José María Villa hizo parte del equipo de ingenieros que hicieron el puente colgante de Manhattan y estuvo detrás de la emblemática obra de ingeniería colombiana

Two-panel image: left shows a bearded man in a formal coat with the caption 'Ingeniero antioqueño'; right shows a long cable-suspension bridge over a river with green hills in the background. - El ingeniero paisa que tendió el puente de Occidente, después de haber aprendido en el de Brooklyn, en NY

Con una media de aguardiente en una mano y su violín en la otra, el ingeniero José María Villa se paró en la mitad de un puente y comenzó a bailar. No estaba celebrando cualquier obra: acababa de ver terminada una construcción que durante años había parecido una locura y que terminó convirtiéndose en una de las grandes proezas de la ingeniería colombiana.

Era el Puente de Occidente, una estructura que debía mantenerse suspendida unos 300 metros sobre el río Cauca y alcanzar los 291 metros de longitud. Una obra monumental para finales del siglo XIX y, para Villa, mucho más que un proyecto de ingeniería: era la oportunidad de demostrar que desde Antioquia también podían imaginarse y levantarse construcciones capaces de desafiar los límites de su época.

 - El ingeniero paisa que tendió el puente de Occidente, después de haber aprendido en el de Brooklyn, en NY

Aquel hombre que celebraba tocando el violín había sido considerado desde niño como alguien con un talento especial para las matemáticas. Su pueblo natal, Sopetrán, terminó quedándole pequeño y su camino lo llevó primero a Medellín y luego a Estados Unidos, donde tuvo la posibilidad de acercarse a una de las obras más famosas de Norteamérica: el Puente de Brooklyn.

Aquella experiencia sería determinante para lo que años después haría en Antioquia.

El puente que buscaba acercar Antioquia al mar

Antes de terminar el siglo XIX, Antioquia tenía un problema que iba mucho más allá de construir una vía: necesitaba conectarse con el mar. El oro y el café eran fundamentales para la economía regional y mejorar las rutas comerciales era una prioridad.

En ese contexto apareció el proyecto de construir un puente sobre el río Cauca. El diseño quedó en manos de José María Villa, quien tuvo que enfrentarse a unas condiciones que hoy parecen difíciles de imaginar: debía ser una estructura de más de 290 metros, soportar hasta 95 toneladas, resistir los fuertes vientos del occidente antioqueño y, al mismo tiempo, mantenerse dentro de un presupuesto limitado.

Vintage architectural drawing of a suspension bridge with a tall pylon and a two-story pavilion atop a brick foundation. - El ingeniero paisa que tendió el puente de Occidente, después de haber aprendido en el de Brooklyn, en NY

La financiación combinó recursos públicos del Gobierno departamental de Antioquia y capital privado a través de una compañía constructora. La obra costó alrededor de 171.300 pesos de la época, divididos en acciones de valor accesible. A cambio de la inversión, durante el gobierno del general Marceliano Vélez se concedió a la compañía el derecho exclusivo de cobrar un impuesto de paso, conocido como pontazgo, durante 80 años.

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Villa tuvo que echar mano de su creatividad para enfrentar las limitaciones de la época. Aunque parte del acero llegó desde Estados Unidos, también recurrió a materiales disponibles en Antioquia, como la madera de los bosques de la región.

Pero el verdadero desafío estaba arriba: los cables que debían mantener suspendido el puente.

Two black-and-white photos of a cable-stayed suspension bridge with tall concrete towers and supporting cables spanning a river; left panel shows foreground towers and a pedestal building, right panel offers an elevated view along the bridge. - El ingeniero paisa que tendió el puente de Occidente, después de haber aprendido en el de Brooklyn, en NY
Foto: Banrepcultural.

El conocimiento adquirido en Estados Unidos resultó fundamental. Villa había llegado allí después de recibir una beca para estudiar ingeniería mecánica en el Instituto Stevens de Tecnología, en Nueva Jersey. Durante la década de 1870, Antioquia atravesó dificultades económicas que hicieron que la ayuda que recibía se interrumpiera, pero el joven ingeniero encontró la manera de continuar con sus estudios y graduarse.

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Por esos mismos años se construía en Nueva York el Puente de Brooklyn, la gigantesca estructura que conectaría Manhattan con Brooklyn sobre el río East. Villa participó como ingeniero auxiliar en los diseños y pudo conocer de cerca una obra que estaba marcando un antes y un después en la ingeniería.

Night view of the Brooklyn Bridge and the Manhattan skyline across a reflective river at night. - El ingeniero paisa que tendió el puente de Occidente, después de haber aprendido en el de Brooklyn, en NY

Años después llevaría parte de ese conocimiento a su tierra.El Puente de Occidente comenzó a construirse el 4 de diciembre de 1887 y no estuvo exento de dificultades. Los derrumbes, las enfermedades que afectaron a los trabajadores, los problemas para conseguir mulas que transportaran los materiales y la falta de dinero fueron retrasando un proyecto que por momentos parecía condenado a quedarse en planos.

Pero no ocurrió. En diciembre de 1895, el puente finalmente fue inaugurado. Una de las pruebas más recordadas consistió en hacer pasar 400 mulas al mismo tiempo por la estructura para comprobar su resistencia.

El resultado confirmó lo que Villa había calculado. El Puente de Occidente se convirtió en una de las obras más importantes de la ingeniería colombiana y todavía hoy permanece como uno de los símbolos de la capacidad de Antioquia para transformar sus propias limitaciones en soluciones.

El ingeniero que también ayudó a iluminar Medellín

La historia de José María Villa no terminó con el puente. Su talento también estuvo detrás de los cálculos para la primera generadora de energía de Medellín, infraestructura que permitió que años después la ciudad pudiera comenzar a iluminarse de una manera diferente.

Black-and-white portrait of a man with a full beard and long hair, wearing a dark suit. - El ingeniero paisa que tendió el puente de Occidente, después de haber aprendido en el de Brooklyn, en NY

Villa, sin embargo, no fue solamente el ingeniero encerrado entre planos, números y cálculos. También tenía una faceta que poco tenía que ver con las estructuras: tocaba el violín como pasatiempo.

Quizás por eso aquella imagen suya en medio del Puente de Occidente, con el instrumento en una mano y el aguardiente en la otra, resulta tan apropiada para cerrar la historia. Después de años de cálculos, dificultades y obstáculos, el hombre que había imaginado una estructura suspendida sobre el Cauca podía darse el lujo de celebrar.

Su puente no solo había quedado en pie. Había cambiado para siempre la manera en que Colombia miraba la ingeniería y dejó una obra que más de un siglo después sigue sorprendiendo a quienes la contemplan.

Ahora, el Puente de Occidente busca además ser reconocido como patrimonio de la humanidad, una distinción que pondría nuevamente en el centro de la conversación a aquel ingeniero de Sopetrán que un día salió de Antioquia para aprender de las grandes obras del mundo y terminó construyendo una de las más extraordinarias de su propia tierra.

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Por Daniel Murcia

Periodista de Las2Orillas, apasionado por contar historias que conectan con la realidad cotidiana y dar voz a quienes pocas veces son escuchados.