Fue Rey Vallenato, tuvo ocho hijos, murió a los 81 años y como acordeonero y compositor dejó un millonario legado representado en sus canciones

Calixto Ochoa en los corraleros de Majagual - Calixto Ochoa, la mente maestra detrás del Pirulino, muchas de Diomedes Díaz y otras mil que toda Colombia ha cantado

Calixto Ochoa termina de escuchar la canción, sonríe con cierta incredulidad y mueve la cabeza. Le acaban de decir que Diomedes Díaz grabó una composición suya llamada La Plata, pero insiste en que nunca escribió una obra con ese nombre.

Solo cuando vuelven a cantarle los primeros versos cae en cuenta del cambio: era Por eso gozo, la misma en la que años atrás había sentenciado que "si la vida fuera estable todo el tiempo, yo no bebería ni malgastaría la plata; pero me doy cuenta que la vida es un sueño, y antes de morir es mejor aprovecharla."

La escena parece salida de su propio repertorio: una anécdota sencilla, contada entre risas, que termina convertida en otra historia para recordar. Así componía, como los grandes juglares de la tradición vallenata: primero vivía los episodios y después los volvía canción.

Nacido el 14 de agosto de 1934 en Valencia de Jesús, hoy corregimiento de Valledupar, construyó un catálogo popular de más de mil composiciones inspirado en gente de carne y hueso. Campesinos, enamorados, vecinos, viajeros, músicos, animales y hasta borrachos encontraron un lugar en sus letras. Mientras otros buscaban historias extraordinarias, él descubría que las mejores estaban ocurriendo frente a sus ojos.

Calixto Ochoa, el muchacho que salió del pueblo con un acordeón

Antes de ser Rey Vallenato, Calixto Ochoa era un niño que tomaba a escondidas el acordeón de sus hermanos Juan y Rafael para aprender por su cuenta. Todavía faltaban años para que cantara que había nacido "en una casita vieja de paredes de bahareque", pero ya parecía estar escribiendo su propia biografía entre las calles polvorientas de Valencia de Jesús.

A los 19 años, dejó su casa para recorrer los pueblos de la región haciendo lo que más le gustaba: cantar. No sabía hasta dónde lo llevaría ese viaje, pero ya parecía caminar con la nostalgia que años después convertiría en Los Sabanales: "Me provoca volver a los guayabales y aquellos sabanales donde te conocí".

Ochoa salió para conquistar nuevos caminos, aunque nunca paró de escribir pensando en el paisaje que había dejado atrás.

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Cuando llegan las horas de la tarde / que me encuentro tan solo y muy lejos de ti / me provoca volver a los guayabales / y aquellos sabanales donde te conocí.

Ese recorrido lo condujo a Sincelejo, donde en 1956 grabó Lirio Rojo para el desaparecido sello Eco. La acogida de la canción abrió las puertas de Discos Fuentes, compañía con la que trabajó durante más de una década. Más tarde integró Los Corraleros de Majagual, junto a Alfredo Gutiérrez, Eliseo Herrera, César Castro y Lucho Pérez, antes de formar Calixto Ochoa y su Grupo y, posteriormente, Calixto Ochoa y Los Marimberos.

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Donde otros veían anécdotas, Calixto Ochoa encontraba canciones

En 1970, se coronó Rey Vallenato con "El gavilán marimbero" y "La puya regional", recibió un premio de 10.000 pesos y compró un reloj marca Ferrocarril de Antioquia. Sin embargo, el mayor premio ya lo estaba consiguiendo fuera de los festivales: había aprendido a convertir la conversación del pueblo en literatura cantada.

Mientras otros compositores perseguían grandes epopeyas, Calixto seguía prestando atención a los personajes de su cotidianidad. Donde alguien veía un vecino pintoresco, él encontraba a Pirulino; donde aparecía un campesino curioso, nacía El amigo Chan.

Por ejemplo, Chan soñaba con viajar a Nueva York para regresar convertido en un hombre importante. Sin embargo, el idioma, las costumbres y la ciudad terminaron desconcertándolo hasta hacerlo volver casi de inmediato. Mucho antes de que el Caribe hablara de globalización, Calixto ya había contado, con humor, el choque entre un campesino y el mundo moderno. No escribió una simple canción: construyó una crónica popular que todavía sigue provocando risas.

Chan fue de paseo, pero no se demoró / llegó a Nueva York y el día siguiente se vino / Chan fue de paseo, pero no se demoró / llegó a Nueva York y el día siguiente se vino

Algo parecido ocurrió con Pirulino. Una borrachera terminó convertida en uno de los himnos más reconocibles de la música tropical. Compuesta en 1961 y popularizada por Los Golden Boys en 1965, volvió a recorrer América cuando Pedro el escamoso la rescató en 2001 con el inolvidable baile de Miguel Varoni. Lo cotidiano, en las manos de Calixto, rara vez permanecía siendo cotidiano.

Pirulino se pegó una borrachera / en la casa de Aquilino el preguntón / en el patio llegó y lo mordió una perra / y le ha roto el único pantalón.

Una vida que terminó pareciéndose a sus canciones

Sus composiciones viajaron mucho más lejos que él. Diomedes Díaz grabó 32 canciones de su autoría, más que las de cualquier otro compositor dentro de su repertorio. También las llevaron a sus discos Alfredo Gutiérrez, Iván Villazón, Los Hermanos Zuleta, El Binomio de Oro, Los Hispanos, Rodolfo Aicardi y Wilfrido Vargas, quien internacionalizó El Africano, escrita junto a Wilfrido Martínez.

Mamá, el negro está rabioso, quiere pelea conmigo, ¡decíselo a mi papá! / Mamá, yo me acuesto tranquila, me arropo la cabeza / y el negro me destapa / Mami, ¿qué será lo que quiere el negro?

No fue una casualidad. Cada obra parecía una película de tres minutos, con personajes, diálogos, humor, giros inesperados y un lenguaje que conservó intacta la oralidad del Caribe. Mientras Gabriel García Márquez llevó esas voces a la novela, Calixto las llevó al acordeón.

Incluso, cuando los problemas renales y una isquemia comenzaron a deteriorar su salud, siguió grabando ideas en casetes para que ninguna melodía se escapara. Era como si siguiera creyendo aquello que había escrito décadas atrás: que la vida es un sueño y que no había tiempo para dejar canciones sin terminar.

Calixto Ochoa falleció el 18 de noviembre de 2015, a los 81 años, en la clínica Santa María de Sincelejo. Sin embargo, su muerte no cerró las historias que había creado. Chan todavía regresa confundido de Nueva York; Pirulino sigue apareciendo en las parrandas; alguien continúa mirando los sabanales donde conoció un amor y Diana permanece esperando noticias de quien prometió volver.

Si acaso yo no regreso más por aquí / dígale a Diana si viene por qué me fui / si acaso yo no regreso más por aquí / dígale a Diana que rece y ruegue por mí.

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Por Christopher Ramirez

Periodista Apasionado por la literatura y la crónica urbana.