Opinión

Dar a Uribe por muerto en el 2022, el peor error que pueden cometer sus enemigos

Las mentiras y el odio difundidos desde su Twitter tienen un poder descomunal. No canten victoria, inscriban su cédula. En la posverdad los malos están ganando

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junio 16, 2021
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Dar a Uribe por muerto en el 2022, el peor error que pueden cometer sus enemigos
Desde que tenga un IPhone a la mano, Álvaro Uribe estará vivo y será igual de peligroso. Foto: Twitter/Álvaro Uribe

Las encuestas deben tener muy afligido a alguien adicto a la popularidad como el expresidente. 75 % de imagen negativa, Wow....ni el fantasma de Pinochet en Chile tiene números tan bajos. Los muchachos gritan tan fuerte en la calle ¡Uribe paraco! que él los puede escuchar desde su retiro en Rionegro. Si en este momento le diera por salir al centro de Medellín no le harían una calle de flores. A lo sumo algunas de las señoras que tienen pegado su retrato al lado del Niño Jesús de Atocha intentarían defenderlo de la estruendosa rechifla que recibiría. Nadie menor de 20 años lo quiere. Pesa y mucho las investigaciones que arrastra por no escuchar a Jesús María Valle y sus alertas sobre la masacre del Aro cuando él era gobernador. A ese defensor de derechos humanos lo mataron a pesar de que le suplicó por su vida. Le dijo varias veces en la cara "señor gobernador me van a matar" y Uribe lo trató como trata a todos los defensores de derechos humanos: como a un terrorista. A Jesús María lo mataron, por supuesto. En este país las únicas promesas que se cumplen son las de los sicarios. Pesan los 6402 falsos positivos que se dieron en 8 años de su mandato, cuando, como si estuviéramos en el Viejo Oeste, se pagaba recompensa por cada cabeza de guerrillero muerto. Todos estos millones de colombianos que salieron a las calles lo hicieron para gritarle el odio al de la mano firme, al del corazón grande. Pero mucho cuidado, es un error dar a Uribe por muerto.

A finales de septiembre del 2016 nos encontramos en Cali con Carlos Holmes Trujillo y nos contaba lo errático que había sido la campaña del No al Plebiscito propuesto por Santos para refrendar los Acuerdos de la Habana. Se le notaba la preocupación mientras soltaba frases como “nosotros no debíamos meternos en esto” “la gente está con los Acuerdos”, “Santos nos va a arrasar”. Contra todo pronóstico las mentiras desesperadas del uribismo, la estrategia desleal de sacar a la gente emberracada a votar, tal y como lo confesó Juan Carlos Vélez Uribe, jefe de la campaña contra el plebiscito, las cadenas de wasap con información falsa, la amenaza de que un rayo homosexualizador nos tocara a todos los ciudadanos de bien, empezaron a minar las subdesarrolladas mentes de los colombianos. Y ganaron a pesar de las encuestas que condenaban a la derecha. Santos cometió un error que no puede volverse a repetir: subestimar el poder de Uribe.

Si, ni los uribistas estaban preparados para ganar. Ese 2 de octubre del 2016 el triunfo en el referendo los cogió tan de sorpresa que, en su finca en Rionegro, el expresidente tardó dos horas en poder ordenar sus ideas y lanzar un comunicado. Nunca esperaron ese resultado. Con esa misma estrategia pudo hacer ganar a alguien tan inexperto como Duque. La cuenta de Twitter de Uribe tiene el poder que alguna vez tuvieron los columnistas más poderosos del país.

Desde entonces la mentira y el odio han marcado las campañas políticas en los países más poderosos del planeta. En noviembre del 2016, Donald Trump, a punta de calumnias contra los Clinton y lanzando noticias falsas sobre el lugar de nacimiento de Obama, prometiendo además muros contra México y echar de una patada a todos los indocumentados que cruzaran sus fronteras, ganaba contra todo pronóstico las elecciones presidenciales. El nacionalismo de la gran Albión se imponía en Inglaterra contra toda razón y cordura ganando el Brexit y rompiendo con la Unión Europea. En Brasil ganaba Bolsonaro gracias a la homofobia de los pastores evangélicos. Las distopías se hacían realidad. En España Santiago Abascal y Vox se hacen fuertes con la estrategia de saber a qué pueblo agarrar en redes: amantes de la caza, xenófobos y católicos radicales. En Polonia el partido Ley y Justicia se apodera de los medios de comunicación y lanza stikers que fervorosos ignorantes ponen en las entradas de sus casas: “este es un ambiente libre de LGBTI”. Viktor Orbán, el todopoderoso presidente de la Asamblea Nacional de Hungría, prohíbe películas como Harry Potter con el imposible e improbable argumento de que promocionan la homosexualidad. No, no todo está perdido para Uribe. Siempre tendrá el odio y la mentira para ganar sus batallas.

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Un trino en estos momentos de posverdad tiene el poder que alguna vez tuvieron las columnas de los más preparados periodistas

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Si uno quiere entender esta decadencia es imprescindible leer El ocaso de la democracia: la seducción del autoritarismo, de la norteamericana Anne Applebaum, editado por Debate. Un trino en estos momentos de posverdad tiene el poder que alguna vez tuvieron las columnas de opinión. Con la muerte de los medios, succionados por los vampíricos dueños de grupos económicos, la democracia está absolutamente desprotegida. Un trino hace más daño que el más estructurado de los ensayos.

Si pueblos aparentemente educados como el inglés se ven tentados a votar por un periodista mediocre y forjador de las fake news como Boris Johnson ¿qué nos queda a las Banana Republic? Ahí ya tiene a Uribe listos, en posición de ataque, a sus alfiles. Se apoya no sólo en la histeria fascista de María Fernanda Cabal sino en influencers tan peligrosos como Miguel Polo Polo que está a tres trinos de tatuarse la imagen de Carlos Castaño en el pecho. Para no dejarse arrasar por la historia, por los centennials que desprecian su autoritarismo, Uribe se valdrá de todo su poder en redes, de la imaginación calenturienta de sus patriotas para exacerbar el odio a los venezolanos, a los comunistas, a los marihuaneros, al rock, a los mechudos, a los maricas, a los sidosos, a los curas que hablen de equidad, a los obispos que no se parezcan a Miguel Angel Builes, el monseñor que decía desde el púlpito durante los años cincuenta que matar liberales no era pecado, a los degenerados que se atrevan a hablar de paz, a los que formulen una reforma agraria para que los pobres no vuelvan a bloquear ni a quitarse su resentimiento a punta de cocteles Molotov. No, el uribismo, según la profesora Applebaum, ya no sería un partido político de derecha sino un rencor que palpita, un cáncer al que solo puede extirparse la educación y el amor.

No canten victoria, hay que inscribir la cédula y votar. Uribe, desde que tenga un IPhone a la mano, estará vivo y será igual de peligroso. No hay que subestimarlo, es estúpido hacerlo cuando ha ganado cuatro de las últimas cinco elecciones presidenciales. Y con bombazos como el que se presentó en Cúcuta el pasado 15 de junio, estará vivo, dispuesto a cumplirle los sueños de guerra a los colombianos que admiran tanto a los patrones.

 

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