos ociosos.

En ese cuatrienio se calcula que se crearon 600.000 cargos estatales. O sea, puestos improductivos y que solo sirven para hacer politiquería.

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Lo primero que tendrá que hacer el nuevo gobierno es meterle un fuerte tijeretazo a la nómina estatal. Ese estado gigantesco e inoficioso no se puede mantener. El papel del Estado no es el de ser el principal empleador sino el de facilitar las condiciones para que las empresas generen empleo productivo.

Algunos subsidios tendrán que ser revisados y solo se deberán preservar aquellos que beneficien de una forma efectiva a la población más vulnerable.

Otra labor que deberá emprender el gobierno de Abelardo es eliminar o reducir a su mínima expresión una cantidad de entidades del Estado que le resultan sumamente gravosas al Estado y no sirven para nada. La Contraloría, la Procuraduría, la Defensoría del Pueblo, entre otras.

Que bueno sería recortar también el tamaño del Congreso que hoy tiene 286 miembros. Si se recorta esa cifra a la mitad no pasa nada y el ahorro sería grande. El Parlamento funcionaría perfectamente con 50 senadores y 80 representantes. Y siguen siendo muchos.

Mejor dicho, De La Espriella tendrá que aplicar una terapia de choque, del estilo de la que implementó Javier Milei en Argentina, gracias a la cual ese país no solo salió de la quiebra sino que en 2025 logró superávit fiscal, algo exótico en nuestras repúblicas bananeras.

Pero con el recorte de gastos no basta. También habrá que aumentar los ingresos. Comenzando por el recaudo de impuestos, que se desplomó entre el 2022 y el 2026. En 2022 cayó un 5,3% frente al 2021; en 2023 la caída fue del 4,3%&, en 2024 llegó al 6,8% y en 2025 la disminución fue del 7,1%

La política energética, torpe y demagógica, constituyó otro duro golpe a las finanzas del Estado. Petro se dedicó a marchitar a la principal empresa del país, Ecopetrol, y lo logró: mientras en 2022 esa empresa tuvo utilidades cercanas a los $36 billones, para el 2025 de habían reducido a una cuarta parte, $9billones,

Para revivir a Ecopetrol se deberá reanudar la firma de contratos de exploración y explotación, ofreciendo estabilidad legal a los inversionistas extranjeros. Y habrá que implementar el fracking, como han hecho con tanto éxito países como Canadá y Estados Unidos.

Los mamertos se han dedicado a estigmatizar esa tecnología con el argumento de que es funesta para el medio ambiente. Si ello fuera cierto los canadienses y los gringos no la estarían implementando. La esperanza es que en la campaña el Tigre aseguró que “el fracking no es una opción sino una obligación”.

El orden público padece una situación tan o más calamitosa que la que afecta a las finanzas públicas. Por cuenta de la terrible Paz Total y de la decisión de no erradicar los cultivos ilícitos, los terroristas crecieron exponencialmente, se enriquecieron y se armaron hasta los dientes.

Según la Fundación Ideas Para la Paz, a diciembre de 2025, estas estructuras sumaban más de 27.000 integrantes, entre hombres en armas y redes de apoyo, lo que representa un crecimiento del 23,5 % respecto a diciembre de 2024. Esto significa que más de 5.000 personas se sumaron a estas organizaciones ilegales en solo un año.

Consecuencia, buena parte del territorio colombiano es controlado por el ELN, las disidencias de las Farc, el Clan del Golfo y otros especímenes similares.

Abelardo de La Espriella tiene muy claro que en este país no se puede volver a hablar de procesos de paz hasta cuando los bandidos tengan verdaderas razones para desmovilizarse. O sea, cuando hayan sido golpeados duramente por las Fuerzas Militares Y cuando los cultivos ilícitos se hayan reducido de fuerza sustancial.

Entablar negociaciones de paz con unos bandidos envalentonados y poderosos termina casi siempre en una claudicación

La recuperación del sistema de salud es otra necesidad imperiosa. A ese sector hay que trasladarle los recursos que requiere. Que son muchos porque la clase política de este país le vendió a los colombianos la idea de que ese sistema de cubrir a todas las personas y todas las enfermedades. Lo que no ofrece ningún sistema de salud del mundo.

Y así, por donde mire, el nuevo gobierno deberá trabajar muy duro para reconstruir lo que se destruyó en estos cuatro años. No será una tarea fácil y menos con una oposición implacable como la que encabezará Gustava Petro.

Con lo cual, Abelardo tendrá que tener victorias tempranas y mostrar resultados muy rápido. Porque de lo contrario, la oposición se puede comer al Tigre.

Del mismo autor: Las cinco razones por las que Abelardo de la Espriella será presidente

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Por Diego Martínez Lloreda

Nací en Bogotá y estudié comunicación social en la Universidad Javeriana. En marzo de este año completé 29 años de trabajo en El País y 39 de ejercicio profesional. En El País fui Editor de Cali, Director de Proyectos Especiales, Asistente de la Dirección, Jefe de Redacción, Director de la oficina de El País Bogotá, Editor General, Director de Información y Director General. En El País escribí los editoriales de los domingos y una columna semanal que se llamaba el Martillo. Dirigí y presenté el programa semanal Al Banquillo con Martillo. Durante siete años mi columna Martillo fue la más leída por los líderes de opinión del Valle del Cauca, según la encuesta de Cifras y Conceptos. Durante cinco años presenté y coordiné el programa la Hora del Martillo por Telepacífico y fui fundador del programa radial Oye Cali. Dirigí el equipo ganador del premio Simón Bolívar a mejor cubrimiento informativo en el 2008 y en el 2011 gané el premio al mejor periodista del año. En 2018 fui galardonado con el Premio Gabo al editor Ejemplar y en 2019 obtuve el premio Alfonso Bonilla Aragón, a la mejor columna periodística.