El ataque de Carlos Antonio Vélez contra los maestros colombianos

El comentarista deportivo declaró en Antena 2 que los maestros no quieren trabajar, ni enseñar y los culpó de los bajos resultados en las pruebas Pisa

Por: William Fernando González S.
febrero 21, 2020
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El ataque de Carlos Antonio Vélez contra los maestros colombianos
Foto: Twitter @velezfutbol

¿Cuánta ignorancia puede ser admitida en los medios de comunicación de nuestro país? Pues parece que, amparados en la libre expresión, algunos “dueños y señores de la verdad absoluta” se sienten con el derecho de deslegitimar el artículo 37 de la Constitución Política de Colombia, con suposiciones que atentan contra el buen nombre de los docentes del Magisterio colombiano.  Y, siendo un poco más atados a la ley, la protesta como derecho, también está ligada a la libertad de expresión, la libertad de asociación, la libertad de locomoción y el derecho de participación, que también se señalan en los artículos 20, 38 y 40 de la Constitución.

Sin embargo, al señor Carlos Antonio Vélez se le ha olvidado que los maestros, como intelectuales transformadores de la sociedad, son sujetos políticos que salen a la calle, no solo por dignificar la labor docente; sino que están allí ayer, hoy y el tiempo que sea necesario, para dignificar un derecho fundamental: el derecho a la educación. Educar, no es solo la transmisión de conocimientos; sino que educar, como verbo es una acción que se lleva a cabo para la construcción de individuos críticos, éticos, sociales y políticos que puedan vivir en comunidad. Sujetos capaces de reconocer sus deberes y derechos, tal y como se establecen en un Estado Social de Derecho como lo es nuestro país. Educar es formar para la vida conforme a una serie de habilidades, destrezas y competencias que se construyen en un proceso, que quizás, nunca termina y tiene un impacto en la vida social.

Es por eso que, en medio de la indignación que me producen las declaraciones de este comentarista de fútbol, se deben dejar en evidencia las falacias emitidas a la opinión pública en la que se atenta contra la ética de los maestros en Colombia. Lo primero que debería atender es lo relacionado a la vergüenza que se siente al ser el país con la peor nota en la OCDE, producto “no de los estudiantes; sino generalmente de los maestros.” Le quiero recordar, que el mismo Andreas Schleicher Director de Educación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) no ve en los maestros el problema de la educación; sino que reconoce las fallas del sistema en lo estatal.

Y son esas fallas las que llevan a los maestros a la calle a exigir un impacto del Estado en la educación. La escuela colombiana hoy, aún reproduce las lógicas educativas de la escuela tradicional, en donde las pruebas estandarizadas, que tanto le preocupan al señor Vélez, fomentan la memorización de saberes sin conocer su aplicación en los escenarios en los que se mueven los estudiantes. Esos conocimientos, que se han planteado en las orientaciones del Ministerio, ven al sujeto en formación como una tabula rasa que debe ser llenada de contenido sin explorar nuevas formas de generación de conocimiento que pongan al país en vanguardia del desarrollo científico y tecnológico. Pero claro, a una nación de esclavos, no le conviene enseñar a pensar, a crear, a transformar. Lo que es propio de esta sociedad medieval es obedecer, por eso nos dicen que es jueves y se debe ir a trabajar, que es viernes y se debe ir a trabajar… para nosotros marchar también es una forma de educar.

Al señor Vélez se le olvida que las escuelas rurales han sido invisibilizadas por el Estado colombiano. El campo sufre la ausencia de procesos educativos que lleven a un progreso de esta sociedad tan importante para la economía nacional. El campo no ha sido una tarea para las políticas educativas; pues es allí, donde los gamonales colombianos mantienen su escenario de guerra, haciendo de los campesinos los actores fundamentales de un negocio que mantienen desde la mitad del siglo pasado. En este escenario no hay una inversión significativa para disminuir la brecha social que se ha gestado en el capital cultural de nuestra nación.

