El abandono del Parque del Llanito: Rionegro, Antioquia

"La administración sí parece haberse olvidado del parque, y como se supone que la administración debería hacer eco de la ciudadanía, nadie dice nada, es un eco vacío"

Por: Juan Esteban Trujillo Marín
mayo 30, 2017
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El abandono del Parque del Llanito: Rionegro, Antioquia

Todos tenemos un derecho espiritual, vital e irreemplazable, se trata del derecho elemental a ser olvidados, el valor honorable de la extinción. El deber que tiene toda sociedad, en sus cinco o seis sentidos, de borrar de su piel todas las huellas que el tiempo va grabando en ella, y de las que el autor no se sienta muy orgulloso o complacido. El tiempo somos nosotros, cada uno de los números, cada uno de los segundos, somos y seremos nosotros, la matemática solo conoce un destino: la circular perfección del tiempo.

Sin embargo, hay muchas manchas permanentes, fracturas y daños que se conservan y saben envejecer muy bien, y hasta poseen habilidades para ocultarse profesionalmente. Pero qué pasa cuando el olvido y el camuflaje, se refiere y se trata, del entorno de un parque muy importante para un sector del municipio de la localidad de Rionegro, tierra heroíca de Antioquia. Desde hace ya tres años, es decir, treinta y seis meses, se presta como un desierto de cemento, lo que se conoce por los habitantes como El Parque del Llanito se ha desconfigurado completamente de su objetivo y se oculta en su desolación entre tiendas y dos negocios de comida muy veloz recubiertos por láminas de metal, que muchos conocen como punto de referencia.

Los ciudadanos no lo han abandonado porque allí siguen comiendo en esos negocios de comidas rápidas, pero no en las sillas del municipio, no. Comen en las sillas que saca el señor de los perros porque por ahí dicen que peor es nada. No obstante, la administración sí parece haberse olvidado del parque, y como se supone que la administración debería hacer eco de la ciudadanía, nadie dice nada, es un eco vacío, una voz calcinada, una negligencia universal, nos sentamos en lo que queda de las sillas. Cabe aclarar que un pueblo o una ciudad, es lo que hace de sus parques, en ellos están los espejos de la alcaldía y sus dirigentes, por eso la rehabilitación del Parque Principal, es el espejo que Andrés Julián desea ver cuando sale a su balcón y eso está bien.

Lo terrible es la tristeza que produce intentar permanecer en el Parque del Llanito mucho tiempo, los enormes árboles y las parcelas de césped camuflan desde fuera la desolación del sitio, que tiene todos los elementos para ser un lugar emblemático y cómodo para estar una tarde de domingo o bien, una tarde de cualquier día de la semana. Pero es que no hay donde sentarse y el suelo no siempre es una opción. Un circular centro que se expande hasta las calles, en círculos concéntricos, carece de una fundamental fuente o de una estatua que le brinde una personalidad, un monumento o una obra de arte que descanse la vista. Hay mucho espacio pero poco trabajo arquitectónico, y cualquier hijo de vecino, así no sepa de arquitectura y matemáticas, dirá lo mismo, tal cual. Lo dicho y lo hecho, es un desierto de concreto en donde ni el espejismo tiene la capacidad de existir. Lo más alarmante, reitero, es el estado indignante en que están las sillas, si es que a esas tres o cuatro tablas sostenidas entre soldaduras, se les puede llamar así.

El llamado es a que por lo menos pongan unas sillas básicas y aceptables o que ajusten las que parecen haber servido como asiento para Adán y Eva y  también para sus hijos Caín y Abel, y los hijos de sus hijos. Que la administración tenga sentido de pertenencia con el sitio y no se hagan los de la vista gorda, los oídos sordos y los bolsillos vacíos. Que dejen de sostener esos silencios ciudadanos como si se tratara de su trinchera favorita. Mientras mejoran un Parque Principal con montones de dinero (que por un lado está muy bien y es una decisión respetable), pueden comprar las sillas que el Llanito está pidiendo a gritos y demostrar que no todo se hace para figurar como el "mejor gobierno de la región". Que se hace porque el municipio verdaderamente lo necesita.

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