Durante las ceremonias se presentarán además las tres mascotas oficiales del campeonato: Zayu, un jaguar; Clutch, un águila calva; y Maple, un alce. Cada una representa parte de la fauna característica de los países organizadores y busca fortalecer el vínculo entre los aficionados y el torneo.
Sin embargo, para los colombianos el tema de las mascotas mundialistas trae a la memoria una historia bastante particular.
En 1994, con motivo del Mundial de Estados Unidos, Bavaria decidió lanzar una ambiciosa campaña publicitaria. Así nació Max Caimán, un personaje que, aunque nunca fue la mascota oficial de la Selección Colombia, terminó convirtiéndose en uno de los símbolos más recordados de aquella época.
Según la historia creada para la campaña, Max Caimán era un reptil proveniente del planeta Saurópolis que había viajado en el tiempo para elegir a la Selección Colombia y conducirla hasta la conquista de la Copa del Mundo.
Para darle vida al personaje fue contratado Julio Correal, quien años después se convertiría en una de las figuras más reconocidas de la industria del entretenimiento en Colombia gracias a su trabajo en festivales como Rock al Parque y Estéreo Picnic. En aquel entonces, Correal pasaba largas jornadas dentro de un pesado traje de espuma animando a los aficionados y acompañando actividades relacionadas con la selección.
La campaña parecía funcionar. Los patrocinadores llegaron a pagarle cerca de 100 dólares por cada presentación para acompañar a los futbolistas y participar en diferentes eventos promocionales. Muchos incluso comenzaron a considerar a Max Caimán como un amuleto de buena suerte.
Puede mirar: Los miles de millones que se moverán durante el mundial de futbol en Bogotá
Pero la ilusión duró poco. El 18 de junio de 1994, Colombia debutó en el Mundial con una derrota frente a Rumania. Tras el inesperado resultado, algunos aficionados llegaron a atribuir la caída a la ausencia de la mascota. Incluso circuló el rumor de que Augusto López, entonces presidente de Bavaria, había pedido que Correal fuera llevado a los partidos restantes para acompañar el equipo.
Max Caimán apareció, pero la suerte no cambió. Colombia perdió 2-1 ante Estados Unidos y quedó al borde de la eliminación. El sueño mundialista terminó rápidamente y también se apagó el furor por el personaje. De los 500.000 juguetes de Max Caimán importados desde China, apenas se vendió la mitad.
Con el tiempo, la mascota quedó como una anécdota de la historia del fútbol colombiano, mientras Julio Correal construyó una exitosa carrera como empresario cultural y representante artístico. Tres décadas después, cuando el Mundial se prepara para estrenar nuevas mascotas, el recuerdo de Max Caimán sigue ocupando un lugar especial en la memoria de muchos aficionados.
Anuncios.


