María Carolina Hoyos, la mujer que continúa con el legado de Nidia Quintero y su obra por Colombia
Maria Carolina Hoyos, la mujer que asumió el reto de seguir con el legado de Nidia Quintero y su fundación
Hay herencias que llegan en forma de apellido, otras en forma de recuerdos y algunas que se construyen viendo trabajar a alguien desde que uno es pequeño. Para María Carolina Hoyos Turbay, la más importante llegó de la mano de su abuela, Nidia Quintero de Turbay, quien durante décadas convirtió la solidaridad en una causa de vida y creó la Fundación Solidaridad por Colombia.
María Carolina todavía conserva una fotografía que resume buena parte de esa historia: ella aparece siendo una niña, al lado de su abuela en la oficina, observándola trabajar. Allí comenzó a entender que ayudar a los demás no era algo que se hacía para conseguir un titular o un reconocimiento, sino una manera de vivir.
Hoy, como presidenta de la Fundación Solidaridad por Colombia, ocupa el lugar que durante años perteneció a quien considera una de sus grandes heroínas. Y precisamente por eso, una de sus primeras lecciones de liderazgo fue entender que no podía intentar convertirse en ella.
“Los zapatos de mi abuela Nidia son imposibles de llenar”, es una de las ideas que atraviesa su manera de asumir el cargo. Su apuesta ha sido otra: tomar aquello que aprendió de ella, mantener vivo el propósito y encontrar una voz propia.
Periodista de profesión, María Carolina también pasó por el sector público como viceministra de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones. Esa experiencia terminó mezclándose con la formación que recibió en casa y con una convicción que hoy lleva a la dirección de la fundación: el liderazgo no consiste en copiar modelos, sino en aprender de los referentes para construir una esencia propia.

Innovar sin perder el propósito
Esa mirada también se refleja en la transformación de una de las tradiciones más reconocidas de la organización. Después de 48 años como una caminata que recorría las calles de Bogotá, la Caminata por la Solidaridad evolucionó hacia una experiencia de dos días en el Estadio El Campín.
El sábado se convirtió en un festival musical y el domingo en una carrera con recorridos de 3K, 5K, 10K y 21K. El cambio responde, en parte, a una realidad que María Carolina entiende desde su experiencia en tecnología: las formas de relacionarse con el público cambiaron y las organizaciones también tienen que hacerlo.
Pero innovar no significa perder el propósito. En esta edición, los recursos recaudados se destinan a apoyar a las víctimas del terremoto del 10 de agosto, continuando con una historia de atención a emergencias que la fundación ha desarrollado durante décadas, desde el maremoto de Tumaco y el terremoto del Eje Cafetero hasta el huracán Iota, el COVID y las inundaciones en diferentes regiones del país.
La tecnología también se convirtió en una herramienta para hacer más transparente esa labor. La fundación utiliza software para administrar activos, hacer seguimiento a las obras, controlar costos y conocer cómo llegan las ayudas a los territorios. Durante la pandemia, esa capacidad permitió hacer seguimiento a la entrega de más de un millón de mercados en los 32 departamentos.
|Le puede interesar De aprendiz a presidente: la historia del paisa que nunca abandonó Auteco y hoy lídera la compañía
Para María Carolina, sin embargo, la innovación no consiste solamente en incorporar herramientas nuevas. Es una actitud. Los procesos, dice, no deberían tener una última versión porque siempre existe la posibilidad de hacer las cosas de una manera diferente.
Esa misma idea aparece cuando habla de liderazgo. No cree que los presidentes de organizaciones o los jefes sean los únicos líderes. Para ella, todos tienen que aprender a liderar, empezando por la propia vida y continuando con las pequeñas comunidades que cada persona tiene alrededor.
Su propia manera de mantenerse firme se sostiene en tres pilares: una red de apoyo, la fe y un propósito. En ese último punto aparecen sus hijos, Tomás y Mateo, a quienes considera parte fundamental de su razón para seguir adelante incluso cuando las cosas no salen como quisiera.
Esa preocupación por lo que deja en los demás también está relacionada con su segundo libro, Felicidad imperfecta, en el que habla de la “herencia invisible”: aquello que los mayores transmiten a través del ejemplo y que luego cada generación entrega a la siguiente.

Por eso procura llevar a sus hijos al trabajo. Quiere que vean, más que escuchar, qué significa trabajar por otros y no ser indiferentes frente a lo que ocurre alrededor.
Incluso una de sus grandes pasiones, el buceo, terminó convirtiéndose en una escuela de liderazgo. Bajo el agua aprendió a escuchar su propia respiración y, con ella, su voz interior; entendió la importancia de confiar en el equipo y descubrió una lección que también aplica fuera del mar: para recibir oxígeno nuevo primero hay que aprender a soltar.

En su visión, liderar tampoco significa tener todas las respuestas. Significa aprender, escuchar, trabajar con otros y buscar permanentemente una mejor versión de uno mismo.
Quizá por eso, al hablar del legado de su abuela, María Carolina no piensa únicamente en la fundación. Su verdadera aspiración está en mantener viva esa “herencia invisible” y convertirla en algo propio: una forma de liderar desde la solidaridad, la innovación y el servicio, pero también desde la autenticidad.
Vea también:
Anuncios.


