El negociazo del jeque árabe que se quedó con los estadios de Catar el mundial del 2022

Mohammed Bin Hammam pagó más de USD$ 6 millones en sobornos para que el país arabe se ganara la sede que convirtió en la mejor inversión de su vida

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junio 19, 2019
El negociazo del jeque árabe que se quedó con los estadios de Catar el mundial del 2022

Apenas los trabajadores de India, Nepal y Bangladesh cruzan la frontera con Catar las autoridades les quitan los pasaportes, los meten en unos furgones y los llevan a algunos de los estadios que se construyen bajo el inclemente clima catarí. Nadie sabe cuántos trabajadores han sido humillados, maltratados, golpeados o muerto desde que en febrero del 2011 empezaron las obras que emprendió el jeque Tamim bin Hamad Al Thani, Emir de Catar. Amnistía internacional afirma, en su último informe, que la cifra fácilmente podría contarse por miles.

Son esclavos que viven en condiciones lamentables, hacinados en centros de trabajo en donde difícilmente les pagan y sólo les dan de comer cuando veedores internacionales llegan a comprobar qué tan profundo es el infierno.

El Mundial de Catar fue uno de los caprichos que Tamim bin Hamad Al Thani empezó a cocinar en el 2009. La persona que haría realidad el sueño de un segundo mundial en Asia sería Mohammed Bin Hammam, poderoso presidente de la Confederación Asiática de Fútbol y de la compañía Kenko, la más importante de ese país y quien está al frente de la construcción de cinco superestadios.

En la Fifa llegó a ser tan importante que pensó en su momento en hacer campaña para remover a Joseph Blatter de su cargo. En la Fifa era el compañero de Julio Humberto Grondona en la Comisión de Finanzas. Desde allí apuntó sus misiles a su objetivo máximo: quedarse con la sede del 2022.

Octubre de 2010 en un lujoso hotel en Johannesburgo, Suráfrica. Se decidía la sede del 2022. En un descanso Bin Hammam abordó a un dirigente inglés. Sin tapujos le dijo que si él votaba para que fuera sede Catar en el 2022, él lo ayudaría a que Inglaterra ganara la sede en el 2018. El Inglés le dijo que no. Con otros dirigentes Bin Hammam fue más directo. Por ejemplo a Jack Warner, uno  de los vicepresidentes de la Fifa y mandamás de la Concacaf, le depositó USD$1.1 millones a su cuenta bancaria. Luego les abonó USD$ 150 mil a seis presidentes de federación de países africanos. Adempas se reunió en el Elíseo —palacio de gobierno francés— con Michel Platini, hombre fuerte de la UEFA y Nicolás Sarkozy, entonces presidente de Francia en donde se cuadró que Francia daría su voto para que Catar realizara su mundial. La votación fue favorable: de 22 votos lograron 14, ganando ampliamente a Estados Unidos, Australia, Japón y Corea del Sur que también buscaban ser sedes.

La trama fue tan grosera que un año después ya había sospecha de corrupción. En 2011 el magnate catarí fue inhabilitado de por vida. Blatter, dolido porque Bin Hammam buscaba correrle la silla reconoció públicamente que había sido un error darle el mundial a Catar. Platini cayó esta semana por haber votado por el país árabe. Aunque salió libre temporalmente es probable que vuelva a caer preso. Bin Hammam mientras tanto parece intocable aunque fue el gran corruptor que torció la votación a favor de Catar y uno de los culpables de que los trabajadores de los estadios en su país estén bajo condiciones infames.

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