Opinión

Caracol y RCN: las plagas que nos dejaron Ardila Lülle y Santo Domingo

Mientras el mundo vive la edad dorada de la televisión, nos tocan dos canales en donde la vulgaridad y la manipulación destruyen el cerebro de los colombianos

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septiembre 22, 2021
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Caracol y RCN: las plagas que nos dejaron Ardila Lülle y Santo Domingo
Mientras sigamos encadenados a la programación de los dos grandes canales nacionales, no tendremos futuro como pueblo

Lo más importante en esta vida es el criterio. Saber escoger nos permite quitarnos de encima el pesado manto del aburrimiento y la depresión. Hay que tener los suficientes recursos interiores como para vivir bien con uno mismo sin depender emocionalmente de nadie. Por eso, si no se tiene el hábito de leer, es tan importante la televisión. Todavía conozco pelmazos pretenciosos que hablan mal de plataformas como Amazon o Netflix, apelando al gusto exquisito del cinéfilo, ignorando que estamos viviendo en el planeta una edad de oro de la televisión parecida a la que vivió Hollywood en la década del cincuenta. Por eso no es raro encontrarse, todo el tiempo, con estrenos tan descollantes como Nine perfect stranger, en Amazon Prime, o documentales tan estremecedores como el que acaba de estrenar Netflix sobre Schumacher. El mundo cabe en la pantalla de un televisor. Está el esnob que confía en el televisor y está el colombiano promedio incapaz de salir de la maldición que nos tiraron, desde 1998, los Ardila y los Santo Domingo con la creación de esos vertederos de basura a los que ellos llaman canales.

Enciendo el televisor un miércoles de mi descontento a las tres de la tarde y encuentro un enlatado turco. Imagino la aridez espiritual de una persona condenado en la sala de su casa, como un preso viendo los barrotes de su celda, a contemplar todo el día alguno de los dos canales nacionales. Todo es inmundo, hasta los comerciales y todo es inmundo con un propósito: acabar con las pocas neuronas que se mantienen en rebeldía, adormecerlas con el opio que destila un concurso protagonizado por Gregorio Pernía o Marbelle. Volverlos borregos mansos que van felices cada cuatro años a elegir en una urna al que más les convenga a los grupos económicos que crearon esos canales. En Latinoamérica todo megarrico es un criminal. En su último libro, Ñamérica, Martin Caparrós afirmaba que los magnates de este lado del mundo son los que menos impuestos pagan. Ni bobos que fueran. Al crear el Estado a imagen y semejanza, financiando las campañas políticas de los principales opcionados, pues la tienen a bocaejarro para hacer las reglas como les parezca. La excusa es que ellos crean empleos, son los que reparten la comida y, ya saben uno de los mantras del Tercer Mundo: está prohibido patear el porta.

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En este país de artistas y periodistas que nacen ingeniosos, rebeldes, y poco a poco los van castrando. Todos quedan con la misma sonrisa pepsodent y el tonito de vendedor de call center

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Los Santo Domingo y los Ardila son los grandes empleadores en este país de artistas y periodistas que nacen ingeniosos, rebeldes, y poco a poco los van castrando. Todos quedan uniformados, con la misma sonrisa pepsodent y el mismo tonito de vendedor de call center. Están ahí, en la televisión, para vender algo. No hay demasiado ingenio en la tv colombiana. Están los concursos, uno de ellos tan exitoso como Masterchef, que ha sabido vender con autoridad las miserias humanas, fórmula infalible en los tiempos del apocalipsis. Están las novelas, algunas de buena factura técnica pero vacías de alma como la nueva versión de Café y otras simplemente horripilantes como El hijo del Cacique. Están los noticieros, por lo general –como es el caso de Noticias RCN- son los altoparlantes de sus dueños y no tienen otro compromiso que complacerlos. Por eso pueden hacer pasar, sin sonrojarse, una manifestación contra Duque a una dizque celebración por su buen gobierno. Noticias Caracol es bipolar, a veces sorprende cuando le dan la libertad que merecen portentos de la investigación como Juan David Laverde o Ricardo Calderón y otras veces no es más que el frívolo show de Juan Diego Alvira.

Me imagino una persona –como hay millones- sin empleo ni esperanzas de conseguirlo, asediado por las deudas y la desgracia lamiéndose su pereza mientras ve todo el día, desde que se levanta hasta que se acuesta, la parrilla de RCN y Caracol. Sumergirse en uno de esos programas de la mañana en donde le enseñan a una mujer como ser una obediente ama de casa, chismosa, racista y hacendosa, es un baño de fascismo absoluto. Entender los valores impartidos en una telenovela o un noticiero colombiano puede hacerle a uno entender muy bien porque Uribe ha ganado cuatro de las últimas cinco elecciones presidenciales. Dictaduras de Asia deberían mandar a jóvenes estudiantes a que analicen como hacemos una televisión pensada para hacer feliz y mansitos a los pobres.

Es una enfermedad, un virus que se reparte en cada restaurante, en cada casa que no puede dejar de ver los espantosos noticieros mientras comen. En Colombia solo 6 millones de personas tienen Netflix, de esos más de la mitad lo usan para ver Nuevo rico nuevo pobre o Vecinos. Es ver la novela sin propagandas.

No pedimos una revolución educativa que ponga a nuestros jóvenes a leer, pedimos simplemente que sepan ver televisión. Hay series de teleaudiencia masiva que son tremendamente buenas como Sex Education, no se necesita ser especialmente cultos para ver una historia que podría hacernos mejores personas, al menos no tan idiotas.

Mientras sigamos encadenados a la programación de los dos grandes canales nacionales, no tendremos futuro como pueblo. Pero es más fácil desenganchar a un adicto a la heroína a alguien cuya vida gira en torno a los caprichos de Carla Giraldo. La televisión, señoras y señores, es un gorila que te abraza y no te suelta. Por eso lo primero que hacen los grupos económicos es comprar los medios.

Adenda: Si quieren conocer de primera mano la bajeza moral de un megamillonarios vean ya mismo las dos primeras temporadas de Sucession. Está en HBO Max.

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