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Opinión

A repensarnos la paz

Vamos a pensar que es posible reinventarnos la forma de no vivir en medio de la violencia, al menos en el discurso, eso es lo que quiere el pueblo colombiano, las Farc, el gobierno e incluso los promotores del No

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Octubre 04, 2016
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“Voy a seguir creyendo, aun cuando la gente pierda la esperanza.” Ghandi

Nadie esperaba los resultados electorales del domingo. Los del No denunciaban fraude, malversación de recursos públicos a favor del Sí y violación a las reglas electorales. Los del Sí creíamos asegurado el triunfo y ambos no le atinamos.

No ayudaron las firmas encuestadoras que unánimemente daban por ganador al Sí en el plebiscito y que pudieron determinar la confianza de algunos que no salieron a mojarse creyendo en los resultados que vaticinaban el triunfo y que condujo al inescrutable fracaso.

El 63 % de los colombianos aptos para votar no lo hizo y quienes lo hicieron demostraron la división extrema de opiniones frente a un tema en el que primó el miedo de unos y la soberbia de otros, aunque quizás compartan el anhelo de la paz.

En estas circunstancias de triunfo inesperado del No han sido importantes las declaraciones de las Farc-EP y del gobierno, e incluso de sectores del Centro Democrático de preservar el cese bilateral del fuego y de seguir buscando un acuerdo. Pero no puede ser un acuerdo de élites que destruya los avances democráticos incluidos en los acuerdos de paz y que excluya a la sociedad civil de la construcción de la paz.

La campaña del No cabalgó sobre la posibilidad de que se renegociaran los acuerdos, aun cuando el mismo jefe negociador del gobierno había dicho que eso era inviable. Cabalgó sobre el miedo, no solo a las Farc sino al principio del estado laico, de los derechos de las mujeres y de las minorías sexuales a través del invento de la ideología de género. Lo cierto es que debemos seguir luchando por un acuerdo que incluya a la sociedad, a las víctimas, a los del Sí, a los del No, a las Farc y ojalá al ELN.

Los discursos del gobierno, de las FARC y hasta de algunos en el uribismo llaman a la reconciliación y a la unidad, ojalá seamos capaces de ponernos de acuerdo y alcanzar el mayor consenso nacional. En medio de cualquier interpretación sobre el triunfo o la derrota, lo realmente importante es que la guerrilla no vuelva al monte y que los colombianos no nos sigamos matando absurdamente.

Lo ocurrido con el brexit en el Reino Unido y el plebiscito en Colombia, pero también los fracasos de los proyectos de izquierda en Latinoamérica deben hacernos reflexionar profundamente de qué y cómo estamos haciendo las cosas. También en las elecciones municipales de Brasil nos preguntan si debemos reinventar el discurso y las prácticas de la izquierda.

En Colombia sigue siendo muy grave que el 60 % de los ciudadanos no participan, todos los referentes políticos y los generadores de opinión son minoritarios y no tienen capacidad de convocatoria suficiente. Los resultados del domingo pasado demuestran una vez más que, pasados apenas dos años, la polarización del país se mantiene y la izquierda está lejos de pensarse estar en el poder.

Sin embargo, hay que reconocer la movilización de jóvenes, mujeres y trabajadores sindicalizados por el Sí y por la paz, gracias a ellos la derrota no fue peor y gracias a ellos los errores del gobierno y la precariedad de los partidos políticos de la Unidad Nacional tuvieron un efecto menor, con ellos y ellas nos seguiremos movilizando porque la paz y la justicia siguen siendo nuestro horizonte.

¿Por qué sectores del sindicalismo y de la izquierda
llegaron tarde a algo que siempre habíamos reclamado:
la solución política al conflicto armado? ¿Por qué nos confiamos?

Mientras el Estado y la Guerrilla sostienen el cese al fuego, es importante vincular al mismo al ELN, pero también debemos detenernos a revisar qué hicimos mal. ¿Por qué vacilamos? ¿Por qué sectores del sindicalismo y de la izquierda llegaron tarde a algo que siempre habíamos reclamado: la solución política al conflicto armado? ¿Por qué nos confiamos?

No voy a llorar más. Vamos a mirar hacia adelante y pensar que es posible reinventarnos la forma de no vivir en medio de la violencia. Al fin y al cabo, al menos en el discurso, eso es lo que quiere el pueblo colombiano, las Farc, el gobierno, incluso los promotores del NO.

El plebiscito, que la mayoría nos pensábamos que holgadamente se ganaría en favor del Sí, se perdió y se perdió precisamente porque también los partidos de la Unidad Nacional fracasaron, no hicieron lo suyo, el mismo vicepresidente nunca se subió al bus y hoy el país le pasa la cuenta de cobro a un presidente que se la jugó por este acuerdo y que contó con sectores de la izquierda democrática que respaldaron su reelección solo con ese propósito.

Resultó cierto lo que dijo alguien, el lunes todos despertamos enguayabados, perdió un país y ganó la incertidumbre y la desesperanza.

Los trabajadores y trabajadoras sindicalizados en su mayoría le apostamos al Sí, convencidos de que el acuerdo era el inicio de una modernización de nuestra sociedad. No logramos convencer a todos, no logramos llegar a los que aún no creen en la política ni en nuestra limitada democracia. Hacia allá tenemos que trabajar, si es que, en verdad, algún día queremos tener un papel político importante y decisivo en Colombia.

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