Hay fortunas que nacieron de una mina, otras de una línea telefónica y algunas de empresas familiares que terminaron convertidas en verdaderos imperios. En América Latina, donde un negocio puede pasar de una generación a otra y terminar extendiéndose por varios países, hay apellidos que se volvieron sinónimo de poder económico.
La revista Forbes actualizó su listado de las mayores fortunas del mundo y entre ellas aparecen varios de los empresarios más poderosos de América Latina. Sus patrimonios tienen orígenes distintos, pero todos están ligados a grandes grupos empresariales con presencia en sectores estratégicos de la economía regional.
El mexicano Carlos Slim construyó su fortuna alrededor de las telecomunicaciones y después la llevó a sectores como infraestructura, comercio e inmobiliario. Por su parte, Germán Larrea, paisano del latinoamericano más rico, hizo lo propio desde las minas de cobre y terminó extendiendo su negocio a los ferrocarriles.
El tercer lugar del podio le pertenece a una chilena. Iris Fontbona heredó el imperio empresarial de los Luksic y lo consolidó alrededor de la minería, las finanzas y las bebidas, mientras Alejandro Baillères asumió el control de uno de los conglomerados más tradicionales de México.
Entre tanto, en Colombia está Jaime Gilinski, cuya historia tiene un ingrediente distinto: las grandes adquisiciones.
La banca fue durante años la columna vertebral de su grupo, pero la ofensiva por Nutresa y la disputa empresarial que se desató alrededor del Grupo Empresarial Antioqueño marcaron un nuevo capítulo de su expansión. La operación terminó convirtiendo a Nutresa en una de las piezas centrales de su imperio y llevó su fortuna a otra dimensión.
Son cinco historias diferentes, pero con un punto en común: detrás de cada fortuna hay empresas que terminaron funcionando como plataformas para seguir creciendo, comprando y diversificando.
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Carlos Slim: imperio en comercio, manufactura, construcción, energía e infraestructura
El apellido Slim también tiene presencia en Colombia. Su compañía América Móvil opera en el país a través de Claro y forma parte de un conglomerado que hace mucho dejó de depender exclusivamente de las telecomunicaciones.

Carlos Slim recibió desde joven una formación financiera de su padre, Julián Slim Haddad. Con apenas 12 años comenzó a invertir y a llevar registros de sus ingresos y gastos. Más adelante estudió Ingeniería Civil en la Universidad Nacional Autónoma de México y comenzó a construir su propio grupo de inversiones.

Uno de los momentos que marcó su fortuna llegó durante la crisis mexicana de 1982. Mientras el país atravesaba una fuerte devaluación y muchos activos perdían valor, Slim aprovechó para comprar compañías y participaciones a precios que consideraba atractivos. Entre ellas estuvieron Cigatam, Seguros de México y Reynolds Aluminio.

El gran salto llegó en 1990, cuando el Gobierno mexicano privatizó Telmex. Slim, junto con Southwestern Bell y France Télécom, ganó la licitación por el control de la compañía. A partir de allí, las telecomunicaciones se convirtieron en el gran motor de su expansión.
Hoy su imperio se mueve a través de América Móvil, uno de los mayores operadores de telecomunicaciones de América Latina, y Grupo Carso, con negocios de comercio, manufactura, construcción, energía e infraestructura. También tiene presencia en el sector financiero mediante Grupo Financiero Inbursa y en minería a través de Minera Frisco.

Forbes estima actualmente su fortuna en US$120.800 millones, lo que lo ubica entre las mayores fortunas del planeta.
Germán Larrea, el otro mexicano del listado: que convirtió el cobre en un imperio
La historia empresarial de Germán Larrea empezó como negocio familiar. Su padre, Jorge Larrea Ortega, había construido una compañía dedicada inicialmente a la construcción y posteriormente entró al sector minero. En los años 70 adquirió Mexicana de Cobre, uno de los primeros pasos de lo que terminaría convirtiéndose en Grupo México.

Tras la muerte de su padre en 1994, Germán Larrea asumió el liderazgo del conglomerado y aceleró su expansión. La minería siguió siendo el corazón del negocio, pero el grupo comenzó a diversificarse hacia sectores como el transporte y la infraestructura.
Una de sus grandes operaciones llegó en 1997, cuando Grupo México obtuvo la concesión del Ferrocarril Mexicano en alianza con Union Pacific. Con el tiempo, el negocio ferroviario se convirtió en una segunda gran columna del conglomerado.

