El 31 de julio de 2025, el exministro de Educación, Daniel Rojas, anunció que durante el gobierno Petro hubo un incremento de un 3,1 % en la cantidad de jovenes que ingresaban a la universidad. Un récord del gobierno del cambio, anunció Rojas. Sin embargo, detrás de esa alentadora estadistica, habitaba otra cifra menos esperanzadora: el 23,15% de los estudiantes que ingresan a una carrera profesional no logran culminar sus estudios. En cifras puntuales del Ministerio, esto significa que de cada 100 niños que inician la primaria, 39 ingresan a la universidad y tan solo 8 logran profesionalizarse.
Las razones por las que un estudiante abandona sus estudios puede depender de múltiples factores tales como problemas económicos o una deficiente preparación en el colegio que lo pone en desventaja con el nivel que demandan las clases universitarias. Por esta razón, no es un caso fortuito que universidades privadas que destacan no solo por su alto nivel académico, sino también por el alto costo de sus matriculas, sean las que representan menor tasa de deserción, como es el caso de la Universidad de La Sabana, una institución guiada por los principios morales del Opus Dei, que solo tiene un 2,64 % en su tasa de deserción; y la Universidad de Los Andes, fundada por el abuelo de Paloma Valencia, quien convocó a personajes como Albert Einstein para planear un recinto académico que no solo ha ocupado históricamente los primeros lugares dentro de los rankings de calidad académica, sino que también cuenta con un escaso 3 % de deserción.
Las tres universidades que tienen los niveles de deserción más altos del país
Por otra parte, se encuentran las instituciones que lideran la lista de mayor cantidad de alumnos retirados. En primer lugar se encuentra la Universidad Libre sede Cúcuta. Esta institución encabezada por Diego Armando Yáñez Meza, cuenta dentro de sus estadísticas que en el último año el 14, 16 % de sus estudiantes inscritos se retiraron. La cifra más alta de todo el país que se traduce en, aproximadamente, 192 deserciones de su comunidad universitaria total compuesta por 1.400 alumnos.

En segundo lugar se encuentra la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, liderada por el ingeniero José Lizcano. La institución que en sus inicios en 1948 fue creada para dar estudio a los bogotanos sin recursos obtuvo un 14, 02 % en su tasa de deserción. Lo cual quiere decir que, aproximadamente, 3975 estudiantes se retiraron de la Distrital en el último año. Una alarmante cifra que, en cierta medida, obedece a una práctica cada vez más común entre los jovenes. Aprovechando que la Universidad Distrital no exige un examen de admisión, muchos ingresan a esa institución, cursan algunos semestres mientras se preparan para presentar el examen de la Universidad Nacional y, cuando logran ser admitidos, abandonan la Distrital.

Esta desafortunada estrategia no tiene su efecto más contundente en la estadística anual de deserción, sino en los miles de aspirantes que en realidad desean un cupo Distrital, pero pierden la oportunidad por quienes solo van a realizar un "Pre Unal". Adicional a esto, la institución ha presentado presuntos escándalos de corrupción por parte de docentes como César Augusto Hernández, quien elevó su salario hasta 58 millones de pesos mensuales con una dudosa producción académica, al parecer hecha con inteligencia artificial.
En tercer lugar del ranking de deserción se encuentra la Universidad Abierta y a Distancia (UNAD) que obtuvo un 13,25%, cifra en la que quedó empatada con la Universidad Libre de la sede Santander. Dada su condición de universidad pública con la mayor matrícula del país, al albergar a más de 200.000 estudiantes bajo metodología virtual, sus cifra de retiro son de, aproximadamente, 26.500 alumnos, la más abultada de la lista.

Lo que más llama la atención es que, según los informes de empalme que el Ministerio de Educación le entregó al Departamento Nacional de Planeación de tras la llegada de Abelardo de la Espriella a la Presidencia, la UNAD, liderada por Jaime Alberto Leal, quien lleva 22 años en la Rectoría, fue una de las mayores beneficiadas durante el programa de gratuidad del gobierno Petro, pues en los cuatro años de gobierno les dio el dinero para financiar 1.272.096 matriculas, las cuales tuvieron un costo de $525.777 por alumno, a diferencia del promedio nacional que se encuentra sobre los 4,5 millones de pesos.
Más allá de las razones particulares de cada institución, las cifras muestran que el reto no termina con ampliar el acceso a la educación superior. Para Álvaro Rodriguez, coordinador de The English School, la preparación académica desde el colegio, el desarrollo de habilidades para afrontar las exigencias universitarias y una orientación más sólida sobre el proyecto de vida siguen siendo factores determinantes para que más estudiantes no solo ingresen a la universidad, sino que también logren graduarse.
También le puede interesar:
Anuncios.


