El estratega Carlos Suárez no solo impulsó la figura del candidato, también hizo del poderoso animal un símbolo de una campaña política vuelta espectáculo

 - Así se construyó la estrategia del tigre, una marca más allá del propio Abelardo de la Espriella

A mediados de enero del 2026, cuando el Consejo Nacional Electoral avaló las firmas que respaldaban la candidatura presidencial de Abelardo de la Espriella, del movimiento Firmes por la Patria, comenzó en forma la campaña.

La cúpula de la campaña de De la Espriella  instaló sus oficinas en Barranquilla, donde vive el candidato. Allí, dos personas claves fueron los pivotes del trabajo: el estratega, el publicista Carlos Suárez, y el jefe de campaña, el samario Joaquín Gutiérrez. Ambos hombres de toda la confianza del candidato, quienes habían trabajado juntos en el bufete De la Espriella  laywers

Nace la estrategia del tigre

Carlos Suárez es un experimentado estratega que opera a través de su empresa de publicidad Estrategia & Poder, de la cual es socio fundador y director.

Producto de una creatividad espontánea en redes apareció la figura del tigre y Carlos Suárez no dudó en incorporarlo como símbolo visual de la campaña. Era afín a la personalidad de Abelardo De la Espriella y expresaba fuerza, poder, decisión, autoridad.

Para completar la figura del felino estaba asociada al último presidente costeño que tuvo Colombia hace 131 años: Rafael Núñez, a quien llamaban el tigre del Cabrero (el barrio de Cartagena desde donde ejerció la Presidencia).

La idea resultó un hit desde todos los ángulos y un concepto potente para que fuera el eje de la publicidad que tenían por delante. Era además la posibilidad de hacer algo distinto a las campañas políticas  convencionales, como se perfilaba que iba a ser la de la izquierda, en cabeza de Iván Cepeda.

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Un tigre que ruge y muerde

No solo se trataba de impulsar una candidatura, había que darle una identidad política capaz de diferenciarse de todas las demás: Convertir a Abelardo en una marca. El tigre no fue solo un apodo, sino también un símbolo. Una imagen asociada a la fuerza, liderazgo y determinación.

Pero la estrategia fue mucho más allá. Carlos Suárez entendió que las campañas modernas ya no se ganan únicamente con discursos, se ganan captando la atención. Por eso apostó por una narrativa clara, una identidad visual-reconocible, música propia, himnos, videos de acto impacto y eventos diseñados para convertirse en experiencias.

La campaña de De la Espriella se volvió un espectáculo lleno de sorpresas con himnos y multitudes. Cada caravana, cada canción, cada bandera y cada aparición pública reforzaban el mismo mensaje. Todo apuntaba a consolidar una marca política capaz de permanecer en la mente de los colombianos.

El resultado fue una campaña con identidad propia, una comunidad que adoptó sus símbolos y un candidato que logró convertir su imagen en un movimiento que toco el espíritu nacional.

Porque antes de las plazas llenas, antes de las caravanas y antes de conquistar millones de votos, hubo una estrategia. Y detrás de esa estrategia estaba Carlos Suárez, con un equipo de creativos en donde la fuerza digital la tuvo el chileno Christian Abarzúa: capacidad de respuesta, de reacción inmediata en los audiovisuales que con pequeñas piezas en las redes contagiaron de entusiasmo a millones.

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Una campaña en la que lo importante era mover firmas. Allí lo emocional pesó mucho más que lo racional y las ideas y propuestas pasaron a un segundo nivel. Se trazaron una meta: ganar. Después del triunfo, ya se vería.

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Por Las Dos Orillas

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