Actualmente Grupo México tiene operaciones mineras en México, Perú y Estados Unidos y produce cobre, molibdeno, zinc, plata y oro. Su división de transporte también maneja una extensa red ferroviaria y el grupo tiene participación en el negocio de exhibición cinematográfica a través de Cinemex.
La fortuna de Larrea ronda los US$65.800 millones, según la estimación en tiempo real de Forbes.
Iris Fontbona: la mujer que consolidó el imperio de los Luksic
Iris Fontbona llegó a la cabeza de uno de los mayores grupos empresariales de Chile después de la muerte de su esposo, Andrónico Luksic Abaroa, en 2005.

El imperio había comenzado décadas antes alrededor de la minería y posteriormente se había diversificado hacia sectores como banca, bebidas, transporte y energía. Tras la muerte de Luksic, Fontbona y sus hijos asumieron el control de las principales compañías familiares.
El principal activo es Antofagasta plc, uno de los grandes productores de cobre de Chile y una compañía que cotiza en Londres. A esto se suma Quiñenco, holding con inversiones en banca, manufactura y bebidas, entre otros negocios.
La familia también tiene participación en CCU, asociada con Heineken, y en el transporte marítimo a través de Compañía Sud Americana de Vapores. El grupo mantiene además inversiones en energía, combustibles y hotelería.
Forbes calcula la fortuna de Iris Fontbona y su familia en US$45.700 millones.

Alejandro Baillères: la nueva generación de un imperio mexicano
Alejandro Baillères representa otra forma de construir una de las grandes fortunas de la región: recibir un conglomerado familiar ya consolidado y asumir su expansión.

Su padre, Alberto Baillères, convirtió Grupo BAL en uno de los grandes grupos empresariales de México, con negocios que van desde la minería y los seguros hasta el comercio de lujo. Tras su muerte en 2022, Alejandro y sus hermanos heredaron el control del grupo.
La minería continúa siendo uno de los pilares a través de Industrias Peñoles y Fresnillo, mientras que el comercio está representado por El Palacio de Hierro, una de las principales cadenas mexicanas de tiendas departamentales de lujo.

En el sector financiero, el grupo tiene negocios como GNP, Profuturo y Valmex. También mantiene participación en energía mediante PetroBal.
Forbes estima en US$17.300 millones la fortuna de Alejandro Baillères y su familia.
Jaime Gilinski: el colombiano que hizo de las adquisiciones su gran negocio
Si hay un apellido de esta lista cuya expansión reciente estuvo marcada por las grandes operaciones corporativas, es Gilinski.
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Jaime Gilinski estudió Ingeniería Industrial en Georgia Tech y posteriormente obtuvo un MBA en Harvard. Antes de construir su propio imperio pasó por Morgan Stanley, donde trabajó en el área de fusiones y adquisiciones.
Su primer gran salto empresarial llegó en Colombia con la banca. En los años 90 participó en la compra del Banco de Colombia y posteriormente vendió su participación al Grupo Empresarial Antioqueño. Años después regresó al sector financiero y expandió sus negocios a otros mercados latinoamericanos.
Pero fue entre 2021 y 2023 cuando su apellido pasó a ocupar el centro de una de las mayores disputas empresariales de Colombia. Gilinski lanzó varias OPAs por Nutresa, Grupo Sura y Grupo Argos, en una ofensiva que buscaba romper la estructura de participaciones cruzadas que durante décadas había caracterizado al GEA.

La batalla terminó con un acuerdo diferente al que inicialmente planteaban las OPAs. Gilinski y su socio, International Holding Company (IHC), concentraron sus esfuerzos en Nutresa y acordaron entregar sus participaciones en Sura y Argos a cambio de aumentar su control sobre la compañía de alimentos. Para 2024, Gilinski e IHC ya controlaban el 76,9 % de Nutresa y avanzaban hacia una participación mayoritaria.
Nutresa terminó siendo mucho más que otra adquisición. El grupo sumó a su portafolio una compañía con operaciones internacionales en alimentos, cafés, chocolates, pastas y helados.
A la banca y los alimentos se suman otros negocios de la familia, entre ellos inversiones inmobiliarias y hoteleras internacionales y el proyecto Panamá Pacífico. También está su participación en medios a través de Grupo Semana.
Ese recorrido explica por qué Gilinski ocupa un lugar particular entre los grandes empresarios de la región: su fortuna no está asociada a una sola mina, una compañía de telecomunicaciones o un negocio familiar tradicional, sino a una estrategia basada en comprar, transformar y volver a invertir.
Hoy Forbes estima su fortuna en US$17.300 millones, ubicándolo entre los 200 empresarios más ricos del mundo.
Cinco apellidos, cinco caminos distintos y negocios que cruzan fronteras. Pero mientras Slim hizo de las telecomunicaciones su gran plataforma, Larrea del cobre, Fontbona de la minería y Baillères de un conglomerado familiar diversificado, Gilinski encontró en las adquisiciones y en la banca el mecanismo para construir un imperio que ahora tiene a Nutresa como una de sus grandes piezas.
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