Al Valle no le interesa tener más funcionarios en el Gobierno, sino recuperar la seguridad y que se ejecuten las obras estratégicas que la región reclama hace años

 - Por el bien de Colombia, el Valle debe ser una prioridad para Abelardo

Entre muchos caleños y vallecaucanos existe incertidumbre frente al trato que el gobierno de Abelardo de La Espriella le va a dar a la ciudad y al departamento.

Hasta el momento las señales del Tigre frente a la región han sido ambiguas. Tuvo el gesto generoso y alentador de escoger a Cali para posesionarse como presidente. Así fuéramos plato de segunda mano, porque el deseo del Tigre era asumir el cargo en Popayán. Pero ante las dificultades logísticas que surgieron en esa ciudad, se decantó por la capital del Valle.

No estoy de acuerdo con quienes califican como un capricho la decisión del nuevo presidente de posesionarse en “tierra caliente”, que es como los rolos llaman a la provincia. En la vida pública los actos simbólicos son muy importantes.

Y con esta decisión manda, de un solo golpe, varios mensajes: primero que va a gobernar para las regiones y que no se va a atrincherar en el Palacio de Nariño como han hecho la mayoría de los presidentes de este país.

El segundo mensaje que transmite Abelardo es que la prioridad de su gobierno va a ser la recuperación de la seguridad en Colombia. Y por eso se posesiona en una de las zonas más golpeadas por el terrorismo.

He escuchado a varios analistas rolos que, desparramados en sus cómodas poltronas en sus apartamentos del barrio Rosales, han puesto el grito en el cielo por los riesgos que implica que el presidente se posesione en ciudades tan “peligrosas” como Popayán o en Cali. ¡Hágame el favor!  Como si Bogotá fuera Estocolmo.

Un tercer mensaje que envía Abelardo al posesionarse en la capital del Valle es que en Colombia no puede haber territorios vedados para las autoridades y que ningún miembro de su gobierno o de la Fuerza Pública puede dejar de ir a algún territorio del país por los riesgos que ello implica. 

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Qué el presidente decida no ir a determinada zona por los peligros que ello implica sería una total claudicación del Estado frente a los violentos.

Porque hoy los grupos armados ilegales no buscan tomarse el poder, como ocurría en los años 60. Lo que pretenden y, desafortunadamente lo han logrado, es constituirse en autoridad en las zonas que puedan y les permitan.

Posesionándose en Cali, la ciudad más importante del suroccidente de Colombia la zona más golpeada por los terroristas, Abelardo manda un mensaje más: en Colombia no va a haber más repúblicas independientes, donde la autoridad la ejercen Mordisco o Calarcá o cualquiera de los cabecillas que se creen los dueños de un pedazo del país.

Lo que ha generado preocupación en la región es la falta de presencia de vallecaucanos en el equipo de inmediatos colaboradores del presidente. Esa situación no puede presentarse porque acá no haya gente capaz de desempeñar los más altos cargos del Estado. Acá hay mucha gente calificada para asumir con éxito cualquier reto.

No creo que esta ausencia de vallecaucanos en el gabinete sea una cuenta de cobro que nos están pasando por ser Cali un bastión del petrismo o por la alta votación que obtuvo Iván Cepeda en el Valle, durante los reciente comicios.

La situación hay que verla desde otra perspectiva: Abelardo ha buscado sus colaboradores en las zonas que fueron decisivas para su triunfo en las elecciones, en especial Antioquia, donde obtuvo más de dos millones de votos. De ahí la alta cuota de paisas en el alto gobierno.

También trató bien a la costa, de donde es originario. Es natural que un costeño quiera darle la oportunidad de lucirse a sus paisanos, al que los gobierno les han dado muy poco juego.

Y el tercer lugar beneficiado con los nombramientos es Bogotá. Apenas, lógico, es la capital del país, donde hay gente muy preparada para desempeñarse bien en el sector público. No necesariamente rolos, de seguro van a llegar a cargos importantes varios “cartacachacos” o gente de otras partes del país que reside en la capital.

Pero lo que interesa al Valle no es que haya muchos coterráneos subidos a los carros oficiales. Lo que nos importa es, en primer lugar, que nos devuelva la seguridad que perdimos por cuenta de la nefasta paz total de Petro. 

Que aumente el pie de fuerza y que les dé a los militares las herramientas para que puedan combatir con eficacia a Mordisco y sus secuaces. Y que dé una lucha frontal contra los cultivos ilícitos y contra el tráfico de coca y heroína, que es el combustible del cual se nutren los bandidos para hacer sus fechorías.

Mientras en el suroccidente del país existan las 60 mil hectáreas sembradas con coca, marihuana y amapola, que existen hoy, esta zona seguirá siendo un polvorín. Y si el suroccidente es un polvorín, no habrá paz en Colombia.

Lo otro que esperamos los vallecaucanos del gobierno que entra es que acometa las obras estrategicas que requiere la región y por las cuales viene clamando desde hace años. Comenzando por el tren de Cercanías entre Cali y Jamundí, siguiendo por la carretera Mulaló Loboguerrero y tercero, el dragado del Canal de Acceso al puerto de Buenaventura.

Se trata de obras totalmente realizables, largamente esperadas, que incidirían mucho en el bienestar y el desarrollo de Cali y el Valle.

El Valle, ingenuamente creía que como el saliente presidente obtuvo una voluminosa votación para llegar al cargo, nos iba a ir muy bien con su gobierno, Pero no fue así, Petro solo le deja al Valle inseguridad, polarización, desgobierno y cero obras

Pueda ser que Abelardo de La Espriella mire más allá de los resultados electorales y entienda la importancia de esta región para Colombia. Y que le dé el trato que se merece. De lo contrario, la izquierda seguirá consolidando su predominio en esta parte del país.

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Por Diego Martínez Lloreda

Nací en Bogotá y estudié comunicación social en la Universidad Javeriana. En marzo de este año completé 29 años de trabajo en El País y 39 de ejercicio profesional. En El País fui Editor de Cali, Director de Proyectos Especiales, Asistente de la Dirección, Jefe de Redacción, Director de la oficina de El País Bogotá, Editor General, Director de Información y Director General. En El País escribí los editoriales de los domingos y una columna semanal que se llamaba el Martillo. Dirigí y presenté el programa semanal Al Banquillo con Martillo. Durante siete años mi columna Martillo fue la más leída por los líderes de opinión del Valle del Cauca, según la encuesta de Cifras y Conceptos. Durante cinco años presenté y coordiné el programa la Hora del Martillo por Telepacífico y fui fundador del programa radial Oye Cali. Dirigí el equipo ganador del premio Simón Bolívar a mejor cubrimiento informativo en el 2008 y en el 2011 gané el premio al mejor periodista del año. En 2018 fui galardonado con el Premio Gabo al editor Ejemplar y en 2019 obtuve el premio Alfonso Bonilla Aragón, a la mejor columna periodística.