Texto escrito por: Rodrigo López Oviedo
Un hecho que debe destacarse en el análisis de los resultados de la pasada segunda vuelta presidencial es que Iván Cepeda incrementó en 3 millones 4 mil votos los guarismos que obtuvo en la primera, mientras que el señor Abelardo de la Espriella solo pudo aumentarlos en 2 millones 594 mil votos.
El crecimiento de De la Espriella estaba más que cantado, pues se daba por hecho que para el repechaje se le sumarían la mayoría de los votos obtenidos por el resto de la derecha. En cambio, el de Cepeda era incierto, sobre todo por la tendencia muy nuestra de no acercarnos al árbol que está caído. Esto hace digno de destacar el que, con unos cuantos cambios en su estrategia, por poco rebasa a su contendor.
Estos datos, que si bien no disminuyen la gravedad que para el pueblo colombiano tiene el que la izquierda dejara perder la Presidencia de la República y, con tal pérdida, su esperanza de continuar las transformaciones en que con tanta convicción venía empeñado, ayudan a dejar en sus justas proporciones el tamaño del golpe sufrido y la responsabilidad de quienes puedan tenerla. Una buena dosis de crítica y autocrítica le vendría bien al Pacto Histórico, sobre todo ahora que está ad-portas de un Congreso en el que se tendrán que rendir cuentas y disponer los ajustes que sean necesarios.
Parte del análisis que debe surtirse en este Congreso tiene que ver también con la valoración de los logros más importantes que se han alcanzado en estos últimos años, algunos de los cuales son los siguientes:
- Primero: consiguió con Gustavo Petro la primera Presidencia progresista desde tiempos de López Pumarejo.
- Segundo: logró contener los ímpetus golpistas de la extrema derecha.
- Tercero: conquistó algunas reformas sociales y jurídicas que, aunque pocas con respecto a lo buscado, resultaban impensables bajo la política tradicional.
- Cuarto: demostró que las transformaciones en que está empeñado son perfectamente alcanzables, como alcanzable es superar el traspié de estas elecciones y volver a la Casa de Nariño.
Y como si fuera poco, logró transformar una coalición electoral en un partido unificado y con demostradas posibilidades de acceso al poder. Gracias a esto, la izquierda dejó de ser una sumatoria de fuerzas marginales y electoralmente ineficaces para convertirse en la fuerza política más importante del país.
Estos son logros que llaman a poner el acento en lo valioso de este proceso unitario antes que en aquellas cosas que puedan romperlo. Lo peor sería dejar que el proyecto pierda su rumbo, sobre todo en los tiempos de tormenta que sevecinan.
También le puede interesar:


