Se necesita civismo para ejercer el voto este 21 de junio

 - El voto como acto responsable

En tiempos electorales abundan las emociones. Hay miedo, esperanza, rabia, entusiasmo, cansancio y expectativas. Es natural; elegir quién gobernará una nación nunca ha sido un asunto frío. Sin embargo, precisamente porque las emociones están presentes, se vuelve más importante ejercer el voto como un acto reflexivo y responsable.

Votar no consiste simplemente en expresar simpatías o rechazos; no se trata de elegir cuál comercial político nos gusta más, es una decisión que tiene consecuencias sobre la vida colectiva. Por eso merece reflexión.

La filosofía moral ha insistido durante siglos en que una acción ética exige conocimiento, libertad e intención. Dicho de manera sencilla: debemos saber qué hacemos, decidir libremente y asumir las consecuencias de nuestras decisiones. La primera pregunta entonces es inevitable: ¿sabemos realmente qué estamos haciendo cuando votamos?

La democracia no le exige al ciudadano ser experto en economía, derecho o relaciones internacionales, pero sí le exige un esfuerzo mínimo de información: leer propuestas, contrastar versiones, verificar datos y desconfiar de quienes pretenden gobernar únicamente mediante el miedo o la descalificación del adversario, forma parte de las responsabilidades básicas de la ciudadanía. La segunda pregunta es igualmente importante: ¿por qué votamos?

No es lo mismo votar por resentimiento que votar por convicción

No es lo mismo votar por resentimiento que votar por convicción. No es lo mismo hacerlo para castigar que para construir. No es lo mismo actuar desde el prejuicio que desde una esperanza razonada sobre el futuro del país; a veces se vota contra algo, más que por algo, incluso en ese caso se demanda reflexión sobre lo que se está prefiriendo.

En esta segunda vuelta presidencial los colombianos no enfrentan simplemente una elección entre personas; lo que está en disputa son visiones diferentes sobre el Estado, la democracia, los derechos, la economía y el tipo de sociedad que deseamos construir durante los próximos años; por eso la decisión no puede reducirse a una consigna, una cadena de WhatsApp o un video de treinta segundos; optar electoralmente exige ponderar trayectorias, propuestas, capacidades y consecuencias posibles.En esta segunda vuelta presidencial los colombianos no enfrentan simplemente una elección entre personas; lo que está en disputa son visiones diferentes sobre el Estado

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Toda decisión política produce efectos. Habrá impactos sobre las instituciones, sobre la convivencia democrática, sobre la economía, sobre la manera de relacionarnos como sociedad. La responsabilidad ciudadana consiste precisamente en pensar esos efectos antes de depositar el voto.

Quienes participamos en democracia somos más que electores ocasionales. Somos sujetos morales llamados a ejercer el uso público de la razón, a pensar desde sí mismos, pero sin olvidar las relaciones colectivas. La libertad no consiste solamente en poder elegir; consiste también en comprender por qué elegimos y asumir las consecuencias de esa elección.

Por eso, cualquiera que sea nuestra preferencia política, conviene llegar a las urnas con serenidad, información y sentido de responsabilidad. Colombia necesita ciudadanos capaces de pensar por sí mismos, debatir con respeto y decidir sin miedo. El próximo 21 de junio no estaremos eligiendo únicamente un presidente. Estaremos ayudando a definir el rumbo de un país que seguirá siendo de todos, todas y todes, incluso de quienes voten distinto.

Después de hacer ese balance, considero que la propuesta representada por Cepeda ofrece mejores condiciones para ampliar derechos, fortalecer la inclusión social y profundizar una democracia que reconozca la diversidad del país. Esa es mi decisión. Pero más importante que invitarles a coincidir con ella es que cada ciudadano o ciudadana llegue a su propia conclusión mediante un ejercicio responsable de reflexión y deliberación democrática, honrando la responsabilidad propia.

Del mismo autor Votar sin miedo y con esperanza

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Por Jesús Darío González Bolaños

Es caleño, investigador social, Doctor en Antropología de la Universidad del Cauca, Maestro en Filosofía, con estudios de especialización en Comunicación y Cultura, y en Pensamiento Político Contemporáneo, Trabajador Social de la Universidad del Valle. En el sector público ha ejercido como coordinador de cultura de los DDHH de la Defensoría Regional del Pueblo en el Valle del Cauca, asesor de Participación Ciudadana, director del Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente - DAGMA, secretario de Gobierno, gerente encargado de EMCALI y secretario de Bienestar Social en la Alcaldía de Cali.