Al señor Vélez se le olvida que los fondos de educación se reducen significativamente para pagar la deuda externa del país y cumplir con los tratados internacionales, ejemplo de ellos es la OCDE, que él mismo cita. Porque en este club de países ricos, nosotros somos el típico trabajador de estrato bajo que se endeuda para aparentar una forma de vida que no se tiene. Mucho se habla de la inversión en educación, sin embargo, esa inversión no es significativa con las necesidades que se mantienen en el país. Las escuelas carecen de laboratorios, bibliotecas, salones de arte, salas de informática, etc. Son muchas las escuelas de carácter oficial que son meramente espacios con sillas y tableros para fomentar el aprendizaje. Escuelas que se están cayendo y el Ministerio Nacional no invierte en esa infraestructura. Escuelas en las que los estudiantes son hacinados para tener que reducir el gasto público y no tener que invertir en aquellos que demandan el proceso educativo.

Pues no, déjeme decirle señor Vélez que la culpa de los resultados de la educación en Colombia no es de los maestros. Es de un Estado burocrático, ineficiente, retórico y mentiroso que jamás ha dado a la educación el estatus de derecho fundamental; sino que gobierno tras gobierno, ha diseñado como un privilegio donde los más perjudicados han sido las clases menos favorecidas. Un Estado que no contextualiza la educación a las necesidades sociales del país; sino que, construye retóricas del poder ajustadas a los requerimientos de los organismos internacionales a los que pertenece. Un Estado que violenta a los maestros y les pone el rotulo de victimarios que afectan a los estudiantes y a la población civil en general, cuando sale a demandar las prácticas injustas de la opresión estatal. El culpable de las pruebas es un Estado mentiroso, que se resguarda en la legalidad para implementar políticas educativas que atentan contra el verdadero desarrollo del individuo.

Se queja de la educación y no reconoce que las escuelas carecen de inversión en proyectos de investigación, Que los fondos del P.A.E y de las rutas escolares terminan en los bolsillos de los contratistas. Se queja de los maestros y tenemos un orientador escolar para más de 1500 estudiantes (en el caso que se tenga, porque en muchos otros ni se tienen). Se queja de los maestros y el Estado no invierte ni fomenta significativamente en los procesos de formación posgradual de los mismos. Se queja de las evaluaciones y se pretende evaluar a nuestros niños bajo un precepto medieval de homogenización. Se queja de la educación; quizás, porque le molesta que los maestros del magisterio no contribuimos a la formación de idiotas útiles; sino que con el ejemplo, formamos sujetos políticamente activos.

Si usted, como “opinador”, porque para mi no es una referencia social, ni pública, mucho menos académica, quiere irse en rastre del oficio de los docentes del magisterio, lo puede hacer, pues las redes sociales y los medios de comunicación permitieron que, figuras absurdas, totalitarias y grotescas, como la suya, posen de intelectuales y dueños de la verdad. De mi parte, como maestro, valoro la legitimidad de la protesta del magisterio colombiano por una educación de calidad. Porque no es por un puesto en alguna entidad, por un contrato, ni por un estatus social que los maestros salen a la calle. Nosotros no regalamos la dignidad de nuestra labor a cualquier ideología política de turno. Nosotros salimos ayer, hoy y el tiempo que sea necesario, para que se nos respete la vida, para que se brinde una educación de calidad, para que el modelo neoliberal no penetré los derechos fundamentales de la sociedad.

Si decidimos salir, es para poner en conocimiento de la sociedad los abusos del poder. Si decidimos salir, es para denunciar los problemas de la educación. Si decidimos salir, es porque esos niños que hoy no van al aula, tienen líderes y lideresas que luchan por los derechos que las elites, a las que usted pertenece y les hace pasillo, les quitan y les violan en consonancia con los intereses económicos de los dueños de este país. Si salimos, es porque nosotros como sujetos políticos, amparados en la Constitución podemos hacer uso de la protesta para denunciar los abusos que se cometen contra la educación. Pues, al fin y al cabo, la educación como un fin en sí mismo, busca la construcción de sociedades justas, igualitarias, pluralistas, y esa construcción, cuando aparece la injusticia, no se debe hacer solo en las aulas… también se debe hacer en las calles… por eso: ¿Hasta cuándo? Maestros de Colombia: Hasta siempre.

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