Más allá de las armas: la seguridad en este cuatrienio depende de llevar justicia, empleo y vías a los territorios olvidados para romper el ciclo de violencia

 - El gran reto de De la Espriella es poder devolverle la tranquilidad a los territorios colonizados por la violencia
Texto escrito por: Luis Alberto Henao Gallardo

El nuevo gobierno llega con una lista larga de problemas, Pero ninguno de esos problemas se resuelve sin lo básico, salud, educación y empleo, aunque hay un factor mucho más grande que impide mejorar la calidad de vida de las comunidades y es la seguridad donde la gente pueda salir a la calle sin miedo y que el Estado vuelva a mandar donde hoy manda el fusil.

Por eso, en este cuatrienio, la seguridad no es un tema sectorial. Es la apuesta que define si el gobierno es el que tiene el control o los grupos armados. Colombia, un país partido en dos mapas: Hay un país donde la ley funciona, la inversión llega y los servicios públicos operan. Y hay otro donde el que regula la vida diaria es un grupo armado, un narcotraficante o un extorsionista.

Esa fractura no se arregla con discursos. Se arregla ocupando territorio con algo más que soldados. Se necesita justicia que funcione, vías que saquen la producción, escuelas abiertas todo el año y empleo legal que compita con la economía ilícita. Si no se ocupa el vacío, otro lo ocupa.

La apuesta es dejar de pelear la guerra de ayer. Durante años la discusión se quedó en “mano dura vs. diálogo”. Esa dicotomía ya no sirve. La realidad de 2026 exige una seguridad integral con tres patas:

  • Control territorial con inteligencia: más investigación financiera, más judicialización efectiva, menos operativos que salen en la noticia y no llegan a condena. Sin resultados judiciales, la violencia se recicla.
  • Presencia estatal inmediata: cuando se recupera una zona, el Estado tiene 90 días para demostrar que llegó para quedarse. Carreteras terciarias, brigadas de salud, programas de empleo rural. Si no llega, el vacío vuelve.
  • Desarticulación de las finanzas criminales: el narcotráfico, la minería ilegal y la extorsión se sostienen por la plata. Golpear el dinero duele más que golpear el fusil.

Si estos tres puntos funcionan, el gobierno gana margen para mover la agenda social y económica. La inversión privada vuelve, el turismo en regiones se reactiva, y los programas sociales llegan sin que se los robe la violencia.

Si falla, la inseguridad se come el presupuesto, se bloquea la ejecución de obras y el país vuelve a entrar en el ciclo de desconfianza y abstención.

Colombia no espera que el nuevo gobierno acabe con la violencia en 4 años. Eso sería vender humo. Lo que espera es ver que el Estado puede volver a gobernar donde hoy no gobierna nadie.

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La seguridad es la primera prueba. Si se pasa, todo lo demás tiene una oportunidad. Si se pierde, el resto del cuatrienio se va en apagar incendios.

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Por Nota Ciudadana

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