Autoestudio sin narcicismo: pensarse en cuarentena desde la filosofía de Montaigne

“No hay descripción de tanta dificultad como la de uno mismo, ni ciertamente de tanta utilidad”

Por: Andrés Romero Pérez
agosto 10, 2020
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Autoestudio sin narcicismo: pensarse en cuarentena desde la filosofía de Montaigne

Del Ejercicio es el nombre que lleva de título el capítulo VI del libro Ensayos del filósofo francés Michel de Montaigne. En este capítulo plantea varios temas como la importancia de la práctica (praxis) en la filosofía y la imposibilidad de llevar a la práctica planteamientos filosóficos sobre la muerte puesto que “todos somos aprendices cuando nos llega”. Sin embargo, Montaigne considera que sí se puede entrenar para cuando esta llegue, eso es lo que lleva al filósofo francés a contarnos el accidente que tuvo y lo cerca que esta experiencia estuvo de la muerte. Luego de eso entra al punto más interesante a mi parecer del capítulo y el cual comentaré y evaluaré, éste es, la importancia el autoestudio.

Montaigne cerca del final del capítulo comienza a explicarle al lector su decisión de tomarse como ejemplo, invitándonos también a usarnos de ejemplo y a estudiarnos. Montaigne describe dos puntos diametralmente opuestos en forma pero con un final común para remarcar la importancia de mantenerse en medio de esos dos. Por un lado dice “decir menos de uno mismo de lo que se es necedad”. Por otro lado señala “el decir de uno mismo más de lo que se es no siempre es presunción, a menudo también es necedad”. En estas dos frases, a mí parecer, Montaigne enmarca muy bien el hablar de uno mismo, dándonos a entender que la manera que tenemos de hablar de nosotros sin caer en la necedad es manteniéndonos en medio de esas dos posturas. El autor profundiza más en ambas frases apoyándose en Aristóteles para explicar por qué es negativo caer en la necedad. Hablar más o menos de uno mismo es caer en falsedades, y para Aristóteles “ninguna virtud se beneficia de la falsedad y la verdad jamás constituye materia de error”, por lo tanto la manera correcta y virtuosa de auto referirse está en medio de ambas posturas, porque en medio de ambas se encuentra la verdad.

Ahora es necesario profundizar más en la cuestión del autoestudio una vez ya enmarcado este, Montaigne también se detiene en el texto para defender el autoestudio, para él “no hay descripción de tanta dificultad como la de uno mismo, ni ciertamente de tanta utilidad”. Luego establece una distinción entre “complacerse a uno mismo” y estudiarse a uno mismo. El filósofo francés nos presenta a una actitud narcisista como un exceso, y si recordamos hace unos párrafos el exceso en el autoestudio lleva a la necedad. Montaigne considera el narcicismo un exceso porque para él el “palparse superficialmente” solo sucede luego de ocuparse de asuntos lejanos al “yo”, o sea, no constituye un autoestudio a profundidad, solo permanece en la superficialidad. Me parece de crucial importancia eso último porque al menos desde mi experiencia siempre se suele asimilar el autoestudio con una actitud narcisista, entonces, el hecho que Montaigne haga esa distinción y establezca que no son lo mismo, sino que son completamente opuestos, abre la posibilidad de poder auto estudiarse sin creer que estamos cayendo en una actitud narcisista.

Ahora, ¿dónde entra la praxis en todo esto? Es una pregunta que estuvo dando vueltas en mi cabeza durante toda esta parte del capítulo. Al final, considero que la respuesta misma Montaigne la entrega, considerando toda la manera de pensar que presenta. Montaigne a través de todo el texto ratifica su creencia en una dualidad presente en el ser humano, la dualidad cuerpo-alma, podemos ver eso a través de todo su escrito, hasta en el ejemplo de su accidente: “Pareciame que solo me quedaba vida en los labios, cerraba los ojos para ayudar a empujarla fuera”, refiriéndose a intentar empujar su alma fuera de su cuerpo, pues consideraba que el accidente solo lo había afectado nivel cuerpo. Eso último se ve reforzado con la frase: “No puedo imaginarme ninguna situación tan horrible como tener el alma viva y afligida sin medios para expresarme”. Es decir, tener el cuerpo muerto y el alma viva, atrapada en el cuerpo inerte. Tomando en cuenta toda la manera de entender al humano que Montaigne tenía podemos responder claramente donde entra la praxis en el autoestudio. Si caer en el estudio exclusivo del cuerpo sin tener en cuenta el alma es caer en una actitud narcisista, por lo tanto, una necedad. La manera que podemos conocernos radica en estudiarnos nivel alma, y que lo que estudiemos nivel alma se lleve a la praxis nivel cuerpo. Eso lo deja muy explícito en la frase “no hay descripción de tanta dificultad como la de uno mismo, ni ciertamente de tanta utilidad”, poniendo énfasis en la palabra “utilidad” nos es útil esa definición porque podemos saber qué poner en práctica nivel cuerpo.

Es de vital importancia todo lo que Montaigne nos presenta en el texto, porque a ojos de la actualidad el autoestudio sigue siendo visto como narcisismo. Por lo tanto, la distinción que Montaigne hace tiene una doble significación: por un lado, establece que no es lo mismo el autoestudio que el narcicismo; y, por otro, lado nos invita con lo primero en mente a autoestudiarnos.

Como último, y ya a manera de intentar purgar todo mi comentario de cualquier posible malinterpretación, quisiera establecer la manera en la cual el autoestudio no puede llevar a adoptar una postura solipsista. Montaigne rechaza explícitamente el solipsismo al momento de auto estudiarse cuando considera el mismo autoestudio como la aceptación de la ignorancia misma. Lo deja claro con la siguiente frase: “Si alguien se embriaga con su ciencia al mirar a sus pies, que vuelva los ojos hacia lo alto (…) bajará las orejas viendo tantos genios que pueden pisotearlo”. Es decir, pese a que sea un autoestudio este siempre va a estar inmerso en un universo de múltiples pensamientos, pasados, presentes y futuros. Esto último también lo tomé como invitación, invitación a tomar en cuenta todas las personas que han pensado, y lo que han pensado para poder pensarse a partir de las enseñanzas que nos han dejado.

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