Durante la posesión de Jair Bolsonaro el 1 de enero de 2019, Michelle, con vestido rosa y los hombros descubiertos fue el foco de atención. Era la primera vez que una primera dama brasileña hablaba en la ceremonia. Lo hizo en lenguaje de señas, antes que el presidente, apoyada por una intérprete que hacía la traducción al portugués.
En su discurso, prometió ayudar a los sordos y, cediendo a la petición del público, besó a su marido. En ese momento, muchos pensaron que sería una primera dama con luz propia. Años después se cumpliría el presagio.

En agosto de 2026, la polémica está servida paralas presidenciales y en la orilla de la ultraderecha Michelle es protagonista. Su esposo, el expresidente 27 años mayor, está condenado por golpismo. Ella lanzó una bomba mediática de dos videos en los que reprochaba a su hijastro Flávio Bolsonaro, precandidato a la Presidencia, haberla humillado. La división política en la familia cuando ella crecía en las encuestas gracias a las mujeres y los evangélicos casi termina en hecatombe. El hijastro bajó la cabeza e inicio campaña presidencial contra Lula da Silva. Ella se candidatizó al senado.
De la miseria al poder
La historia de Michelle de Paula Firmo Reinaldo no es una historia cualquiera. A sus 44 años y con dos hijas, ha relatado que su padre es un conductor jubilado y que nació en Ceilândia, una ciudad intermedia cerca de Brasilia con mucha pobreza.
De niña vendía naranjas en los semáforos y su madre era aseadora. Algunos parientes tenían problemas con la justicia. Su abuela fue a la cárcel por tener un derivado de la cocaína y un tío sargento retirado de la policía de Brasilia fue acusado de participar en la venta ilegal de lotes en una favela. No eran los únicos emproblemados.
La joven Michelle empezó a trabajar en un supermercado e incluso se disfrazó de paquete de pasta para atraer a los clientes. A los 20 años, tuvo a Leticia con el ingeniero electricista Marcos Santos da Silva. Vendió vinos en Brasilia y un romance fallido con Átila Maia, expiloto y jefe de la Asesoría Parlamentaria Aeronáutica del Congreso, la dejó con puesto en la Cámara de Diputados.

Reservada, amable y educada, según quienes la conocen. Tenía una atractiva figura y hasta su madre llegó a decir que había sido contratada como modelo, pero que no aceptó por negarse a adelgazar. El Congreso cambió su vida. Conoció a un diputado que llevaba cinco periodos, pero no tenía peso en Brasilia. Era un parlamentario estridente y polémico de la vieja guardia que con frecuencia se hacía sentir por sus discursos enardecidos y nostálgicos de la dictadura militar brasileña. Nadie podía imaginar que ese diputado salido de ropas llegaría a subir la rampa del Palacio Presidencial de Planalto.
Se llamaba Jair Messias Bolsonaro y le había mandado un ramo gigante de rosas rojas. El 20 de noviembre de 2007, sellaron la unión civil. De ese matrimonio nació Laura, tras reversar la vasectomía de Bolsonaro en lo que Michelle llamó “una prueba de amor”. Los otros cuatro hijos de Bolsonaro –Flávio, Carlo, Eduardo, Jair Reenán – ya eran políticos.

Perfil bajo y éxito político
Durante la campaña electoral del Bolsonaro, Michelle se mantuvo en un segundo plano, eludiendo a la prensa y lejos de las cámaras. Incluso en los días siguientes al atentado en el que su marido casi pierde la vida, fueron los hijos de Bolsonaro los que dieron la cara ante los medios de comunicación en nombre de la familia. Ella permaneció en silencio.
Michelle entró en política, tres días antes de la segunda vuelta en 2018. Bolsonaro enfrentaba la férrea oposición de las mujeres progresistas, que habían fundado el movimiento ‘Él no’. Entonces, ella apareció en la TV en horario prime para bajarle el tono a los ataques.
Un hecho se había conjugado con la política. Tras mudarse a Río de Janeiro, Michelle empezó a frecuentar la Asamblea de Deus Vitória em Cristo del pastor Silas Malafaia. Con su aire natural y sin ostentación, la primera dama es devota desde adolescente de la Iglesia Evangélica, que tiene mucho peso religioso y electoral. La cercanía con el pastor le dio réditos a Bolsonaro porque había apoyado a Lula en las elecciones 2002 y 2006 y ahora le estaba abriendo un espacio. Hasta lo casó con Michelle en marzo del 2013. Malafaia es considerado ahora su gurú político.
Con 47 millones de evangélicos, se puede dar un giro a cualquier resultado en el resultado en segunda vuelta, cuando las encuestas dan a Flávio Bolsonaro 48 % entre los evangélicos, frente a 33% de Lula.
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Ya no es la joven tímida al lado del presidente. Empezó a desligarse del clan familiar y a ganar espacio por sí misma. De hecho, no solo el pastor dice que los hijos siempre se mantuvieron distantes considerándola una trepadora social. Michelle voló sola y alto. Al tal punto de que en el Partido Liberal (PL) buscaron capitalizar su nuevo ascenso y le ofrecieron la presidencia del PL Mujeres

Mujeres y evangélicos fueron y han sido la llave ganadora. Las encuestas lo estaban demostrando. El liderazgo por el espacio conservador con Bolsonaro fuera de juego escaló peligrosamente y derivó en cambios dentro de la estructura del partido. El 9 de julio, Michelle Bolsonaro anunció la creación del movimiento político “Imparables MB”, pocos días después de dejar la presidencia del ala femenina del Partido Liberal en medio del enfrentamiento con Flávio Bolsonaro.
El candidato presidencial del PL para las elecciones de octubre, ofendió verbalmente a Michelle y el conflicto de las últimas semanas concluyó con una disculpa públicas del hijo del jefe máximo. Superado el impase de graves proporciones, al acto de nominación como senadora por el distrito federal, Michelle no asistió por un dolor de cabeza que la llevó a la clínica.
El hijastro enfrentará en octubre al presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien buscará un cuarto mandato no consecutivo y llega a la campaña con un crecimiento en las últimas semanas superando al de ultraderecha por diez puntos y con empate en segunda vuelta. Lo más probable es que Michelle sea senadora.
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