Se puede decir que el acto de posesión del presidente Abelardo el pasado 7 de agosto hace parte de la batalla cultural que él se ha comprometido a realizar en el país: recuperar los valores que se han perdido.
Pues bien, si la batalla cultural consiste en decir que Colombia debe ser una sociedad militarista y adicionalmente confesional, pues parece que el show mostrado va en esa dirección.
Tal como lo había anunciado, su discurso de posesión lo realizó desde una guarnición militar, el Batallón Pichincha en Cali. Qué diferencia con la posesión como presidente de Gustavo Petro, que estuvo fue fundamentalmente al lado del pueblo, en una Plaza de Bolívar en Bogotá completamente abarrotada por sectores sociales venidos de los territorios en una diversidad infinita de lo que son nuestras poblaciones y nuestros territorios.
La de Abelardo de la Espriella solo contó con la presencia de las cuatro fuerzas armadas que tiene Colombia, de unos pocos de sus destacamentos y la cúpula militar. A estas personas y a la institución militar les está vedado participar en la política.
Con ello se burló del Congreso y del país. Trasladaron la posesión a Cali, en una universidad privada, donde solamente asistían los congresistas y los invitados nacionales e internacionales que no superaban las 2.500 personas, todas las cuales tuvieron que ver la posesión por televisión, igual que la mayoría de los colombianos que tomaron la decisión de verlo.
Y mientras se trasladaba al Batallón Pichincha, en la universidad privada de Cali las iglesias cristianas se tomaron el acto, hicieron sus respectivas invocaciones y alabanzas y, en un abuso de una de esas iglesias, el rabino desde esa posición religiosa gritó «viva Israel», el estado que hoy ha hecho el genocidio en Gaza contra el pueblo palestino. Mayor contradicción no puede existir: que un sector religioso le eche un «viva» a un estado que ha cometido el mayor genocidio de la historia reciente y se les haya permitido.
Con un tipo de posesión como esta, donde se pone en un alto nivel la militarización de la vida nacional, donde se exalta el régimen militar no para defender la soberanía y la ciudadanía, sino para llamar a imponer la autoridad frente a quienes por alguna circunstancia desde la oposición, la resistencia y la desobediencia civil pacíficas se oponen a las políticas que quiere implementar, a todas luces es un desafuero. Y si a eso se le suma que en el discurso en el Batallón Pichincha dijo que el diálogo con los actores armados ilegales está agotado y que protegerán "todas" las actividades de los militares y los policías en cumplimiento de sus funciones, ¿estará mandando un mensaje sobre los 6.402 falsos positivos y la represión en el estallido social?
Y en el mismo sentido, cuando afirma que "no habrá espacio para maniobras que atenten contra la estabilidad en la nación", ¿se considerará la oposición, la resistencia y la desobediencia civil pacíficas como maniobras contra la estabilidad de la nación; ese es el mensaje?
Y cuando en términos de la familia dice que será una batalla cultural para recuperar los valores, ¿estará diciendo que solamente aceptará la familia compuesta por una mujer y un hombre y los hijos producto de esa relación? Quien se consideraba ateo, ahora converso, ¿se volverá el más radical de estas formas feudales, confesionales y de la prehistórica inquisición?
Dijo que gobernaría con los de nunca y estos, por lo que representan (los militares y los sectores confesionales), son los de siempre.
Solo recordémosle al señor Abelardo de la Espriella que Colombia es un Estado Social de Derecho, es un estado laico que obviamente respeta las diferentes expresiones religiosas y tampoco las puede imponer, y que las garantías democráticas de la libre expresión y del derecho de la oposición, la resistencia y la desobediencia civil pacíficas, y las garantías a la protesta social, todas hacen parte de ese bloque democrático del Estado Social de Derecho.
El amplio espectro de fuerzas civilistas y democráticas de Colombia no permitirán que en esta batalla cultural se desmonte el Estado Social de Derecho.
Postdata: Abelardo también propuso rebajar impuestos a los megarricos, subordinarse a EE. UU., nuevas fumigaciones aéreas, más TLC, revisar la JEP; sus aliados serán los empresarios, habrá fracking, respaldo al Banco de la República, entre muchas más que ameritarán no pocas columnas.
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