En 1964 el gran éxito musical de Broadway fue El Violinista en el Tejado, llevado al cine en 1971 bajo la dirección de Norman Jewison, con Topol como protagonista, película que arrasó con los Oscares de ese año. Era la historia de una pequeña comunidad judía en la mitad de ninguna parte de la Rusia zarista, a principios del siglo XX, obligada a vivir entre la tradición de su religión y los cambios de la vida moderna. La posición política de Paloma Valencia recuerda la imagen promocional de esa película: un violinista tocando su instrumento en el vértice de un tejado de dos aguas en un ejercicio supremo de equilibrio entre dos mundos.
La manera como Paloma pueda tocar su melodía sin caerse del techo será la clave de su éxito electoral. Representar al mismo tiempo los valores del uribismo que son los de la tradición, la familia y la propiedad; una visión un tanto rural, católica y moralista, conservadora, de la vida cotidiana, muy identificada con el espíritu antioqueño que construyó medio país, y una concepción urbana, moderna, liberal, con familias disfuncionales, descreída, con alto nivel de vida, consciente de sus derechos, defensora de las minorías y voluble en sus posiciones políticas.
Paloma Valencia no puede negar sus orígenes uribistas ni la combatividad que caracterizó su carrera parlamentaria
Paloma Valencia no puede negar sus orígenes uribistas ni la combatividad que caracterizó su carrera parlamentaria, ni está interesada en hacerlo. Sabe que su base electoral son los votos que le pone el expresidente Álvaro Uribe, que no puede enajenar con una declaración impertinente. Uribe acude a la disciplina de un partido que es enteramente producto de su liderazgo nacional, para evitar que se desborde hacia la extrema derecha y termine dividido entre Paloma y Abelardo de la Espriella.
El propio Abelardo se declara el uribista número uno al margen del Centro Democrático, que según él no lo recibió en su momento. El eventual paso de Paloma a la segunda vuelta unificaría esa secesión, lo cual no sucedería si la situación es a la inversa. Es decir, el paso de Abelardo a la segunda vuelta sería una carga de profundidad a la alianza entre Paloma y la centro derecha que es lo que ha hecho viable su candidatura. Es por esa razón que desde la otra orilla se considera que Abelardo de la Espriella es el candidato más fácil de derrotar.
Si Paloma logra recoger a toda la derecha, sin espantar el electorado de centro derecha que se expresó en la Gran Consulta por Colombia, más el apoyo de partidos políticos tradicionales que se lo han dado precisamente sobre la base de que no es una candidata extremista, no habrá quien pueda impedirle ganar la presidencia de la República en la segunda vuelta. Para lograrlo tiene que moverse con un sentido de equilibrio entre los campos de esa coalición variopinta que no es fácil de definir políticamente, con una gracia parecida a la del violinista en el tejado, sin una nota disonante ni un tropezón.
La realidad de la tan mentada polarización es que ésta quedó, como corresponde al término, entre las huestes de Abelardo de la Espriella y su militarista “Firmes por la Patria”, fuerza que aun no se ha medido electoralmente y cuya fortaleza está en controvertidas encuestas, pero que es claramente la extrema derecha, y la evidente radicalización del discurso presidencial en defensa de su legado y su continuidad, que es claramente de extrema izquierda (lo que su desordenado gobierno no fue). En la mitad de esos extremos, como una posibilidad real, representando algo que podríamos llamar un nuevo centro está, quien lo creyera, una Paloma.
Del mismo autor:a transmutación de Paloma
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