Álvaro Uribe jamás defraudará a su pueblo

En entrevista con Vicky Dávila volvió a dejar claro que es el macho que adoran sus seguidores: jamás pedirá perdón por algún error que pueda haber cometido

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junio 15, 2021
Álvaro Uribe jamás defraudará a su pueblo

En Colombia nos gustan los machos y nadie es más macho que Álvaro Uribe. Es el político colombiano que mejor ha sabido capitalizar el amor de los colombianos por la fuerza. Por eso su lema, creado por el genial publicista y hoy arrepentido uribista Carlos Duque, Mano Firme, Corazón Grande, disparó en un par de meses su imagen en las elecciones del 2002. Es que después de haber elegido a una nulidad como Andrés Pastrana, cualquiera que reclamara autoridad sería el nuevo presidente del país. Y desde entonces el del Ubérrimo ha sabido mostrarse como un político inflexible, el que da en la jeta marica, el que hace comer el vómito de sus propios hijos, el papá que ejerce su liderazgo a punta de chancleta. Uribe es un varón y ser macho es no tener que pedir nunca perdón.

En la noche del lunes festivo del 15 de junio, Vicky Dávila entrevistó a Álvaro Uribe. Una de las preguntas más esperadas era saber si él, como Juan Manuel Santos, quien fue el ministro de Defensa en su segundo periodo presidencial, se arrepentía de los 6.402 falsos positivos que hubo durante sus 8 años de mandato. La respuesta no defraudó a los que lo siguen: no, él no tiene que pedir perdón por que el ejército lo engañó diciéndole que estaba matando guerrilleros de las FARC y que a diferencia del blandito de Santos él no irá a la Comisión de la Verdad. El pueblo uribista rugió como si hubiera hecho un gol de media cancha. Otra vez Uribe se portaba como un patrón. Sólo los mariquitas se arrepienten y piden perdón. Los hombres de verdad no van al cine, no leen novelas, no dialogan con sus parejas y no se arrepienten de lo que hacen.  Además, Uribe tenía la delicadeza de no meterse con el ejército ya que, como colombiano de bien que se respeta, cree que este fue un caso de unas cuantas manzanas prohibidas. Su faena, como buen torero que es, había sido de rabos y orejas.

Es indudable que la gente en Colombia está cambiando. Los jóvenes son abiertamente antiuribistas y rechazan esa imagen de macho que le dio más del 80% de popularidad mientras fue presidente entre los años 2002-2008. Pero no podemos subestimar lo que representa el expresidente. Él sabe que nunca podrá convencer a los jóvenes que marchan contra él por las calles, él le apuesta a mantener viva la furia con la que siempre salen a votar sus seguidores más acérrimos, los que nada, ni siquiera eso de que el ejército, alentado por las recompensas que daba su gobierno, hubiera hecho pasar a muchachos que sufrían Síndrome de Down por guerrilleros de las FARC. A Uribe se le quiere por encima de cualquier cosa, como Dios Padre no tiene defectos y si él decidió cometer pecados tan graves como no escuchar a defensores de derechos humanos como Jesús María Valle que denunciaba la inminencia de la masacre del Aro, sería por una razón poderosa, tal vez por la misma razón por la que Dios decidió destruir Sodoma y Gomorra.

No esperen perdón de un presidente que ha confiado siempre en la fuerza. Acuérdense que él representa a señores como el que amenazó en una de las marchas de apoyo al expresidente, que el uribismo regresaría a darnos plomo a todos los mechudos que habláramos de paz. Y en las próximas elecciones vendrán con todas sus mentiras a intentar frenar la revolución de los muchachos que salieron como héroes a enfrentarse contra una policía corrupta y salvaje. Asusta ver lo que sucede en democracias como la húngara y la polaca que han hecho populares stikers pegados a las puertas de los apartamentos en Varsovia rezando “este es un ambiente libre de LGBTI” Ahí tienen a sus pastores de siempre con ganas de movilizarse y votar contra el diablo encarnado en alguno de esos vándalos que siguen marchando desde el 28 de abril.

Uribe seguirá representando al macho potente, paisa, el de hacha en mano y todo el que no sea uribista será gay o guerrillero y sólo ellos pueden pedir perdón y arrepentirse de lo que ha hecho mal. Uribe tiene claro su pueblo y no lo va a traicionar. Ya no son 20 millones, ni siquiera serán 10, pero basta dar un recorrido por redes, hablar con el taxista de turno, pararle bolas a la conversación de dos señoras saliendo del culto y que van atareadas en Transmilenio, para darse cuenta que todavía pueden dar pelea. Uribe lo sabe, y por eso jamás podrá traicionar a su pueblo.

 

 

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