Unas notas atrás me ocupé en señalar la manera como se entrelazan todas las cosas en la realidad global, aunque a simple vista parezcan aisladas y ajenas unas a otras. Por estos días, por ejemplo, varios analistas señalan cómo las guerras en Ucrania y el Golfo Pérsico, en apariencia fenómenos distintos, son en realidad producto de situaciones íntimamente relacionadas. Noticias recientes lo ponen de presente.
Días atrás, un barco iraní que navegaba por el mar Caspio, sufrió un ataque por parte de fuerzas ucranianas. El gobierno iraní respondió con una severa advertencia a Ucrania, en el sentido de que su país no está dispuesto a admitir ninguna agresión. Se especula cuál puede ser la respuesta, así como sus consecuencias. Zelensky aseguró que Irán hace mucho tiempo es parte de conflicto con Rusia, porque suministra drones al ejército de Putin.
El argumento es en sí mismo una provocación. La OTAN suministra a Ucrania abundante material bélico y de inteligencia, con el que este país realiza permanentes ataques contra territorio ruso, fundamentalmente contra su población civil. Eso querría decir que Rusia puede considerar que Inglaterra, Francia o Alemania están en guerra con ella hace tiempo, por lo que puede válidamente agredirlos. En definitiva, una tesis peligrosísima para la paz mundial.
Por su parte, el conflicto bélico generado por los bombardeos conjuntos entre Israel y los Estados Unidos contra Irán a partir del 28 de febrero de este año, ha conducido al cierre del estrecho de Ormuz y al involucramiento de las milicias Anzar Alá de Yemen, que han cerrado para Arabia Saudita el estrecho de Bad el Mandeb en el Mar Rojo, creando finalmente una enorme crisis energética que se anuncia será gravísima hacia mediados de agosto.
También por estos días se conoció que Arabia Saudita fue víctima de ataques con misiles contra instalaciones petroleras claves, cuyo origen se ubicó en Irak, y por lo tanto se atribuyó inicialmente a milicias proiraníes chiitas que operan en ese país. Estas milicias rechazaron abiertamente la sindicación y aseguraron que no tenían que ver con esos atentados. Hasta que el propio gobierno iraquí informó de la captura de una red de agentes ucranianos que operaban en su país.
Y que se dedicaban a realizar lo que se denomina operaciones de falsa bandera, atentados con los que se pretende se culpe a un tercero. Así que aparece entre la bruma la grave sospecha de que las redes secretas de Zelensky en Irak son las responsables de los ataques contra Arabia Saudita. Se recuerda, además, que Irak recientemente descubrió bases militares clandestinas israelíes en su territorio. Es sabido que Zelensky es un jázaro sionista más que cercano a Netanyahu.
De donde se desprende la idea de que los servicios secretos ucranianos trabajan de la mano con el gobierno de Israel, empeñado en posesionarse como el poder hegemónico del medio oriente, a costa de la invasión y destrucción de los que considera sus rivales. Es conocido que el sueño de Zelensky es la construcción de lo que llaman la gran Jazaria, un estado que reviva el antiguo imperio jázaro en el este de Europa, para lo cual necesita aniquilar a Rusia.
Llaman también la atención las reiteradas expresiones de repudio contra el gobierno de Pedro Sánchez en España, por su abierta condena al genocidio israelí en Gaza. Netanyahu no se cansa de calificar al gobierno español de antisemita, hipócrita y hostil, incluso cómplice del terrorismo, amenazando con hacer pagar a España un precio inmediato. El presidente francés Macron reconoció a Palestina y ha expresado también su rechazo a la masacre israelí en Gaza.
Todo lo cual hace pensar a muchos, que los enormes incendios forestales que se presentan actualmente en España y Francia, que han causado daños irreparables y obligado a la evacuación de más de trescientas mil personas, guardan relación directa con las promesas de castigo del primer ministro israelí. Nadie olvida los recientes incendios de bosques en la Patagonia, que se descubrió eran provocados por militares israelíes vestidos de turistas.
Milei ya concedió el manejo de las aguas argentinas a una empresa privada israelí, al tiempo que destinó 300.000 hectáreas en la Patagonia a futuros colonos sionistas. Así que inquieta seriamente ver a altos mandos militares israelíes reunidos con la presidenta venezolana en Miraflores, algo inconcebible en los tiempos de Chávez. Eso, al tiempo que Donald Trump se ufana de estar disfrutando millones de barriles de petróleo venezolano, sin pagar nada a cambio.
No resulta inocente la complicidad de Abelardo con Israel y los Estados Unidos. La ruptura de relaciones con Cuba y Nicaragua y el cierre de numerosas embajadas nada tiene que ver con los intereses de nuestro país. El Plan Colombia 2, por el contrario, anunciado primero en los Estados Unidos que aquí, advierte que dejamos de ser un país soberano. Y apenas comienzan.
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