Bajo el calor de Cisneros, Jorge Arango Carrasquilla y su amigo Carlos Sevillano hicieron un hallazgo que les cambiaría la vida para siempre. Jorge provenía de una familia con profundas raíces empresariales en Antioquia. Era hijo de Claudino Arango, reconocido empresario y minero de la región, y estaba vinculado a una familia que también dejó huella en la literatura colombiana.
Su esposa fue Isabel Carrasquilla, hermana del célebre escritor Tomás Carrasquilla. Isabel, además de ser una mujer adelantada a su tiempo, escribió bajo el seudónimo de "Equis", convirtiéndose en una figura destacada dentro de los círculos intelectuales de la época.
Rodeado de estos ejemplos, Jorge decidió estudiar ingeniería en la Escuela Nacional de Minas de Medellín, institución fundada en 1887 gracias al impulso de personajes como Pedro Nel Ospina y Manuel Uribe Ángel. Con el tiempo, esta escuela se convertiría en una de las facultades más prestigiosas del país y terminaría integrada a la Universidad Nacional de Colombia.

Tras graduarse, tuvo la oportunidad de trabajar en una de las obras más ambiciosas de la época: la construcción del Ferrocarril de Antioquia, que avanzaba bajo la dirección del ingeniero cubano Francisco Javier Cisneros.
Fue allí donde conoció a Carlos Sevillano, quien con el tiempo se convertiría en uno de los grandes aliados de la familia Arango. Mientras trabajaban en las obras del ferrocarril, ambos descubrieron importantes depósitos de caliza en los socavones de Cisneros. El hallazgo no parecía extraordinario en ese momento, pero se trataba de uno de los principales insumos para la fabricación de cemento. Aquella coincidencia terminaría convirtiéndose en la semilla de una de las empresas más importantes de Colombia.
La unión de la familia Arango que dio origen a Argos
El descubrimiento despertó una idea que rápidamente comenzó a tomar forma: construir una cementera en Antioquia. La propuesta fue tan convincente que Claudino Arango decidió vender parte de sus acciones en Coltabaco para financiar el proyecto.
A la iniciativa se sumaron Rafael Arango, hermano de Jorge; Leopoldo Arango Ceballos y Félix Mejía Arango, sobrinos de Claudino; Julio Luis Restrepo, su yerno; y, por supuesto, Carlos Sevillano.

La historia cuenta que fueron 99 inversionistas quienes terminaron apostándole al proyecto, muchos de ellos convencidos personalmente por Jorge Arango. Con un capital inicial de $300.000 de la época constituyeron la sociedad anónima que daría vida a la empresa.
Para generar confianza entre los más escépticos, Claudino Arango llegó a comprometerse a recomprar las acciones de quienes no quedaran satisfechos con la iniciativa. Aquella promesa ayudó a consolidar el respaldo necesario para sacar adelante el negocio.

Finalmente, el 27 de febrero de 1934 nació Cementos Argos. El nombre surgió de una curiosa combinación: las primeras letras del apellido Arango y la dirección telegráfica de una fábrica de mecheros que Claudino tenía junto a su hijo Rafael.
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Dos años después, en 1936, concluyó el montaje de la planta cementera y comenzó oficialmente la producción. El primer comprador registrado fue Leopoldo Arango, quien adquirió 25 sacos de cemento por 50 pesos, una operación que aún figura en los balances históricos de la compañía.
A partir de entonces, los Arango iniciaron una expansión que los llevó a impulsar nuevas empresas cementeras en distintas regiones del país. Entre ellas estuvieron Cementos del Nare, Cementos del Valle y Cementos del Caribe, esta última fundada con el respaldo de empresarios como Ángel Palma y miembros de la familia Santo Domingo, entre ellos Julio Mario y Luis Felipe Santo Domingo.
Del negocio familiar al gigante internacional
Después de consolidar su liderazgo en Colombia, Argos comenzó a mirar hacia el exterior. A finales de la década de 1990 inició un agresivo proceso de expansión mediante la adquisición de cementeras en países como Panamá, República Dominicana, Haití y Venezuela.

Posteriormente llegó la integración de varias compañías del sector, un movimiento que transformó lo que había comenzado como una empresa familiar antioqueña en uno de los mayores grupos cementeros de América Latina.
Hoy, Argos tiene presencia en 17 países y continúa siendo una de las compañías más importantes del sector en Colombia. Aunque cotiza en bolsa y su composición accionaria ha cambiado con el tiempo, el control sigue en manos de Grupo Argos, que conserva la participación mayoritaria.
Lo que comenzó con un descubrimiento accidental en los socavones de Cisneros terminó convirtiéndose en una de las historias empresariales más exitosas del país. Una muestra de cómo una coincidencia, combinada con visión y capacidad de riesgo, puede transformar para siempre la economía de una nación.
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