Hacer periodismo entremezclado con humor y sarcasmo fue la fórmula que encontró Daniel Samper Pizano para contarle a Colombia su realidad política, social y moral sin renunciar al rigor. Esa combinación, que hoy parece natural en muchos espacios de opinión, fue durante décadas una rareza en el oficio de informar.
En su caso, no fue un adorno a la noticia sino una herramienta: el humor y el sarcasmo como forma de incomodar al poder, de señalar corruptos y de traducir lo complejo en algo cercano. Esa manera de narrar el país no solo marcó su carrera, sino que terminó por convertirse en una herencia familiar que hoy continúan su hijo Daniel Samper Ospina y su nieto Mario Jaramillo Samper, el joven con acento español y pelo desordenado, a quien ya todos conocen como Mariete.
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Samper Pizano empezó temprano. A los 19 años ya trabajaba como reportero en El Tiempo, el periódico más influyente del país en ese momento, propiedad de la familia Santos. Entró a una redacción donde el periodismo era una mezcla de disciplina, jerarquía y poder, y donde la información se trataba en tono serio, casi distante. Con el paso de los años, ese joven graduado de una carrera de derecho en la Javeriana que nunca ejerció, fue encontrando su propio estilo. Primero desde el reporterismo, luego desde la investigación y finalmente desde la opinión, donde terminó consolidando una voz distinta a todas.
Durante más de medio siglo escribió la columna Cambalache, un espacio que se volvió lectura obligada para generaciones de colombianos. Allí no solo opinaba: desmontaba discursos oficiales, exhibía contradicciones y señalaba a dirigentes políticos y empresarios con una ironía que lograba ser directa sin perder elegancia. En paralelo, en la revista Carrusel estaba detrás de la tradicional Postre de Notas, una sección donde el humor era el vehículo principal para retratar el país cotidiano. Ese doble registro, serio en el fondo, pero ligero en la forma, terminó definiendo una manera de hacer periodismo que muchos replicaron después.

Su trabajo no se limitó a la opinión. En los años setenta fue uno de los impulsores de la Unidad Investigativa de El Tiempo, el periódico de la familia Santos dirigido por el millonario Eduardo Santos, que fue durante todo el siglo XX uno de los más poderosos del país.
La Unidad Investigativa que Samper creó junto a Alberto Donadío y Carlos Galindo Pinilla fue un espacio que contribuyó a fortalecer el acceso a la información pública en Colombia. Esa etapa consolidó su perfil como periodista incómodo, capaz de llevar las historias hasta las últimas consecuencias. Esa incomodidad tuvo costos. En un contexto atravesado por la violencia política, el auge del narcotráfico y la presión sobre los medios, sus posiciones críticas y su cercanía con posturas de izquierda lo llevaron a salir del país a finales del gobierno de Belisario Betancur.
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Samper se instaló en Madrid en la segunda mitad de los años ochenta y allí reconstruyó su vida personal y profesional. Aunque no volvió a vivir de planta en Colombia, desde España nunca dejó de escribir sobre el país. Durante décadas mantuvo su vínculo con El Tiempo, incluso cuando el medio cambió de manos. En 2007, el grupo español Planeta adquirió la mayoría del diario, y años después, en 2012, el empresario Luis Carlos Sarmiento Angulo compró la participación mayoritaria hasta quedarse con el control total en 2014. Ese cambio marcó también el cierre de una etapa para varias de sus plumas históricas, entre ellas la de Daniel Samper Pizano, que presentó su renuncia como columnista.

Lejos de retirarse, Samper Pizano encontró nuevas plataformas desde las cuales expresarse. En 2020 regresó a la opinión como cofundador de Los Danieles, un portal digital impulsado por su hijo Daniel Samper Ospina junto a Daniel Coronell. Ese espacio se convirtió en un refugio para una forma de periodismo crítico que había perdido terreno en los medios tradicionales.
El heredero
La herencia del estilo Samper Pizano se consolidó en su siguiente generación. Daniel Samper Ospina, formado en Literatura en la Universidad Javeriana y en Harvard, empezó su carrera siguiendo el camino de la opinión. Sus columnas en Soho, revista de la llegó a ser director y en Semana, propiedad en ese entonces de Felipe López Caballero, hijo del expresidente Alfonso López Michelsen, lo posicionaron como una de las voces más leídas del país. Desde el inicio dejó claro que su terreno era el humor político, herramienta que, al igual que su padre, ha utilizado para desmontar discursos oficiales y evidenciar contradicciones del poder.
Su paso por la revista Soho marcó una etapa importante en su carrera. Luego, en Semana, consolidó su estilo con columnas que combinaban sátira y análisis hasta 2020, cuando decidió renunciar en solidaridad con Daniel Coronell, quien fue despedido cuando la revista quedó en poder de la familia Gilinski y Vicky Dávila llegó como directora, imponiendo cambios en Semana que marcaron el fin de una era.
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A diferencia de su padre, Samper Ospina entendió rápidamente que los nuevos tiempos trajeron consigo cambios en los formatos. En 2016, en medio del auge de los creadores digitales, decidió incursionar en YouTube. Lo hizo con una mezcla de ironía y pragmatismo, autodefiniéndose como un youtuber tardío. Su canal HolaSoyDanny se convirtió en una plataforma desde la que amplió su audiencia, especialmente entre públicos más jóvenes. Allí creó NotiDanny, un formato que combina noticias con sátira política.
Los números respaldan esa transición. En menos de una década acumuló más de un millón de suscriptores, cientos de millones de visualizaciones y una presencia consolidada en otras redes sociales. Ese crecimiento no solo le permitió mantenerse vigente, sino también construir un modelo de negocio propio basado en contenidos digitales, patrocinadores y presentaciones en vivo.

En paralelo, llevó su estilo al teatro. En 2017 estrenó Mi Puta Obra, un espectáculo que superó las 200 funciones con alta asistencia. Luego vinieron “Con P de Polombia” en 2021, “Circombia” en 2023 y “El Petroverso” en 2025, todos con resultados similares en taquilla. En cada uno mantuvo el mismo eje: usar el humor para hablar del país, de sus tensiones políticas y de sus contradicciones sociales.
Esa continuidad no se detiene ahí. La tercera generación ya tiene una voz propia. Mario Jaramillo Samper, conocido como Mariete, ha encontrado en el entorno digital su espacio natural. Con formación en derecho en España y una presencia activa en redes, ha desarrollado un estilo que mezcla entrevistas, contenido audiovisual y una mirada fresca sobre la actualidad. Su participación en NotiDanny y sus propios canales muestran una adaptación natural a los nuevos lenguajes del periodismo.
El hilo que conecta a las tres generaciones es claro: contar el país sin solemnidad, pero con rigor, empleando el humor no como evasión, sino como una forma de enfrentar la realidad. En el caso de Samper Pizano, esa apuesta le valió reconocimientos como el Premio Rey de España, el María Moors Cabot de la Universidad de Columbia y varios premios Simón Bolívar. Su hijo también ha sido reconocido con el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar y el Premio CPB, confirmando que el oficio se mantiene vigente en la familia.
Hoy, ya convertido en el patriarca de esa tradición, Samper Pizano sigue activo. Junto a su amigo de toda la vida, Enrique Santos Calderón, acaba de publicar Memorias Cruzadas, un libro que recoge seis décadas de conversaciones, experiencias y reflexiones sobre el oficio y el país. Ese proyecto confirma que, a pesar del paso del tiempo y de los cambios en los medios, su voz sigue teniendo espacio.
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