En Barranquilla y Bogotá hay algo nuevo desde el 17 de junio. No es un estadio ni un bar de siempre. Es un espacio montado para ver el fútbol los amigos, la familia elegida, para disfrutar de los partidos con cientos de personas: pantalla gigante, comida, bebidas y conciertos que arrancan cuando el árbitro pita el final.
El espacio lo llamaron la Tribuna Club. En Bogotá fue instalada en el parqueadero norte del Campín, a pocos pasos del estadio. La de Barranquilla tiene otra escala y otra ambición. Las dos funcionan de jueves a domingo durante toda la temporada, con fechas adicionales para los partidos de mayor expectativa. Detrás del proyecto hay una alianza de marcas que apostaron por algo distinto, que se unieron para armar una experiencia que va más allá de colgar una pantalla en un espacio abierto.
| Lea también: Los parques de Bogotá donde la alcaldía pondrá pantallas gigantes para ver el Mundial
La programación de conciertos en el caribe es uno de los argumentos más sólidos de Tribuna Club. El cartel cubre géneros distintos y convoca nombres de peso. Por la salsa estarán Jerry Rivera, Tito Nieves y Maelo Ruiz. Lo urbano lo representan Luister La Voz, Hamilton, Lil Silvio & El Vega y Criss & Ronny. Desde el vallenato llegan Diego Daza, Elder Dayán Díaz, Iván Villazón y Poncho Zuleta. La música no es un agregado al margen: está planeada como parte del programa, para que cada fecha tenga su propio ritmo y la celebración no dependa del marcador.
El lugar trabaja en la diferencia entre ver un partido en casa y verlo rodeado de gente que siente lo mismo es difícil de explicar pero fácil de notar. Pantalla a escala, sonido para el espacio, opciones para comer y beber, y un escenario que convierte cada jornada en algo con más capas que noventa minutos de fútbol.
En Bogotá, la ubicación junto al Campín no es casual. Es un guiño para quienes conocen ese territorio, los que han caminado esas calles antes y después de un partido importante y saben cómo se transforma el ambiente. En Barranquilla, el espacio tiene proporciones propias para una ciudad que no necesita excusas para celebrar pero que recibe bien una nueva. Es un espacio que no propone nada complicado: un lugar donde el fútbol se ve con otros, con todo lo necesario para que la jornada sea completa. Comida, música, trago, pantalla grande y compañía. En Colombia, cuando hay fútbol de por medio, eso tiende a funcionar.


