Esta contienda electoral ha sido la más polarizada del siglo en Colombia. No quiere decir que las anteriores no lo hayan sido. Todas ellas se centraron en dos posturas antagónicas frente al conflicto armado: diálogo y negociación o salida militar.
Pero, además de defender la negociación con los grupos armados, Petro, introdujo el criterio de priorizar la inversión social en territorios históricamente abandonados, para transformar la vida de la población y generar condiciones para la paz.
Su gobierno se centró en asuntos cruciales como la justicia social y ambiental y los puso en la agenda internacional. A eso apuntaron todas sus políticas y reformas.
Tuvo que enfrentar una oposición férrea del Congreso, cortes, entidades de control, gremios económicos, conglomerados de comunicación. Además de sabotear sus iniciativas, en varias ocasiones se valieron de todos los recursos para tratar de destituirlo e incluso asesinarlo.
A partir de la posesión de Trump, las condiciones se volvieron todavía más adversas. Él mismo, sus funcionarios y un puñado de congresistas republicanos aceitaron sus vínculos con políticos y parlamentarios colombianos que viajaron con frecuencia a Washington y Miami a desprestigiar al gobierno y a implorarles que procedieran en contra de Petro.
La descertificación del país, la inclusión del mandatario en la lista OFAC y las amenazas y tensiones crecientes entre los dos gobiernos, fueron parte del libreto. Se trataba de generar incertidumbre, rabia y miedo mediante una desinformación permanente e incisiva.
Aunque logró entrabar buena parte de su agenda social y económica, esta alianza perversa no pudo derrotarlo. Por eso se propusieron impedir que el proyecto del cambio tuviera continuidad y concentraron todos sus esfuerzos en lograrlo.
El resultado electoral del domingo pasado hay que mirarlo en ese contexto preciso. No fue solo una disputa más entre izquierda y derecha. Lo que estaba en juego era la continuidad del proyecto del cambio, con Cepeda o la vuelta al uribismo y la ultraderecha fascista de Trump con Abelardo. Una combinación nefasta.
Mientras el progresismo y los sectores democráticos nos la jugamos por la vida con Cepeda y con Aída, la ultraderecha lo hizo con Abelardo.
Así. el magnate gringo y sus cipayos colombianos encontraron la ficha que necesitaban para intentar erradicar el proyecto del cambio y someter al país por completo a los designios e intereses imperiales.
Durante los últimos seis meses desplegó varias iniciativas para reconquistar la región, derrotar al progresismo y afianzar a sus amigos incondicionales en todos los países.
La Doctrina Monroe y su corolario Trump, el secuestro de Maduro y el bombardeo de Caracas, el Escudo de las Américas, conformado en Miami con dichos amigos, la reiteración de la vía militar para seguir con la guerra contra el narcotráfico, se inscriben en esa lógica.
De este proyecto deriva también el hostigamiento de Noboa al gobierno colombiano en la frontera, sus acusaciones a Petro de supuesta complicidad con el narcotráfico, la imposición arbitraria de aranceles del 50% a los productos colombianos.
Por eso, estas elecciones pasadas fueron un episodio más del enfrentamiento entre el fascismo del siglo XXI, liderado por Trump y sus aliados nacionales, frente a los sectores democráticos del país.
Sin embargo, desafortunadamente la campaña del Pacto histórico no asumió bien la gravedad de la situación.
Aunque para la segunda vuelta se tomaron algunos correctivos, como enviar recursos para atender el transporte de los votantes, el esfuerzo no fue suficiente. Siguió primando un triunfalismo, muy lejos de la realidad descrita, y la dirección de la campaña siguió cerrada a acuerdos con figuras importantes del centro, que habrían garantizado el triunfo.
Por supuesto que también hubo irregularidades, delitos y omisiones por cuenta del CNE y la Registraduría, controlados por la oposición.
No se atendió la sentencia del Consejo de Estado de 2018, en donde se exigía que el software de las elecciones perteneciera al Estado y no a la empresa privada. Tampoco se hizo la auditoría internacional independiente que pedía el presidente.
Así, los delitos denunciados por Petro, como la inscripción de 800.000 cédulas, que modificaron el censo electoral y el cambio de direcciones IP de servidores de la Registraduría, entre otras denuncias, generaron las condiciones propicias para configurar el fraude.
Pero esto no tiene relación con el escrutinio que se adelanta en el momento, en el que, a pesar de que ya se documentaron evidencias claras de fraude, no es claro aún si se puedan recuperar los votos que le faltan a Cepeda para ganar.
Las denuncias sobre compra de votos y constreñimiento a los votantes en los sitios de mayor afluencia popular fueron numerosas. En Barranquilla, fortín electoral del progresismo, el domingo dejaron de funcionar los semáforos y se registró un caos vehicular. Se suspendieron servicios públicos esenciales.
En este momento, estamos ante la perspectiva de un presidente que hace explícito su desprecio por las minorías étnicas, las mujeres, los pobres, la diversidad sexual, el movimiento sindical y social. Ha reiterado su anuncio de destripar a la izquierda.
La detención del activista Beto Coral, su incomunicación y posible deportación es un ejemplo de lo que nos espera. Marco Rubio señaló que él socavaba “los intereses de política exterior de EEUU en Colombia”.
Recordemos también que Abelardo tiene nacionalidad estadounidense, votó por Trump y ayudó a financiar su campaña. Por ello, un grupo de exmagistrados colombianos advirtió recientemente que esto representaría una eventual “incompatibilidad” para su cargo. Agregó que su compromiso de lealtad prioritaria con los intereses de EEUU le exige renunciar “absoluta y enteramente” a toda lealtad hacia cualquier otro Estado.
Hace pocos días se conoció una carta de 11 congresistas estadounidenses, dirigida a Rubio, en la que protestan por la injerencia descarada de EEUU en las elecciones colombianas. Le piden investigar los posibles nexos de Abelardo con los paramilitares, en particular con las AUC. También le solicitan rastrear el origen de su fortuna familiar y su vinculación con al menos a 14 presuntas empresas fantasma en la Florida, con fondos oscuros https://www.telesurtv.net/congresistas-eeuu-piden-investigar-espriella/
Pero, a pesar de las dificultades, el entusiasmo y la resistencia seguirán vivos y nos prepararemos para lo que venga.
De la isma autora:: Me la juego por la vida con Iván y con Aída
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