¿Puede Colombia sobrevivir a cuatro años más del proyecto que hoy la deja más insegura, más pobre y más dividida?

 - Nos la jugamos por la vida… pero incendiamos a Colombia

Abelardo de La Espriella será el próximo presidente de Colombia y no recibirá una nación en expansión, confianza y prosperidad; le entregarán un país en llamas, con desafíos crecientes en materia de seguridad, salud, finanzas públicas, crecimiento económico y confianza institucional.
Por eso en segunda vuelta presidencial debemos sacar un gobierno inmoral, corrupto y degradante, como el que más. Los colombianos decidiremos si corrigen el rumbo o profundizan y agravan el proyecto político que ha gobernado durante los últimos cuatro años.

Más pobreza, menos oportunidades

Cuando Gustavo Petro llegó al poder prometió un Gobierno de la vida, la justicia social y la prosperidad para los sectores más vulnerables, pero deja a Colombia herida y en cuidados intensivos. Sin embargo, la realidad económica deja numerosas inquietudes.

El crecimiento económico se ha desacelerado a niveles cercanos al 1,5 % – 2 % anual, mientras la inversión privada continúa debilitada por la incertidumbre regulatoria y política. En materia fiscal, el país enfrenta un déficit cercano al 6 % del PIB, acompañado de una deuda pública que ronda el 60 % – 65 % del PIB, lo que compromete seriamente la sostenibilidad de las finanzas del Estado.

En salud, el sistema presenta presiones financieras superiores a los $ 40 billones, con crecientes problemas de liquidez, deudas acumuladas y crisis en la prestación del servicio en varias regiones del país.

En educación, la inversión supera los $70 billones anuales, pero persisten profundas brechas de calidad, infraestructura y cobertura, especialmente en zonas rurales.

En infraestructura, las necesidades acumuladas superan los $100 billones en proyectos estratégicos, muchos de ellos retrasados o sin ejecución efectiva.

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La pobreza no se combate con discursos. Se combate creando riqueza, empleo y oportunidades.

El fortalecimiento de las economías ilegales

Mientras la economía formal enfrentaba dificultades, las economías ilícitas continuaron expandiéndose. Colombia supera hoy las 270.000 hectáreas de cultivos de coca, el nivel más alto de su historia reciente. La producción de cocaína también se ha incrementado de manera significativa, consolidando al país como uno de los principales focos del narcotráfico global.

En amplias zonas del territorio nacional, muchos ciudadanos perciben una pérdida de control efectivo del Estado. Un país donde avanzan las economías ilegales es un país donde retroceden la inversión, la legalidad y la libertad. Cerca del 50 % de los cultivos ilícitos se concentra en zonas de especial protección ambiental, lo que agrava el impacto ecológico y territorial.

La erosión de la confianza institucional

Otra de las consecuencias más visibles de estos años ha sido el deterioro de la confianza en las instituciones. Más del 60 % de los ciudadanos expresa desconfianza en el Gobierno y en las instituciones políticas, reflejando un clima de profunda polarización.

Las democracias fuertes se construyen sobre instituciones fuertes. Cuando la desconfianza se convierte en la norma, la gobernabilidad se debilita y la polarización se profundiza. Colombia necesita recuperar consensos básicos sobre el respeto institucional, la estabilidad jurídica y la convivencia democrática.

En paralelo, se han registrado aumentos significativos en desplazamiento forzado y confinamientos en varias regiones del país, en algunos casos superiores al 30 %.

Una nueva élite de poder

Los proyectos políticos suelen llegar al poder prometiendo acabar con las élites tradicionales. Sin embargo, terminaron construyendo nuevas élites alrededor del aparato estatal.
Contratos, burocracia, influencia política y control institucional se concentran en círculos cercanos al poder, mientras los ciudadanos siguen enfrentando los mismos problemas estructurales.

La continuidad del petrismo en cabeza de Cepeda

La continuidad del proyecto político de Gustavo Petro en cabeza de Iván Cepeda representa, en mi opinión, un enorme riesgo para Colombia, el país se convertirá en una dictadura, mostrando los dientes en una constituyente. También, porque podría profundizar una ruta ya conocida en América Latina: bajo crecimiento, debilitamiento institucional, deterioro de la inversión y expansión de economías ilegales.

La tasa de homicidios se mantiene en niveles cercanos a 25 por cada 100.000 habitantes, reflejando persistentes problemas de seguridad en varias regiones del país. La deuda pública cercana al 62 % del PIB y el elevado déficit fiscal reducen el margen de acción del Estado para invertir en desarrollo, infraestructura y seguridad.e

El país que está en juego

La elección presidencial no enfrenta únicamente a dos candidatos. Enfrenta dos visiones distintas sobre el futuro de Colombia.
De un lado, la continuidad de un proyecto político cuyos resultados generaron graves afectaciones a la ciudadanía. Del otro, la posibilidad de un cambio de rumbo que permita recuperar la seguridad, la confianza y el crecimiento.

Abelardo: reconstrucción del orden y la confianza en Colombia

La figura de Abelardo se consolida como una opción clara de rectificación nacional, con la capacidad de devolverle a Colombia el orden, la confianza institucional, la estabilidad económica y el respeto por las reglas que sostienen la democracia y el desarrollo.

Del mismo autor: La extradición aparece en el horizonte de Petro?

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Por José Guillermo Mejía J.

MBA,EOI. Especialista en Seguridad Social, Universidad Externado. Especialista en Ética y Pedagojía de los Valores, Universidad Javeriana. Especialista en control interno de instituciones financieras, Asobancaria. Programa de Desarrollo Directivo, Inalde. Contador público, EAFIT. Socio fundador del Instituto de Ciencia Política Hernán Echavarría Olózaga. Ex miembro del Consejo Directivo de EAFIT. Miembro de juntas directivas, profesor universitario, ejecutivo en empresas de diferentes sectores económicos.