La esposa de Nate Morris es hija del empresario texano que se casó con la excanciller de Colombia hace 8 años y vive con ella en Washington

 - El nuevo embajador de Estados Unidos resultó conocedor del país por vía de Carolina Barco

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió llenar el vacío de cuatro años de representación diplomática en Colombia y nominó para el cargo de embajador a Nathaniel Nate Morris, conocedor del país por sus vínculos familiares. Jane Mosbacher Morris, su esposa, es hija del empresario texano Robert Mosbacher, quien se casó en octubre de 2016 con la excanciller Carolina Barco Isakson. Actualmente viven en Washington.

Nate Morris ocupará la silla vacía de Philip Goldberg, el último embajador quien estuvo en el cargo hasta el 1 de junio de 2022 y deberá ser confirmado por el Senado. Mientras eso sucede, la representación diplomática en Bogotá seguirá a cargo de Jarahn Hillsman, tras la salida de John McNamara el 13 de febrero de 2026.

El nominado es un empresario de 46 años, de Kentucky, muy cercano a Trump y a su proyecto Make America Great Again (MAGA). Fundó Rubicon, una compañía especializada en tecnología y gestión de residuos que alcanzó una valoración multimillonaria y llegó a cotizar en la bolsa. Es el presidente y CEO de Morris Industries, un conglomerado empresarial privado que tiene sede en Lexington, donde ha tenido éxitos reconocidos. Fue el primer ciudadano de Kentucky en estar en la lista 40 Under 40 de la revista Fortune y el más joven en ingresar al Salón de la Fama de los Emprendedores de Kentucky.

Se sabía que su interés era buscar un escaño en el Senado.Preparaba una candidatura para reemplazar al senador Mitch McConnell por Kentucky. Pero Trump, a través de un mensaje publicado en sus redes sociales, reveló que le pidió apartarse de la carrera electoral para asumir un cargo diplomático dentro de su administración. 

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Trump le dio en su mensaje un espaldarazo a su carrera empresarial, pero también a la política. Nate Morris, graduado de Oxford,  empezó muy temprano al lado de los republicanos. A los 21 años, ya estaba allegando recursos para las campañas de su partido. En 2004, según su trayectoria pública, logró reunir más de USD 50.000 destinados a la campaña de reelección del entonces presidente George W. Bush, un antecedente que lo ubicó dentro de redes de financiamiento político del Partido Republicano.

Por ese entonces, ya tenía acercamientos con la Cámara de Representantes, el Senado, el Departamento de Trabajo y la Casa Blanca. Allí ejerció funciones asociadas al respaldo político y operativo de iniciativas republicanas.

En los últimos años se ha reconocido dentro de su partido y en los círculos conservadores por haber respaldado iniciativas relacionadas con el fortalecimiento de las empresas, la generación de empleo y el desarrollo económico.

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La llegada a Bogotá

Su nombramiento en Bogotá llega en un momento clave por distintas aristas. Ad portas de un relevo en la presidencia el 7 de agosto, con una campaña polarizada en extremo entre los candidatos de dos fuerzas opuestas: Iván Cepeda, de izquierda radical, y el ultraderechista Abelardo de la Espriella, con afinidad hacia Trump y sus políticas.

Con el antecedente de diferencias públicas subsanadas a remiendos -en las que sirvió de conector el senador de Kentucky Rand Paul- entre los presidentes Donald Trump y Gustavo Petro sobre distintos temas de la agenda internacional.  Narcotráfico, migración y comercio fueron los claves.

La nominación, que pasa por el Senado, es la segunda de Trump para embajador en Colombia. En diciembre, antes de posesionarse, nominó a  Daniel Newlin, quien trabajó cerca de 28 años en la Oficina del Sheriff del Condado de Orange (Florida). La designación no prosperó porque tenía actividades empresariales y una firma registrada en Medellín, además de otras inversiones en Colombia, lo cual implicaría desprenderse o apartarse de esos negocios para evitar conflictos con sus funciones diplomáticas.

En paralelo con el proceso en el Senado, se realiza una consulta informal con Colombia, conocida como beneplácito, para confirmar que el aspirante es aceptado como interlocutor diplomático.

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Por Elisa Pastrana

Fundadora y editora de la sección de opinión