La desinflada de Guaidó

El tiempo corre en su contra, sus planes apoyados por 54 países para sacar del poder a Nicolás Maduro no cuajaron, y la oposición vuelve ahogarse en la división

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julio 09, 2019
La desinflada de Guaidó

El 30 de abril parecía ser el día D. El principio del fin del régimen de Nicolás Maduro. No fue así. La asonada militar no llegó a levantamiento, los funcionaros clave no cambiaron de bando, y el único saldo de la adelantada y fallida Operación Libertad fue la libertad del líder opositor Leopoldo López, refugiado en la Embajada de España. Desde ese día el ímpetu de la oposición ha disminuido. Las enormes manifestaciones han languidecido. Y en el fuerte apoyo de la calle empieza a hacer mella la frustración y el agotamiento.

Los sondeos de varias encuestadoras señalan, no obstante, que el apoyo a Juan Guaidó sigue siendo alto, aunque bajó del 61,2 % de febrero a 56,7 % en mayo, según Datanálisis. DainCorp señala que los venezolanos que reconocen a Guaidó como presidente legítimo eran 49 % en febrero, en junio 36 %. Nicolás Maduro toca fondo con solo 10,1 % de aprobación, el porcentaje más bajo para un presidente Venezuela desde 1999.

Juan Guaidó marcha contra el reloj. El tiempo se le está agotando. Su proclamación el 23 de enero invocó el “vacío de poder” basándose en los artículos 233, 333 y 350 de la Constitución según los cuales corresponde al titular del Legislativo ocupar de forma temporal el Ejecutivo y convocar elecciones. Guaidó deberá, en consecuencia, fijar muy pronto una fecha para ellas. En seis meses, el 5 de enero deberá ceder el cargo de presidente de la Asamblea Nacional al dirigente de uno de los partidos de la oposición, según el pacto que hicieron tras la victoria en las elecciones legislativas del 2015. Que se apruebe la renovación de Guaidó es una posibilidad, aunque remota, conocedores de la política venezolana, señalan la ambición de otros partidos por esa posición.

Estados Unidos fue el primer país en reconocer a Guaidó y Pompeo acaba de ratificar el apoyo

Como presidente encargado Guaidó recibió el reconocimiento de 54 naciones occidentales e inyectó esperanzas en la fragmentada oposición que recuperó la perdida iniciativa política. Seis meses después esta vuelve a dar señales de división. En un bloque estarían Leopoldo López de Voluntad Popular, Henry Ramos Allup de Acción Democrática, Julio Borges de Primero Justicia, y Manuel Rosales de Un Nuevo Tiempo. En el otro extremo, más radicales frente a Maduro, se encontrarían, entre otros, María Corina Machado de Vente Venezuela y Antonio Ledezma de Alianza Bravo Pueblo. El primer acto de gobierno de Guaidó, que fue la elección de embajadores, acentuó  las diferencias al designar a muchos amigos de su jefe político Leopoldo López, entre ellos al embajador en Estados Unidos, Carlos Vecchio.

Con la precipitada liberación de Leopoldo reventó otra arista más. Guaidó, que estaba lejos en la cola de Voluntad Popular para asumir como presidente de la Asamblea, según lo pactado, encontró su cuarto de hora por descarte porque el líder del partido estaba preso, Freddy Guevara asilado y Carlos Vecchio exiliado. Pero el millennial de la Guaira ha tomado mucho vuelo y ya se habla de la formación de un nuevo partido por parte de Guaidó, mientras se comenta coloquialmente que a López “se le creció el enano”, se hace notoria su abierta intervención en las actuaciones del presidente interino y se  hacen evidentes sus aspiraciones presidenciales. Voces se han oído en ese sentido. “Estamos en el umbral de un nuevo capítulo de la historia política venezolana. A Guaidó se le acabó su ciclo, ahora le toca a Leopoldo”, escribió el columnista de El Nacional, José Gregorio Meza.

A Venezuela también se le está acabando el tiempo. El colapso económico ha puesto a emigrar a cuatro millones de venezolanos -según cifras de la OEA- ha dejado a una parte de la población sin alimentos, sin medicinas, se ha disparado la mortalidad infantil, muchos no tienen servicio de agua y de tanto en tanto se suceden apagones en una red eléctrica sin mantenimiento adecuado. El gobierno feria las joyas de la corona energética en busca del apoyo de Rusia y China, que con Irán son sus grandes aliados.

Los derechos humanos están bajo la lupa internacional. La Alta Comisionada de los Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet, acaba de dar a conocer un informe en el que se dice que fuerzas de seguridad usan la tortura, arrestan y disparan a jóvenes como parte de una estrategia para neutralizar a la oposición. Y señala 6.800 ejecuciones extrajudiciales entre enero de 2018 y mayo de 2019. La responsable del informe, la chilena Bachellet es un ícono del socialismo latinoamericano, su padre murió brutalmente torturado durante el régimen de Augusto Pinochet, en el que según el informe oficial de la Comisión Valech se cifra en 3.065 los muertos y desaparecidos entre 1973 y 1990.

 

El capitán Rafael Acosta fue brutalmente torturado, su cadáver aún no ha sido entregado

La última de las muertes a manos de las fuerzas de seguridad del Estado ha sido la del capitán de la Armada, Rafael Acosta Arévalo, acusado de conspirar contra el presidente, mientras estaba en custodia de los servicios secretos. Acosta fue presentado ante un tribunal militar que ordenó de inmediato enviarlo al hospital de Fuerte Tiuna. El capitán había comparecido en una silla de ruedas con las uñas ensangrentadas y con dificultad para hablar pedía ayuda, algo que han confirmado su esposa y su abogado en varias declaraciones. Acosta falleció, el gobierno lo aceptó y se ha negado a la entrega de su cadáver. Ello motivó que Guaidó se levantara de la mesa de negociaciones de Noruega y convocara una marcha que el Día de la Independencia que llegó hasta una zona cercana a los servicios de contrainteligencia, al este de Caracas.

La pregunta que se hacen los venezolanos es si Guaidó tiene un Plan B. El domingo 7 de julio hizo dos anuncios, aparentemente contradictorios, que señalarían su intención de jugar en todos los frentes. Mientras aseguraba que pedirá a la OEA la reincorporación al Tiar (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca), sus negociadores recibían instrucciones para volver a la mesa de Noruega, que se trasladará a Barbados.

No toda la oposición está de acuerdo con los diálogos. Cuestionan, por ejemplo, que Guaidó haya aceptado realizarlos en un país que ni siquiera le ha reconocido como presidente, y señalan, apoyados en la experiencia, que ellos solo han servido para darle aire a un Maduro que ni se atrevió a realizar el desfile del Día del Ejército. Cuestionan también que a la postura de Guaidó de realizar elecciones presidenciales sin la participación de Maduro, este responda ofreciendo elecciones legislativas, algo insuficiente, más bien un engaño.

"Aquí nadie se chupa el dedo ¿Ustedes piensan que yo soy pendejo? (...) ¿Ustedes creen que vamos a ir a cualquier espacio a enfrentar la dictadura para que ganen tiempo? ¿Para qué se burlen de nosotros? A cada espacio que vamos es para enfrentarlos (...)”, dijo Guaidó antes de empezar la sesión de la Asamblea el Día de la Independencia. "No tenemos un tiempo ilimitado, cada día que pasa la situación empeora”, agregó días después al anunciar la presencia en la mesa de diálogo. Lo cierto es que el reloj está corriendo en su contra.

 

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