Hay amores que empiezan sin testigos. El de James Rodríguez con los paisas nació cuando tenía 12 años. El 10 nació en Cúcuta, pero llegó a la capital antioqueña detrás de un balón. Nadie imaginó que sus primeros minutos en la cancha Marte serían el principio de una relación incondicional entre el crack y Medellín.
En su camino estuvieron Madrid cuando cumplió el sueño de cualquier futbolista: ponerse la 10 del Real. El romance apenas duró una temporada. En Múnich no hubo magia con la ciudad ni con el Bayern: lo aburrieron el frío, el idioma, el rigor de los alemanes. "Ni que fuera a correr el Tour de Francia", dijo cuando el entrenador Nico Kovac le pidió que montara bicicleta estática después de los entrenamientos.
Tampoco fluyó la relación con Everton ni Liverpool. Cero química. León, Sao Paulo y Mónaco no lograron seducirlo y terminaron sacándolo por la puerta de atrás después de haberlo recibido con cantos y aplausos. Tan solo amoríos pasajeros con un olvidable rastro en redes sociales como si se tratara de mortales del común.
A través del tiempo y los intentos frustrados, Medellín y los paisas siempre fueron su refugio: un amor incondicional. 23 años después de la primera cita, regresaría a la ciudad, convertido en una estrella mundial, para firmar con Atlético Nacional.
A lo largo del romance con los paisas, el 10 colombiano ha hecho un álbum de momentos mágicos con la ciudad colombiana donde se siente más a gusto. Una mansión con vista al Valle de Aburrá, una cancha donde entrenaba cuando era ídolo en Europa, tardes de picaditos con Maluma y otros parceros, vacaciones con sus hijos, un negocio de café y una familia.
La ciudad de sus amores. El 11 de septiembre de 2026, Atlético Nacional confirmó su fichaje hasta el 30 de junio de 2027. El romance empezó con un niño dotado de la zurda más precisa en la historia del futbol nacional y ahora vive su capítulo más reciente: la firma con el Rey de Copas.
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Todo empezó con un niño extraterrestre en la cancha Marte
La primera cita fue en 2004. James tenía 12 años y llegó a Medellín con la Academia Tolimense para disputar el Pony Fútbol. En la cancha Marte, uno de los escenarios más tradicionales del fútbol infantil de la ciudad, aquel zurdo de Cúcuta terminó levantando el trofeo.

Lo que vino después parece escrito para una película. Gustavo Upegui, entonces presidente de Envigado, se fijó en él. Talento extraterrestre. James recibió ofertas de Atlético Nacional y del Deportivo Independiente Medellín, pero terminó llegando al Envigado Fútbol Club.
Dos años después, la relación pasó al nivel profesional. El 21 de mayo de 2006, con apenas 14 años, James debutó frente al Cúcuta Deportivo en el Parque Estadio Sur. Un niño en medio de hombres.
Después de los entrenamientos se quedaba una o dos horas pateando balones contra las porterías vacías. Medellín dejó de ser el lugar donde había jugado un torneo infantil para convertirse en el lugar donde había empezado su exitosa vida laboral siendo aún un niño.
En 2008, cuando tenía 16 años, se marchó al Banfield argentino. La despedida parecía definitiva. El muchacho tenía que irse para convertirse en lo que quería ser. Medellín parecía quedar atrás como un primer amor destinado al olvido.
La ciudad que aparecía cada vez que James volvía a ser James
Pasaron los años. James se convirtió en campeón con Porto, jugó en Mónaco, llegó al Real Madrid, pasó por el Bayern Múnich y se convirtió en el goleador del Mundial de Brasil 2014. Su vida empezó a transcurrir entre aeropuertos, hoteles y estadios.

Sin embargo, regresaba siempre a la eterna primavera. Hay una fotografía especialmente reveladora: James, ya convertido en jugador del Real Madrid, entrenando nuevamente en las canchas de Envigado. Había salido de allí siendo un adolescente y ahora volvía después de conquistar Europa. Fidelidad y compromiso.
En 2018, cuando jugaba para el Bayern Múnich, James mostró orgulloso su mansión de Envigado. Tenía 3.600 metros cuadrados de terreno y 835 construidos. Piscinas, cancha de baloncesto, cine, bar, una cancha sintética con un J10 en el centro y una vista abierta sobre uno de los amores de su vida, Antioquia.
Lo más revelador estaba adentro: los trofeos del Pony Fútbol y los recuerdos de Brasil 2014. El niño de la cancha Marte y el héroe del Mundial convivían en la misma habitación.
El amor dentro del amor: familia, colegas y escudo verdolaga
La relación de James con los paisas también pasa por su familia. Su madre, María del Pilar Rubio, es antioqueña, y su exesposa, Daniela Ospina, nació en Medellín. Con ella tuvo a Salomé, mientras que Samuel, su segundo hijo, también ha crecido entre Colombia y los países donde James ha desarrollado su carrera.
Su familia es paisa. También están las personas del corazón; entre ellos, el arquero David Ospina, de entraña paisa y verdolaga. Son ex cuñados, colegas y amigos. En la cancha libraron algunas de las jornadas más épicas de la tricolor. Los dos fueron compañeros durante años y construyeron una amistad que trascendió la cancha y que ahora vuelve a cruzarse en Nacional.

Uno siempre vuelve a los lugares donde fue feliz. Medellín ha sido el escenario de sus vínculos estrechos. Allí, buena parte de sus afectos han tenido apellido, rostro y recuerdos. Ahora también tendrán un escudo verde con dos Copas Libertadores a cuestas.
Los picaditos con las estrellas del reguetón
En junio de 2017, durante unas vacaciones en Medellín, apareció jugando un partido informal junto a Maluma, Juan Fernando Quintero y Sebastián Botero. No había estadio, árbitro ni camiseta de selección. Solo un grupo de amigos y el balón.
Cuatro años después, 1 de junio de 2021 repitió. James apareció nuevamente en Medellín con sus hijos, Salomé y Samuel. Otra vez picadito con Maluma. Después publicó una fotografía, junto al cantante paisa, con una frase que parecía resumir perfectamente su amor: “Colombia en la casa”.
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En octubre de 2022, James abrió en el centro comercial La Strada, en El Poblado, una sede de Café Dos Molinos. Había adquirido el 100 % de la marca en 2017 y la había desarrollado inicialmente en Ibagué. Ahora tenía un pedazo de ese proyecto en Medellín.
Mientras su carrera lo llevaba de un país a otro, Medellín permanecía como el amor al que siempre se vuelve. Entonces llegó la noticia que durante años parecía improbable.
James, el niño que había salido de Envigado en 2008, el futbolista que había jugado en 14 clubes de 12 países, el hombre que había vestido las camisetas del Porto, Mónaco, Real Madrid, Bayern Múnich, Olympiacos y otros equipos, decidió volver al fútbol colombiano.
No lo hizo a Envigado, el club que lo hizo profesional. Volvió a Medellín para jugar en Atlético Nacional. Ahora, podrá darle rienda suelta al amor incondicional que nació hace más de 20 años: Maluma, JuanFer Quintero, su exesposa, su amigo David Ospina, su mamá, sus hijos y los paisas lo rodearán en el que parece ser el último capitulo futbolero del crack.
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