En su posesión, Abelardo de la Espriella prometió un gobierno guiado por datos, conocimiento y pragmatismo, dejando atrás las decisiones ideológicas

 - Del virus de Petro al antídoto de Abelardo

Solo por no tener que volver a patearse las pintas estrafalarias de Gustavo Petro, sus escándalos personales y, sobre todo, sus discursos estrambóticos, sin sentido y salpicados de poesía barata, valió la pena el relevo en la Presidencia de la República, que se produjo el pasado 7 de agosto.

Da gusto y orgullo ver a un presidente bien puesto, rodeado de una familia modelo, su elegante esposa y cuatro hijos que de seguro Abelardo De La Espriella sí está criando.

Pero el cambio más importante no es de forma, sino de fondo y quedó planteado en la intervención directa y sin adorno alguno que el nuevo mandatario hizo tras prestar su juramento.

Intervención que por su tono serio y pragmático marca el talante del gobierno que presidirá este jurista caribeño, un gobierno que no se moverá animado por apegos ideológicos sino por un extremo pragmatismo. Lo que Abelardo denomina la “extrema coherencia”.

Un discurso que en lugar de proponer cretinadas estilo Petro como que “hay que esparcir el virus de la vida por la galaxia”, planteó sin rodeos las soluciones que el nuevo gobierno aspira a darles a los graves problemas que padece el país

De ese discurso quiero destacar las que, a mi modo de ver, son las frases que marcan el talente del gobierno que inició el pasado 7 de agosto.

Y, aunque suene extraño, no empezaré por destacar las que tuvieron que ver con la seguridad, como podría esperarse ante el caos de orden público en el que nos dejó sumidos Gustavo Petro.

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No, quiero antes que nada destacar la visión que Abelardo expresó en el tema de la educación porque me parece que en esas frases está resumida la problemática que padece ese sector estratégico y el cambio que hay que implementar para solucionarla.

“La misión de la escuela consiste en enseñar a pensar, y no decirles a los jóvenes qué deben pensar. Una buena educación transforma al ser humano, pero una educación sin valores es adoctrinamiento”. Más claro no canta un gallo.

Fecode, quizás, la mafia que más daño le ha causado al país por la forma abusiva en que politizó algo tan sagrado como la educación de los más jóvenes, quedo avisado. No se tolerará más adoctrinamiento.

Y sin más comentarios paso a reproducir las otras 11 frases que, a mi modo de ver marcan el rumbo de lo que será el Gobierno De La Espriella.

  1. Reafirmo mi intención de derrotar sin tregua al narcoterrorismo y a todas las organizaciones criminales que amenazan la libertad de Colombia”.
  2. Debemos dejar de castigar a quienes generan riqueza en nuestra patria”.
  3. Recuperar Ecopetrol será una prioridad definitiva de mi gobierno…se autorizará bajo los más altos estándares técnicos el “fracking” responsable. 
  4. La opción del diálogo está agotada, el Estado ya fue demasiado generoso con los criminales y el gobierno anterior fue su cómplice.
  5.  Antes de emprender las transformaciones económicas que Colombia necesita, debemos poner la casa en orden.
  6. Mi gobierno no interferirá con las Cortes, y no atacará ni interferiría en las decisiones judiciales.
  7. En mi gobierno no se abrirá paso a una Constituyente para cambiar las reglas institucionales del país… mi gobierno durará los cuatro años constitucionales y entregaré la Presidencia al terminar ese período.
  8. El pesimismo no se puede convertir en una política de Estado
  9. Rindo un sentido homenaje a la memoria de Miguel Uribe Turbay, asesinado por los interlocutores del régimen que, gracias a Dios, hoy termina… Colombia nunca te va a olvidar.
  10.  Voy a implementar la fumigación con herbicidas que no hacen daño a la salud humana y no afectan el medioambiente. Ha llegado la hora de erradicar definitivamente el flagelo de los cultivos ilícitos.
  11. El gobierno del Tigre no asumirá el asunto de la salud con tesis ideológicas. Llego con la determinación de corregir lo que sea necesario, lo que sea menester.

Esta última frase marca el que para mí es el asunto esencial que diferenciará al gobierno que arrancó el viernes pasado del de Gustavo Petro: Las soluciones no se tomarán con base en doctrinas ideológicas sino con pragmatismo y realismo.

Y es que el gobierno de Petro resultó un desastre por muchos aspectos: la corrupción, la ineptitud, la pereza, el desconocimiento, la falta de experiencia, pero sobre todo por actuar animado por prejuicios ideológicos.

El mayor sesgo ideológico y el que marcó muchos de los errores que cometió Petro fue su intención, motivada por su apego a un comunismo trasnochado, de atacar la empresa privada y erradicar cualquier aporte de los privados en los asuntos estales.

Contraviniendo el espíritu de la Constitución del 91 que era propiciar la alianza del Estado con el sector privado, en la convicción que ninguno de estos dos sectores es capaz por sí mismo de solucionar los problemas del país.

Pero eso es agua pasada. Miremos hacia el futuro y esperemos los resultados de la “extrema coherencia” que promete aplicar Abelardo de La Espriella para gobernar este país. 

La esperanza de los colombianos es que el gobierno de “El Tigre” encuentre el antídoto para erradicar el virus de corrupción, violencia y anarquía que inoculó el petrismo en él.

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Por Diego Martínez Lloreda

Nací en Bogotá y estudié comunicación social en la Universidad Javeriana. En marzo de este año completé 29 años de trabajo en El País y 39 de ejercicio profesional. En El País fui Editor de Cali, Director de Proyectos Especiales, Asistente de la Dirección, Jefe de Redacción, Director de la oficina de El País Bogotá, Editor General, Director de Información y Director General. En El País escribí los editoriales de los domingos y una columna semanal que se llamaba el Martillo. Dirigí y presenté el programa semanal Al Banquillo con Martillo. Durante siete años mi columna Martillo fue la más leída por los líderes de opinión del Valle del Cauca, según la encuesta de Cifras y Conceptos. Durante cinco años presenté y coordiné el programa la Hora del Martillo por Telepacífico y fui fundador del programa radial Oye Cali. Dirigí el equipo ganador del premio Simón Bolívar a mejor cubrimiento informativo en el 2008 y en el 2011 gané el premio al mejor periodista del año. En 2018 fui galardonado con el Premio Gabo al editor Ejemplar y en 2019 obtuve el premio Alfonso Bonilla Aragón, a la mejor columna periodística.